MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S

¿SE PUEDE SER MÁS IDIOTA?
José Antonio Cavanillas Gil

                                                                                                                           
                                                      

Los hay que cada año se superan a sí mismos.
Desde tiempos remotos, a cada idiota le corresponde por derecho, su propia estupidez. Y homogeneizar a un montón de idiotas de capirote solo les hace más fuertes.
Un idiota crecido o lo que es lo mismo, un idiota de largo, un idiota hasta las tres y después todo el día, es más peligroso que Pedro Sánchez en un Comité Federal, que no es peligro menor.
Y un idiota, genuino y libre de toda cautividad, es algo propio de admirar como pieza única. Frente a una legión de idiotas, el talento de cada uno de sus tarugos se dispersa y se pierde. Y es una lástima.
Mantener bien alto el listón de la propia idiotez es tarea complicada que requiere esfuerzo, tesón y adobo diario. Roma no cayó en un sólo día y convertirse en un verdadero gilipollas no se improvisa de la noche a la mañana.
Hay idiotas que necesitan constantemente darse la razón. Y no me parece mal, siempre y cuando lo hagan desde el fondo de un pozo lleno de serpientes venenosas.
Hay tertulias como bares. Y bares como perreras, que nos están intoxicando día a día. Y hay un montón de cretinos alzando el cartel de la idiotez cooperativa.
Y no me parece buena idea, porque lo bonito es ser idiota en solitario y que la gente te pueda señalar por la calle y descubrir de primera mano, cada borbotón de la fuente infinita de tu idiotez.
No hay fronteras en el ambicioso manantial de los idiotas. La primera conquista de ese multiculturalismo que con tanta acidez y precisión ha descrito Michel Houellebecq es la globalización de la idiocia.
Entre la imbecilidad reinante, se distingue a un idiota enseguida por el tono de voz.
El gran Jardiel Poncela los veía venir: “Todos los hombres que no tienen nada importante que decir hablan a gritos”.
Propio de los modales posmodernos es alzar la voz por cualquier cosa. La gente grita por una discusión de tráfico, berrea bajo techo si las cosas le van bien y si le van mal, también. Y vocifera al aire libre, en plena calle…. Y por supuesto en tertulias televisivas de supuestos expertos en algo, que nadie sabe bien qué, como si estuvieran vendiendo anchoas del Cantábrico a un precio realmente increíble.
Nadie chilla ya en los quirófanos –que es donde antaño se gritaba como Dios manda– si no en las salas de espera de la Seguridad Social, acusando al médico de ser un imbécil, cuando en realidad en el hecho de detectarlo se descubre la primera habilidad nata del idiota de pata negra.
También gritan ahora los borrachos como si los estuvieran matando y es una lástima. Porque había un romanticismo extremo en los ebrios de las películas en blanco y negro, cuando el de la cogorza caía en un plácido y silencioso sueño.
Aquello eran borracheras de bien. De película, como se decía entonces. Y no como las de ahora, que los chavales aúllan cuando beben, como si fueran necesario aturdir al prójimo para estar cocido. Es quizá un reflejo de ese instinto primario que lleva al idiota a demostrar al mundo constantemente las dimensiones de su idiocia.
El idiota exige un respeto porque el declive del siglo XX le convenció de que toda majadería merecía su parcela de libertad.
Pero lo cierto es que la sandez de un iluminado lo sigue siendo, con o sin el beneplácito de la opinión pública. Y a fin de cuentas, cuando se alumbró esa historia tan manoseada de la libertad de expresión, sus defensores estaban contando con que el emisor fuera a emitir algo realmente interesante. Nadie se habría dejado matar por defender la libre expresión de una idea inequívocamente idiota. Entre otras razones porque la estupidez se defiende muy bien ella sola, como prueba el hecho de su eterna lozanía.
Erróneamente se cree que la mayor parte de majaderos se amontonan en el mundo de la política. Por suerte, la estupidez está tan repartida como una pedrea de Navidad. Y por eso rompo hoy una lanza por su individualidad. Porque no conoce fronteras, ni castas, ni ideologías, ni puede agruparse. Al fin, dice el pueblo que “tontos -o idiotas– los hay en todas partes” y quizá es lo único realmente cierto que ha dicho el pueblo al unísono. No olvidemos que es el mismo pueblo que dijo aquello de que “a quien madruga, Dios le ayuda”. Y eso otro de que “dos no discuten si uno no quiere”. Y ni se ha conocido caso de lo primero –salvo por casualidad–, ni he logrado jamás zafarme de una discusión en la que el otro está empeñado. Porque si le mandas a tomar por el culo para zanjar la cuestión, es peor.
Mucho se ha escrito sobre la cura de la idiotez. Y creen los racionalistas que todo es cuestión de leer. Pero un tonto con lecturas no es un tonto ilustrado, sino un tonto ilustre. Es decir: uno al que todos conocen por el brillo y las maneras de su vacuidad.
La peor clase de idiotez la definió Chesterton con abrumadora sutileza: “La mediocridad, posiblemente, consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta”.
Añado a la grandeza del viejo maestro, el necesario matiz de la belleza. Que pasar frente a la basílica veneciana de San Marcos, caminar bajo la Capilla Sixtina o presenciar cualquiera de los sublimes espectáculos con que nos brinda la naturaleza, sin sentir el más mínimo arrobo en el alma, es muestra inequívoca de aturdimiento del intelecto y del sentido común.
Jaime Campmany y Antonio Burgos dedicaron largas décadas de columnismo a analizar y clasificar la idiotez y todas sus variantes.
Así hallaron al “tontolaba”, al tonto del carajo, al tonto de cojones, al tonto contemporáneo, al tonto de remate, al tonto de solemnidad…. o al tonto a más no poder.
Y grande como Sevilla estuvo Antonio Burgos el día que dio con su celebrada especie; un descubrimiento luego mil veces atribuido: el tonto con balcones a la calle.
Tantas horas y esfuerzo después, sorprende el atrevimiento de Paulo Coelho para clasificar a los idiotas en una sola frase, asegurando que existen dos tipos de idiotas: “los que dejan de hacer algo porque recibe amenazas y los que creen que van a hacer algo porque están amenazando a alguien”.
Pero hemos de creerle en este asunto porque, a fin de cuentas, lo dice un profesional.
Hay montones de clasificaciones de idiotas, en internet. Unas más acertadas que otras.
Pero hay idiotas que tienen nombre propio. Es decir: mencionarlos implica por sí mismo, su supino grado de idiotez.
Mi querido lector seguramente pensará en Pedro Sánchez. Me explico: pronunciar ese nombre es sinónimo de decir “el idiota”.
En estas fechas de Navidad que se avecinan, resurge en todo su esplendor, el grado y el número de idiotas desperdigados por España. Casi todos tienen un denominador común: odian la Navidad. O mejor dicho, odian el trasfondo religioso de la fiesta que se celebra y en su lucidez de idiotas sin remedio, se ha venido a inventar la “navidad laica”.
Desgraciadamente son legión. Legiones de idiotas que pululan por doquier. Y en este caso y como decíamos al principio, los hay que brillando con luz propia y haciendo asimilar su nombre al del epíteto en sí mismo, cada año se superan.
La tal Colau, a la sazón alcaldesa de Barcelona se ha sacado de su mollera de idiota “boca arriba”, un cierto engendro que ha colocado en la Plaza San Jaime y al que denomina “belén”.
Los muchos que han visto su ocurrencia, lo califican de “punto limpio”. Yo sólo he visto algunas fotos que me han enviado y hasta un punto limpio tiene más dignidad que ese esperpento, fruto de una mente enferma de idiotez.
Me parece más que evidente, que la idiota Colau incumple las normativas municipales sobre depósito de residuos y puesto que su cerebro está podrido, expande el hedor por donde pisa y convierte una bella plaza de su ciudad, en un vertedero de voluminosos.
Yo no sabría si se asemeja a un punto limpio, al palacio de los horrores o al jardín de la casa de la “familia Monster”.
Pronto veremos más, en un esfuerzo continuado por discernir entre cuál de ellos es el más idiota. Cuando lleguen las “cabalgatas de reyes magos”, veremos cualquier cosa que por supuesto, no tienen nada que ver ni con las cabalgatas ni menos aún, con los Reyes Magos.
A este grado de idiotez hemos llegado….

                                                                                                                          

                                                                                                                         
A Página Principal

  

NUEVO CRITERIO - MILENIO AZUL
Apartado de Correos 47  -  15080 La Coruña, España
milenioazul2000@yahoo.es