MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio
 

 

T E M A S

BREVES RAFLEXIONES POLÍTICAS
D. Negro

                                                                                                                          
                                                                                                                       

La Gran Revolución había legitimado el gobierno oligárquico y bajo la Restauración, y sobre todo bajo el régimen censitario de la Monarquía orlenista, prosperaron las ideologías anarquistas y socialistas. La implosión-revolución se hizo social, como advirtiera Lorenz von Stein, de quien lo aprendió Marx, en 1842, y las ideologías salieron a la luz pública en 1848.

La política, parte de la ética, es omincomprensiva y, según la famosa frase de Ortega, es “la piel de todo lo demás”. Tocqueville, testigo de esa revolución, dio fe en su famoso discurso en la Asamblea nacional contra el derecho al trabajo, de la separación entre lo social y lo político, que motivó asimismo el aún más famoso Discurso sobre la dictadura de Donoso Cortés. La revolución consolidó, en efecto, la separación de la sociedad –del orden social- de lo político –del orden político-, desplazándose el interés del estamento intelectual por el orden político a la preocupación por el orden de la sociedad como un todo. La tecnocracia que vino después acentuó todavía más la absurda separación entre social y político, al privilegiar lo económico como el fundamento de lo social.

Tal es el origen de la revolución permanente, desde entonces en marcha en orden a instaurar la democracia social. Su heraldo principal fue retrospectivamente Kart Marx, cuyo Manifiesto comunista llegó a ser la visión preponderante del orden social, aunque en Francia y otros países católicos como Italia y España fue más importante la proudhoniana, más anarquizante, hasta después de la Gran Guerra. Marx captó la naturaleza oligárquica del Estado y la utilización de sus estructuras por la burguesía como instrumento de dominación, pero asestó otro golpe a la tradición política, y a la política en general, al identificar las oligarquías con las clases sociales y presentar como económicos los conflictos políticos.

Haciendo suyas las críticas liberales y conservadoras, Marx propuso sustituir el Estado por la dictadura del proletariado como una especia de gobierno provisional, milagrosamente inmune al parecer a la ley de hierro, hasta completar la revolución social con la desaparición de las clases y, con ellas, de todo rastro de la oligarquía. Ahora bien, la dictadura del proletariado, concepto que, a decir verdad, Marx no elaboró, pero pensaba que, dada la situación, era la única vía hacia la democracia social, tenía que ser un gobierno oligárquico, por muy transitorio que fuese. Lenin haría luego del partido como “vanguardia del proletariado” el órgano oligárquico del Estado Soviético, dirigido por la nomenclatura y haciendo las veces de pouvoir espirituel. Como si obedeciesen a Comte en vez de a Marx, él mismo y su sucesor Stalin serían irónicamente los primeros papas de la nueva religión de la política.

En lo que interesa ahora, se introdujo así el nuevo concepto de dictadura revolucionaria que, unida a la utilización de la historia (la interpretación económica de la historia) como arma política, constituye la causa de muchos equívocos en torno a esa forma extraordinaria del gobierno. Doctrinalmente es una suerte de dictadura impersonal cualitativamente distinta de la concepción tradicional de la dictadura como dictadura personal de carácter comisorio. Esta servía para restablecer el orden, es decir, en principio era limitada y a término, característica esta última que no se daba en las Monarquías absolutas que, como se ha recordado antes, al ser hereditarias eran dictaduras comisarias permanentes. Curiosamente, se repite en Corea del Norte y no está claro si en Cuba.

 

La teoría del Rechtsstaat (Estado de Derecho) surgió en Alemania a partir del Polizeistaat (Estado policía) como una evolución de las patriarcales Monarquías absolutas luteranas (y católicas).Kant, Fichte y Hegel se refirieron al Estado de Derecho. Pero fueron Robert von Mohl, uno de los fundadores de las Ciencias Sociales, y Julios Stahl, a quien se debe la doctrina de la Monarquía Constitucional, quienes elaboraron inicialmente esa teoría. Georg Jellinek le dio mucho más tarde su forma, por decirlo así, definitiva, y fue objeto obviamente de aportaciones y reelaboraciones posteriores por otros autores. Lo que interesa ahora es el desarrollo de las aportaciones de Lorenz von Stein, el maestro conservador de Marx, que dieron lugar a la separación de la socialdemocracia en una versión marxista revolucionaria antiestatista y la lassalliana reformista o evolucionista legalista, que acepta el Rechtsstaat y el nuevo constitucionalismo inventado por la revolución francesa, extraño para Marx.

Sucintamente: la idea del Estado de Derecho, la organización mediante las leyes del aparato estatal depositario del poder político, estaba ya en el Leviathan de Tomás Hobbes. Para Hobbes, escribe A. de Muralt, “la ley es un precepto que extrae su poder obligatorio [como un deber moral] no de la bondad de lo que prescribe, sino de la voluntad y la autoridad de quien la instituye”.

Es general, la teoría del Estado como Estado de Derecho es el resultado de combinar l’État liberal bourgeois de Droit francés, asentado en la Nation (Política), titular de la soberanía en el sentido ascendente, con el Rechtsstaat alemán, asentado en el Volk, cuya soberanía en el sentido descendente ostentaron el Monarca, el Parlamento de Weimar, el Führer y, desde la Ley Fndamental de Bonn, los partidos (Parteienstaat). Según G. Beibholz, expresidente del Tribunal Constitucional, la representación desaparece en el Estado de Partidos a fin de integrar en el Estado a las masas desintegradas por el nacionalsocialismo y la guerra. Es una concepción próxima a la teoría del Estado de Rudolf Smend (o inspirada por ella), según la cual la estatalizad es una forma de integración, idea de indudables raíces luteranas. La separación de poderes, que es un freno a la oligarquía, se reduce a mera separación de funciones, si bien los jueces no son órganos políticos.

Dos observaciones. La primera sobre la diferencia entre el êthos del Estado de Derecho francés y el alemán: l’État-Nation es de origen laicista aunque puede quedarse en laico, mientras el origen del Volkstaat es el Estado-Iglesia luterano. La segunda observación se refiere a que el Parlamento, la cabeza visible de la oligarquía, es consustancial en ambos casos al Estado de Derecho o Rechtsstaat. En Alemania, donde Bismarck llamaba despreciativamente al Parlamento “la casa de las frases” –remedando quizá “la clase discutidora” de Donoso Cortés-, sólo fue efectivo desde la Ley de Bonn, salvo el breve paréntesis de la Constitución de Weimar en la entreguerra anterior a Hitler.

                                                      
                                                                                                                          

                                                                                                                           
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