MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S

CARADURAS Y VIVIDORES DEL CLIMA
M. Paz

                                                    
                                                   

Se vienen produciendo con cierta regularidad las noticias más alarmantes sobre las catastróficas consecuencias del cambio climático. Éstas se han incrementado ante el anuncio por parte de EE.UU. de que abandona definitivamente el Acuerdo de París. Naturalmente no se ha hecho esperar la respuesta de los beneficiarios de esta inmensa tomadura de pelo, y 11.000 científicos de todo el mundo –donde son millones- han firmado un manifiesto declarando la ‘emergencia climática’.

También otro grupo de ‘expertos independientes’ –pero muy bien subvencionados- declara que las condiciones que imponía este Acuerdo son totalmente insuficientes, y que ante la gravedad del problema anuncian que llevarán la propuesta de adopción de nuevas restricciones a la próxima cumbre de Madrid.

Otra vez se hacen predicciones sobre alteraciones dramáticas, tornados explosivos, sequías, inundaciones, subidas de más de un metro del nivel de los mares… en fin, toda clase de males, al parecer, inevitables.

Lo más curioso de todo esto es que recientemente un grupo de 800 científicos italianos firmaron una declaración en la que afirmaban que, en el mejor de los casos, no podemos afirmar nada con seguridad ante la escasez de datos proporcionados debido a lo reciente –mucho menos de un siglo- de los registros climáticos fiables; y que lo más probable es que este cambio se deba a alteraciones naturales producidas por variaciones en la radiación solar debido a cambios en la órbita de la tierra en su trayectoria alrededor de nuestro sol, también se baraja la hipótesis de la influencia de la variación del eje de nuestro planeta, incluso se sospecha de la posible incidencia de los rayos cósmicos, así como de cambios en la composición de nuestra atmósfera. Naturalmente esta declaración no ha tenido recorrido alguno en los medios de difusión tan libres y democráticos ellos.

No muchos meses atrás, otro grupo de 30 científicos de varios países –entre ellos varios daneses, los más avanzados en el estudio de los cambios de la radiación solar y su influencia sobre el clima de la tierra- habían hecho una serie de manifestaciones en el mismo sentido. Tampoco éstos tuvieron, al parecer, el menor interés para esos mismos medios de comunicación.

Estas declaraciones recientes se vienen a sumar al goteo constante de informaciones procedentes de todo el mundo donde, a veces de modo individual y otras procedentes de grupos de trabajo, lentamente se van conociendo declaraciones en el sentido de poner entre paréntesis la afirmación del cambio climático debido a la acción del hombre. Por supuesto, ya nadie se cree las afirmaciones que en su día –y aún hoy algunas veces- se hicieron desde la ONU a través de un más que desprestigiado Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Recordemos que este grupo fue puesto en solfa a nivel internacional cuando se publicaron las listas de científicos que supuestamente lo ratificaban, y que habían sido incluidos sin su consentimiento, o cuando se supo que en su correspondencia interna sus responsables hablaban con todo descaro de falsear los datos recogidos para apoyar su tesis cuando éstos las contradecían. Tampoco ha ayudado a la causa del cambio climático de origen antropogénico el que uno de sus máximos apóstoles, Al Gore, fuera denunciado por diversas instituciones y grupos de científicos, por la manipulación de datos de un modo descarado y chapucero, hasta el punto de que en algún país la justicia vetó en su momento la distribución de su manipulador vídeo.

Hasta ahora todas las previsiones de carácter catastrofista que se venían repitiendo como una letanía, no se han cumplido. Desde hace decenas de años se nos anuncian sequías terribles, inundaciones catastróficas, desertización, subida del nivel de los mares…, y por el momento nada de esto es cierto, a pesar de que se intenta desde los medios de manipulación mediática ocultar este fracaso con el anuncio de nuevos y múltiples males que ‘en los próximos meses’ asolarán la tierra –parecen los mormones anunciando una y otra vez el fin del mundo, y siempre retrasando la fecha al ver que en ésta nunca se cumple-.

Lo que sí son hechos demostrados es que hace no muchos meses, a todos estos calentólogos se les atragantó la comida cuando la NASA –que no está precisamente entre los negacionistas del cambio- se vio en la obligación de publicar –como vienen haciendo desde hace años- las conclusiones del estudio en que mediante fotos de satélite de toda la tierra se demostraba que ésta es cada vez más verde, en una línea creciente –suave pero constante- que viene observándose desde hace más de veinte años.

Suponemos que tampoco les ha hecho muy felices el hecho de que después de anunciar a bombo y platillo que el nivel de los mares subiría casi un metro en veinticinco años –la predicción se viene haciendo desde 1988- y que multitud de islas del Pacífico quedarían cubiertas por las aguas, vemos que éstas siguen en su sitio, recibiendo turistas y gozando de buena salud. Lo que no es obstáculo para que, otra vez, nos alarmen con la nueva subida de los próximos cincuenta años que –según dicen-, nos ahogarán a casi todos.

Recientemente se ha descubierto en Austria –para consternación de calentólogos-  y debido al retroceso general de los glaciares europeos, de un puente romano bastante bien conservado. Es decir hace un par de milenios no había glaciares alpinos o sería imposible que los romanos hubieran construido un puente en el lugar que hasta hace poco ocupaba dicho glaciar.

Se sabe que cuando Aníbal, en la segunda guerra púnica, cruzó los Pirineos y los Alpes con su ejército, y sus elefantes, para atacar a Roma en su propio terreno, pudo atravesar –ciertamente con muchas dificultades- ambas cordilleras porque en estas no había glaciares.

Hay otra gran cantidad de datos que van surgiendo de todo el mundo, y que apuntan también en la misma dirección: el clima cambia constantemente, de frío a calor y viceversa, de forma no muy clara todavía para nosotros, a veces de manera muy rápida –siglo XIX, sin ir más lejos-  y otras de modo más lento, siempre teniendo en cuenta que estamos en un período interglaciar, con un deshielo de los hemisferios cubiertos por el hielo de la última glaciación –deshielo comenzado hace 12.000 años aproximadamente- muy reciente en términos geológicos, y que por tanto vamos, sí o sí, hacia una temperatura global más cálida hasta llegar a un máximo, después del cual volveremos lentamente –con períodos intermedios erráticos alternantes- hacia otra glaciación.

La pregunta que se impone por tanto es clara: ¿por qué entonces tanto alarmismo, tanto estruendo mediático?

La respuesta, como siempre, no es sencilla ni unívoca. Intereses económicos, de poder, de control social –el miedo es rentable políticamente pues hace a la gente muy manejable-, y seguro que nos dejamos alguno. Y aunque no hay que despreciar ninguna de estas hipótesis, la que se nos evidencia como más plausible es que las élites globalistas han creado artificialmente este problema que según ellos requeriría de una intervención a nivel mundial, lo que les abriría el camino para seguir dando pasos en su plan maestro de dominación de los pueblos: la implantación de un gobierno mundial, regido por élites no elegidas, sino autoelegidas e impuestas –adiós a la democracia y la libertad-, provenientes de los grandes grupos de poder transnacionales y que implantarán una tiranía económica y política despótica a nivel mundial; y todo ello según un modelo que ya está funcionando a la –para ellos- perfección: China, con una dictadura inhumana y feroz en lo político, y un capitalismo salvaje e igualmente inhumano en lo económico. La perfecta cuadratura del círculo.

Así se explica la adhesión acrítica de medios –propiedad de estas élites-, científicos –comprados por esas élites-, políticos de alto nivel –que pasan a formar parte de esas élites-, como también de una porción muy importante de la población, inconsciente y acrítica, ajena a lo que nos jugamos con esta ‘bromita’, atontados por el consumo y descerebrados por una educación de ínfimo nivel. Un ‘juego’ muy lamentable que como en la peor de las distopías totalitarias futuristas, acabará llevando a la cárcel –si no a la muerte- a todo aquel que se atreva a disentir de la verdad oficial.

Triste panorama al que está abocada una humanidad que, si no despierta de su insensatez, será convertida en un inmenso y triste rebaño de semovientes.

                                                                          

                                                                                                                        
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