MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

A C T U A L I D A D

20 DE NOVIEMBRE

JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA: ¡PRESENTE!
  
J. A. Cavanilals Gil
    

                                                                                                                         
                                                                                                                          

Joaquín Martínez Arboleya era un ciudadano uruguayo que por motivos de trabajo, se encontraba en Alicante aquel infausto 20 de noviembre de 1936. Allí presenció el asesinato de José Antonio Primo de Rivera, pues su ejecución fue pública, como lo fueron los miles de asesinatos de la Revolución Francesa. El testimonio de este uruguayo no deja lugar a dudas de la vesania criminal de los ejecutores y de la gallardía del fundador y primer Jefe Nacional de Falange Española de las JONS.
No le tirotearon al corazón o a la cabeza para procurarle una muerte rápida.
Al oír la orden de descarga dada al pelotón de fusilamiento, José Antonio gritó con fuerza el glorioso lema del movimiento destinado a devolver a España el lugar que debe ocupar en el mundo: ¡ARRIBA ESPAÑA!
A José Antonio le quisieron torturar incluso en este trágico momento y le dispararon a las piernas. El psicópata que mandaba el pelotón, se le acercó con su pistola amartillada y le exigió que gritara un “Viva la república”. José Antonio con mirada intensa y noble, volvió a exclamar con más fuerza, desde su corazón, ¡¡¡ARRIBA ESPAÑA!!!
Así murió el hombre y nació el mito. El mito de la generosidad y el perdón hacia todos los españoles. Incluso hacia aquellos que cargados de odio, intentaban borrar su hombría con el muy democrático tiro de gracia. El crimen nunca ha podido con la honradez de un hombre que no quiso el enfrentamiento entre hermanos, sino el codo con codo de todos para devolver a la Patria la Dignidad que la infamia y la iniquidad masónica que gobernaba España, le habían arrebatado.
Así es el ejemplo que hoy, transcurridos 81 años, sigue manteniendo vivo el partido que fue su gran obra y en el que sintetizó a través de su ejemplo y de diversos artículos: Falange Española de las JONS.
Ochenta y un años de insultos, de mentiras vertidas por los enemigos de España, hacia José Antonio y hacia La Falange.
Ochenta y un años de mantenerse firmes y en pie, de los falangistas. No importa que fuéremos pocos. Aquí estamos y aquí seguiremos estando.
Como los viejos Tercios, sólo después de muertos hablaremos de rendición y para rechazarla.
El ejemplo de abnegación fue la norma de conducta de los verdaderos falangistas. Una hermandad que acaba imponiendo, imprimiendo, carácter. Siempre se ha dicho desde aquel desgraciado 20 de noviembre de 1936, que Falange no es un partido al uso: es una forma de ser. Un falangista no es un político que se afana en hacer carrera. Un falangista es un servidor de España. Y España no es una entelequia. España es la nación herida que, hoy en día, unas derechas y unas izquierdas falsean, inventándose una historia que jamás existió y dan pábulo a una serie de mentiras que nadie en su sano juicio puede creer. La España de hoy reniega de la herencia de grandeza que legó al mundo. La España actual prefiere las migajas que sus enemigos masones le tiran al suelo, de la mano de la Unión Europea; de una Europa a la que le han robado su tradición y su futuro.
José Antonio no era así. 

José Antonio creía en Hispanoamérica, porque veía en ella a un Pueblo que es capaz de trascender a sí mismo y proyectarse hacia el infinito. “Unidad de Destino en lo Universal”, porque España es la síntesis histórica de hombres y mujeres que trabajan por un destino común, que se acrecenta con Hispanoamérica.
Las maniobras zafias de la masonería, lograron que Hispanoamérica se fragmentara en diversas naciones. Pero no logró que el espíritu que a todos nos une, se rindiera y humillara. Porque ante la adversidad, todos somos españoles. Todos somos hispanoamericanos. La sangre que corre por las venas de un argentino, mejicano, cubano, dominicano, etc., es la sangre de España. Allí quedó nuestra huella y aquí, nos han traído aquellos hermanos del otro lado del océano, el orgullo de ser español. Algo que reivindicó José Antonio. Nuestra grandeza se desperdigó por el mundo y a nosotros vuelve de la mano de los hijos generosos de España, que a pesar de la independencia de sus naciones, no han perdido ni el sentido ni el amor por España.
Hispanoamérica es España y España está en Hispanoamérica, en Guinea y en Filipinas. Y así lo vio José Antonio, a quien los politicastros de entonces y por supuesto los de ahora, denostaron. Y por eso su crimen es incómodo para quienes lo cometieron y para quienes de él se aprovecharon, sin haberse molestado en entender la grandeza y la clarividencia de aquel joven abogado.
Tanto las derechas como las izquierdas, a las que José Antonio denunció por ser un engaño; los dos caminos inventados por los ideólogos de la Revolución Francesa en las logias, que conducen a un mismo destino: la desesperanza, el crimen y la esclavitud de las naciones ante el muñidor del mal: el anticristo masónico.
Ni siquiera el franquismo, que tanto utilizó su nombre y pervirtió el de Falange, dándole ese añadido artificial de “tradicionalista”, compendió ni al hombre, ni a su obra…
Falange Española de las JONS acabó con Franco, no siendo aquello que el destino le tenía preparado, sino la vulgar comparsa acompañada de los gloriosos colores de la camisa azul y el yugo y las flechas de la Rina Isabel de Castilla y el Rey Fernando de Aragón, de una infausta derechona que odia a España y lo español y por eso se humilla y nos humilla, ante nuestros enemigos de siempre. Y para corroborar su traición, acata las órdenes de las logias más rastreras de cuantas componen la masonería. La misma que sirvió de eco y amplificador de la leyenda negra vertida contra nuestra Patria, nuestro rey Felipe II y nuestro Salvador Jesucristo Nuestro Señor, el Hijo de Dios. Por quienes tantos de nuestros hermanos españoles de aquí y españoles de américa, entregaron su vida.
Como la entregó José Antonio Primo de Rivera, aquel 20 de noviembre de 1936.

Españoles de bien: igual que José Antonio, gritad conmigo, bien fuerte para que se enteren los políticos vendidos de la España actual y demás basura del Nuevo Orden Mundial:

¡¡¡ARRIBA ESPAÑA!!!

                                                                                                                           

                                                                                                                         
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