MILENIO AZUL
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LA  HISPANIDAD
J. A. Cavanillas Gil

                                                                                             

Escribo estas breves líneas, una tarde de octubre. Concretamente, del día 10 de octubre de 2018.
Dentro de dos días, será el 12 de Octubre, que además de ser la festividad de la Virgen del Pilar, Patrona de la Guardia Civil, será también la festividad que da título a este artículo: la Hispanidad.
Tratar el tema de España en América, no es tarea sencilla. Sobre todo por la grandísima cantidad de prejuicios y preconcepciones sobre nuestro papel conquistador y civilizador.
Lo habitual en quienes hablan sobre esta materia, es ver que sus palabras distan mucho de la verdad y se encuentra la misma, disfrazada de las vestimentas políticas e ideológicas que ni por asomo, se aproximan a unos planteamientos racionales y contrastados.
Desde hace demasiados años, se vienen vertiendo calumnias sobre España y los españoles hasta el punto que incluso en la propia España europea, se dan por válidos sin ni siquiera molestarse en prestar serena atención a los incontables datos que demuestran de forma sólida, la mentira.
La controversia dura siglos. Y es curioso ver cómo el conocimiento de la verdad despierta inquietudes y ganas de saber más. Ganas de saber la verdad que con tanta inquina, se nos ha venido ocultando.
En primer lugar diremos que para España los territorios descubiertos y conquistados en América, Filipinas y África, JAMÁS tuvieron la consideración de colonias, como lo fueron sin embargo para británicos, franceses, holandeses y portugueses. Aquellos territorios fueron considerados España, desde el primer momento por parte de la reina Isabel La Católica, hasta el final de nuestra presencia allí.
Las cifras en todos los aspectos que se traten, contradicen notablemente, exageradamente, todas y cada una de las mentiras tejidas por los enemigos de España y que a fuer de machacona repetición, han llegado hasta nuestros días.
Cabría enunciar aquella frase que Spinoza incluye en su “Ética”: “La verdad es norma de sí misma y de lo falso, de igual modo que la luz se revela a las tinieblas”.
Esta frase no sólo es importante. Es trascendental.
Porque lo que se ha dicho de España a lo largo de los siglos, es totalmente falso.
La verdad histórica, la que se demuestra en testimonios contrastados, en cifras, señala no solo esa falsedad, sino sobre todo la maledicencia de las grandes potencias –Gran Bretaña, Francia, Holanda y posteriormente Estados Unidos-, cuyo único propósito nunca fue la supuesta liberación de una población “oprimida”, sino simplemente apoderarse del Imperio Español. Nada más que eso.
Nunca estas potencias tuvieron otra intención que esa, como así ha venido quedando demostrado en la práctica y a lo largo de estos años desde 1898.
Para conseguir sus objetivos, dado que militarmente hablando no lo lograban, necesitaban envenenar las mentes de la población de Hispanoamérica; especialmente la criolla, que era la que contaba con poder y bienes.
El objetivo de esta continua siembra de cizaña, era desembocar en la independencia de España y así caer en brazos de sus enemigos: lobos feroces y sanguinarios, disfrazados de corderitos.
Ya hemos hablado en otras ocasiones, del importantísimo papel que en esta labor de mimetización y engaño, jugó la masonería. Al fin y al cabo, TODOS los llamados libertadores de América eran masones. Todos, sin excepción.
En realidad y utilizando términos actuales, España cuyas armas, cultura, idioma, tradiciones y religión se paseaban por todo el mundo, perdió la batalla de la propaganda. Batalla ésta, librada por el  enemigo implacable escondido en oscuras logias.
Era el mundo contra España.
España conquistó, civilizó y evangelizó un territorio de más de 25 millones de kilómetros cuadrados, sólo en América. Desde lo que ahora se conoce como Alaska, hasta el Estrecho de Magallanes en la Patagonia y Tierra de Fuego.
Y lo hizo con muy pocos españoles, que obtuvieron para ello, la confianza de las innumerables tribus indígenas que eran esclavizadas de modo brutal, sádico e implacable, por aztecas e incas.
Esos pocos, ese pequeño puñado de valientes, eran libertadores de verdad y por eso, América entera les brindó su apoyo, harta de los desmanes de incas y aztecas.
El Impero Español desequilibraba los intereses ingleses. Tanto en América como en Europa. Por eso era necesario acabar con España.
Por eso los ingleses acosan constantemente a Hispanoamérica, al tiempo que están detrás con sustento logístico, de las guerras de Flandes donde se forjó la leyenda de la mejor infantería que ha conocido la historia: los tercios de Flandes españoles, que fueron invencibles durante casi 300 años.
Era el mismo odio de siempre, de la masonería contra lo que España representaba y defendía: la religión Católica.
El capitán británico Beaver, escribió un breve informe en el siglo XVIII, en donde manifiesta que “los criollos son extremadamente leales a la raza española y afines a la Casa de Borbón”.
Leales a España a su rey. Y es aquí donde comienza la labor soterrada de la masonería, para socavar esa lealtad.
La raza española era la misma que la criolla, pues eran nuestros hermanos del otro lado del mar. Eran españoles. Y hoy en día, son muchísimos los que continúan sintiendo a España como propia.
Había que envenenar como hemos dicho, a la población de la España  de ultramar y para ello se recurre a la leyenda negra.
Una leyenda negra que tiene vastos componentes: político, religioso, judío…
El componente político, porque España era la presencia hegemónica indiscutible de Europa. España no sólo expulsó a los moros del propio territorio peninsular, sino que detuvo a los otomanos en las puertas de Viena y con la Batalla de Lepanto, acabó de un plumazo con las pretensiones mahometanas de influir mediante la piratería, en el comercio por el Mediterráneo.
España salvó a Europa.
La unificación política de Europa no es un invento masónico de después de la Segunda Guerra Mundial. El primero que lo concibió y comenzó a desarrollarlo, fue Carlos I de España, en el siglo XVI. Y eso era intolerable para Francia, Inglaterra, los príncipes protestantes alemanes y el Papa Clemente VIII.
Parte esencial de ese odio, fue el racismo europeo de aquella época. La reina Isabel La Católica, por orden real, permite que los españoles contraigan matrimonio católico con personas de raza negra, indígena americana, etc. Porque para la reina católica, se trataba de “vasallos con iguales derechos que los de la propia España”.
Esta pragmática fue recibida por los enemigos de España, como un insulto contra la pureza racial de Europa. Una Europa por cierto, por la que ni británicos, ni franceses, ni alemanes, habían luchado. Sólo lo hizo España. El componente religioso de la leyenda negra, está íntimamente relacionado con la rebelión holandesa, que dura 80 años, en Flandes. Hábilmente alentada, financiada y apoyada por Inglaterra que ve en esta sangría que agota las arcas de la Corona una posibilidad de adueñarse del Imperio Español en América.
No debemos olvidar que la reconquista española contra los moros invasores, dura la friolera de 800 años y después de expulsados, la guerra europea continúa durante otros 300. Es decir: España estuvo en guerra continúa durante 1100 años. Algo que sólo España puede soportar con el estoicismo que nos caracteriza.
España es la primera nación de Europa. Las naciones que hoy conocemos, no existían y no existieron hasta muchos años después.
España no sólo consolida su unidad, sino que la traslada a América y la intenta en Europa. Una Europa atomizada en diversos reinos, ducados, principados, condados…
Como hemos mencionado, es el mundo contra España.
Una España que permanece impasible, firme. En pie.
Una España que tiene una misión que desarrollar y la desarrolla.
La única nación en el mundo que ha luchado por ideales, por la FE. Si aún existe la religión Católica en el mundo, es gracias a España que evangelizó y después defendió su obra.
Otro aspecto de la leyenda negra, es la expulsión de los judíos.
Toda Europa expulsó a los judíos. Pero sólo se habla de España. Y eso que los judíos expulsados de Alemania, Inglaterra, Francia, etc., se tenían que marchar con lo puesto. Los judíos de España tuvieron la opción de hacerse católicos y quedarse. Y los que prefirieron irse, se pudieron llevar sus bienes.
Otras argucias que fueron utilizadas para envenenar la conciencia de los criollos para que se rebelaran contra su patrio España, fue la Inquisición. Baste decir que la Inquisición católica, es decir la española, fue infinitamente más magnánima que la protestante. Fue la Inquisición española la que inventó la figura del abogado defensor –abogado del diablo- y el reo era inocente mientras no se demostrara lo contrario. No era así en la protestante, como bien pueden atestiguar innumerable conocidos caso, como el del médico español Miguel Servet, acusado y quemado en la hoguera por la Inquisición protestante y cuyo crimen fue descubrir la circulación de la sangre en el cuerpo humano.
En 250 años, en TODA América hubo 100 ejecuciones.
En 10 –diez- años, la Inquisición protestante ejecutó tan sólo en Alemania, a 10.000 personas. En Europa 50.000 personas fueron ejecutadas de 100.000 procesos abiertos por la Inquisición protestante. El 50%.
Son datos de los archivos del Vaticano, que el Papa San Juan Pablo II ordenó abrir. Y de toda la actividad de la Inquisición católica, la española, se desprende según estos archivos, que nunca NINGÚN indígena hispanoamericano fue juzgado. Nunca. A pesar de que un buen número de ellos adoraban a sus dioses e ídolos.
Sin embargo, la mala, la sanguinaria, ha pasado por efecto de la propaganda, a la historia como la Inquisición española, católica.
En otro orden de cosas, se acusa a España como nación inculta y que llevó a América el oscurantismo… Pues bien: los datos vuelven a desmentir eso. No habían transcurrido cincuenta años desde el Descubrimiento en 1492, cuando España ya había levantado CUATRO universidades en América.
¿Cuántas levantaron los británicos, franceses, portugueses, holandeses en América o la India? NINGUNA.
La América hispana fue desde el siglo XVI un foco cultural inmenso que perduró hasta la independencia.
Nunca, ningún escritor español o hispanoamericano, fue perseguido por expresar sus pensamientos en sus obras. Ni siquiera Fray Luis de León, cuyo motivo de encarcelamiento fue otro muy diferente.
No pueden decir lo mismo ni franceses ni ingleses. Voltaire, Moliera, Verlain, Baudelaire, Víctor Hugo, el propio Calvino y un larguísimo etc., fueron encarcelados y algunos condenados a muerte y  ejecutados… Y luego nos dicen que la nación oscurantista era España.
Se publicaron libros en 12 lenguas indígenas, más de cien años antes que los ingleses publicaran la primera Biblia. Y por cierto: las lenguas indígenas no tenían grafía y tuvo que ser España quien les inventara una, para poder editar y conservar la historia de los pueblos anteriores a Colón.
La cátedra de quechua en la Universidad de Quito, fue instaurada por España y allí sigue.
Cada ciudad contaba con un hospital. En ciudad de Méjico había 11, de los cuales seis en el mismo siglo XVI.
Lima tenía ocho hospitales.
La cobertura y atención sanitaria era obligatoria para toda la población hispanoamericana.
España llevó a Cartagena de Indias la primera vacuna contra la viruela. Y desde allí, se vacunó a toda Hispanoamérica.
Los derechos humanos no fueron un invento de la ONU. Ya el Codicilo de la reina Isabel La Católica, introduce el fundamento de lo que se conoce como “Derechos Humanos Hispánicos”, que protege y ampara a toda España. La europea y la americana. Y hace especial mención en cuanto a amparo bajo el imperio de la ley, a la población indígena.
Hay un hecho absolutamente sorprendente en la historia de la humanidad. Un hecho que sólo protagonizó España y nadie jamás lo ha vuelto a hacer, como nadie jamás, lo había hecho anteriormente. Me explico: Carlos I ordena detener la conquista de América y su evangelización, entre 1500 y 1506. Durante esos seis años se discutió sobre la legalidad de la misma. Finalmente se llegó a la conclusión de que estaba amparada por el Derecho Romano, el Derecho Medieval y el Derecho Pontificio. Sólo cuando el rey emperador tuvo la garantía jurídica de que la labor de España estaba amparada por la legalidad, permitió que se continuara, elevando más aún, las exigencias de respeto y consideración a los bienes y a las personas indígenas.
Que le pregunten a Inglaterra, Francia, etc., qué legalidad les amparaba a ellos y si alguna vez la respetaron y respetaron a las personas.
Nunca antes y nunca después, una potencia como era España, se había preguntado dónde acababan sus derechos y empezaban los derechos de los vencidos.
Nunca antes y nunca después, una potencia como era España, se había sometido al derecho moral.
España sentó las bases tanto de los derechos humanos, como del derecho internacional, al reconocer la libertad de circulación por los mares, los derechos de la población indígena que eran los mismos que los de cualquier persona y para la época, el derecho tanto de españoles como de indígenas a evangelizar y ser evangelizados…, o no.
Y cómo no, hay que hablar del supuesto genocidio cometido por los conquistadores con la población indígena.
Y nuevamente nos encontramos con la mentira.
Se dice que España asesinó a ¡20 millones de indígenas!
Algo ridículo, aunque sólo sea porque jamás hubo 20 millones de indígenas. Para ello, nuestros enemigos se acogen a Fray Bartolomé de las Casas. Un fraile que desde luego que presenció abusos. Pero éstos nunca fueron generalizados, ni supusieron línea directora de actuación de España. Más bien todo lo contrario: los abusos estaban además prohibidos, fuertemente penados y castigados. Y el primero que volvió a España cargado de cadenas para dar con sus huesos en la cárcel, fue el propio Cristóbal Colón.
¡Ay de aquel que tuviera lo osadía de atreverse a abusar de la población hispanoamericana! Su destino era indefectiblemente, el mismo que le deparó a Colón.
España no permitía embarcarse rumbo a América, al primer cantamañanas que quisiera probar fortuna. Todo aquel que pretendía ir a Hispanoamérica, debía pasar un férreo análisis sobre su persona, su fortuna y hacienda, su modo de ganarse la vida, etc. Baste decir que el genio universal de la literatura, Miguel de Cervantes, quiso ir… y no se le permitió porque no cumplía los requisitos.
Ahora compare mi querido lector, con la otra inmigración; la de la América inglesa, donde lo peor de cada casa se embarcó son otra finalidad que la de hacer fortuna sin pararse a cuestionar ni moralidad ni métodos. Métodos criminales casi siempre.
Pero según parece, los malos de la película sólo fueron los españoles. Para nada cuenta el verdadero genocidio que ingleses, franceses y posteriormente Estados Unidos, cometió contra los llamados indios de las praderas.
América tras la independencia, comenzó el siglo XX empobrecida. Les prometieron la libertad. Una libertad que ya tenían y en cambio, les dieron esclavitud y pobreza. Y no nos engañemos: ninguna nación pobre es libre.
Eso quería la masonería y eso consiguió.
América era rica y próspera mientras era España. Y terminó dividida y enfrentada. Y con un índice de pobreza que hace que no salga de las listas más negras de ese denominado Tercer Mundo.
La trascendencia de España es su ingente labor en Hispanoamérica. Su proyección hispanoamericana. Su voluntad de imperio, como decía José Antonio Primo de Rivera.
La grandeza y riqueza de Hispanoamérica, no es otra que la HISPANIDAD.

 
                                                                                                 

 


 
eMa
Ediciones Milenio Azul


LA ESPAÑA POR VENIR
de
Miguel Argaya Roca



 

 

   

                                                      
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