MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S

                                                                                                                  

BREVES REFLEXIONES POLÍTICAS
D. Negro

                                                                                                                         
                                                                                                                         

Lo esencial de la ley de hierro [de la oligarqía] es que, al configurar o estructurar los regímenes políticos condicionando al gobierno cualquiera que sea su forma, constituye la causa de muchos conflictos. Así, el transfondo de la llamada “cuestión social” es, o era pero es posible que vuelva, la reivindicación del reconocimiento político de la mayoría de edad del mundo del trabajo. Los sindicatos nacieron porque los partidos políticos burgueses no representaban a los trabajadores. Conseguida la representación política –si auténtica o no es otra cuestión- mediante el sufragio universal, están obsoletos.
El hecho de que la ley de hierro de las oligarquías haya pasado prácticamente inadvertida como tal hasta tiempos relativamente recientes sugiera, con palabras de Alfred N. Whitehead, la salida a la luz pública de una idea emparentada con el tipo de “ideas filosóficas de elevada generalidad necesario para guiar a la aventura hacia lo nuevo y asegurar la realización inmediata de lo útil a de este fin ideal”. Si la política ha de ser verdaderamente democrática, la ley de hierro es la cuestión central.
La ley de hierro pertenece al ámbito de la metapolítica que, “como su nombre lo indica, en griego thá methá polítiká, va más allá de la política, a la que trasciende en el sentido de que busca su última razón de ser, el fundamento no-político de la política”. La metapolítica es “una disciplina –prosigue Alberto Buela- cuyo objeto es doble. Es filosófico (se ocupa de los fundamentos últimos de la política) y político (se ocupa de la proyección político-social de dichos fundamentos)”. Según C. Gambescia, “en primer lugar, la metapolítica estudia la realidad política en los términos en que es y no en los que debiera ser. En segundo lugar, la metapolítica se ocupa de las cuestiones ligadas a la legitimidad del poder (raíz y forma) tal como se presentan, sin apelar a alguna causa primera ultraterrena y, en tercer lugar, tiene un valor metodológico en el sentido de que individúa y relativiza los juicios de valor”.
Decaída la filosofía práctica, sustituida por la polítología, que concibe la política al estilo positivista, su carácter filosófico podría ser otra causa de la desatención a la ley de hierro. Pero lo cierto es que subyace al pensamiento político desde sus comienzos como un presupuesto metapolítico, pudiéndose citar multitud de pensadores y escritos como el mencionado de Jouvenel –en realidad casi toda su obra-, cuya última ratio o justificación consiste en que, sin mencionarla o “caer en la cuenta”, la presuponen. El pensamiento político de Platón, el fundador de la filosofía política, o la ciencia (en el sentido griego) política de Aristóteles, serían ininteligibles sin tener en cuenta la ley de hierro aunque no la nombran así.

Es pesimista Hobbes, para quien la innovadora ciencia natural de Repeler, Galileo y otros era “un pequeño poder”, imaginó una nueva ciencia política aparentemente optimista en tanto que objetiva, que remediase las consecuencias de la ley de hierro implícita en la vida colectiva, desde luego sin mencionarla, aunque su obra es una batalla constante contra la oligarquía. Introdujo así el nuevo paradigma que alteró el curso natural de la tradición política europea, de origen greco-romano, históricamente más romano que griego, transformada doctrinalmente por san Agustín en escatológica, lo que renovó el contenido de los conceptos griegos y romanos.
Hobbes describió las pasiones o causas antropológicas del pesimismo político y las leyes de la naturaleza humana que justificaban su teoría del Estado, trasunto de la Polis griega junto con nuevos elementos. Sobre todo, modificó la tradición de la omnipotentia iuris medieval, que reconocía la auctoritas del Derecho en tanto parte de las reglas del orden creado por Dios, el único soberano en el sentido moderno: diseñó el Estado Soberano de Bodino como una nueva forma de lo Político regida científicamente por el derecho político –origen del derecho público- inventando en sus Elementos de Derecho natural y político. Hobbes le atribuyó la omnipotnetia iuris en tanto el Estado es un deus mortalis: formar el derecho político –“o civil”, el derecho de los ciudadanos que rige la Ciudad como un todo- “corresponde a quien tiene el poder de la espada, mediante la cual los hombres se ven obligados a observarlo, pues si no, no tendría sentido”, escribe en Elementos. Creía en arriére pensée que, al ser el Estado un artificio científico cuya potencia es impersonal, neutralizaría la ley de hierro, que es una síntesis de las leyes de la naturaleza humana –en el fondo más o menos como las expuso el propio Thomas Hobbes-, equilibrando las necesidades y los egoísmos para conseguir la paz. La naturaleza de ese ente artificial –“superentidad misteriosa” le llamaba el gran constitucionalista C. J. Friedrich- es por eso la neutralidad.

 

 

     

                                                                                                                        
A Página Principal

 

NUEVO CRITERIO - MILENIO AZUL
Apartado de Correos 47  -  15080 La Coruña, España
milenioazul2000@yahoo.es