MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S

ÍDOLOS ABATIDOS
Javier Sainz Mier

                                                                                                                         
                                                                                                                         

Si traemos a  nuestra memoria aquellos "peplum" o películas de romanos con los que la Televisión nos abrasaba en Semana Santa, nos fijaríamos en la figura de aquel esclavo, la mayor parte de las veces delgado, casi escuálido que sostenía sobre la cabeza del general triunfador la corona de laurel y que continuamente le susurraba aquello de "recuerda que solo eres un hombre"; más valía  que se acordara no fuera que el Cesar de turno le supusiera un peligro para él y le mandara decapitar o sirviera de entremés  a unos famélicos leones en el circo y pasara de ser un semidiós a un habitante del Averno.

En este mundo que nos ha tocado vivir  pasamos de encumbrar con todo entusiasmo a cualquier hijo de vecino a arrastrarlo por el fango con la misma intensidad, y si además nos dan motivo ni te digo.

Estas reflexiones vienen a colación por lo que se ha filtrado  sobre la biografía del Doctor Martín Lutero King, (me permito castellanizar su nombre) líder de los derechos civiles en EE.UU. Su biógrafo, saltándose las disposiciones legales, ha sacado a la luz una faceta de la vida del Pastor Baptista que revelan el gusto que tenía el reverendo por las juergas, el alcohol y el sexo, que echan por tierra la imagen casi angelical del clérigo norteamericano, llegando a participar en más de una violación. Lo más triste del caso es que la policía, con el mandato del Fiscal General, Robert Kennedy, gravó muchas conversaciones de este predicador felón y no lo impidió; estaban a otra cosa.

La hipocresía de los useños viene de largo. Tenemos el ejemplo de Abraham Lincoln,  el presidente que abolió la esclavitud, que también tiene borrones en su hoja de ruta: suspendió la libertad de prensa con cierre de periódicos que no le eran gratos, así como el juicio con jurado y trató a los estados vencidos como sujetos a un ejército de ocupación. Otro icono ajado.

Si avanzamos en el tiempo, hemos conseguido llegar a la mayor sublimación de la mentira, una trola repetida con convencimiento, o al menos interés, se convierte en una verdad revelada. Sírvanos de ejemplo el de Rigoberta Menchu, esta súbdita guatemalteca ha sido distinguida con el Premio Nobel de la Paz, el único que concede El Comité Noruego y más condecoraciones de la ONU, pero se descubrió que todo era un burda trola, nunca fue una pobre campesina, el ejército no le asesino a un hermano y para mas burla de las buenas gentes, recibió una exquisita educación en una colegio de monjas belgas, y así la nariz le hubiera crecido hasta el infinito, la verdad residual es que su padre Mateo Menchu murió en el asalto a la embajada española en Ciudad de Guatemala, no porque se hubiera refugiado allí, sino porque la ocupó ilegalmente y el asalto del ejército acabó en tragedia: varios muertos, entre ellos tres funcionario españoles.

Para más ofensa a la verdad y a más elemental sentido de la justicia, a esta individua  no le han retirado  ninguna  de esas distinciones, lo cual nos da una idea del valor que hemos de  reconocerlas. 

En este campo los españoles nos llevaríamos la palma desde Viriato hasta el ex Rey, la vena iconoclasta se ha cebado en nuestra historia al considerar al Cid Campeador como un mercenario, lo cual no deja de ser cierto, tras su enfrentamiento al rey castellano e incluso nos podríamos remontar a la época de Don Pelayo al que ciertos "historiadores" le otorgan el cargo de recaudador de impuestos del ocupante musulmán, hasta que se quedó con la recaudación y el despeñamiento en las faldas del monte Auseva de la expedición enviada por el gobernador moro de Gijôn dio paso a la leyenda de la Reconquista (eso es a grandes trazos).

El General Franco también tiene su aportado en esta historia, la gran red de pantanos, carreteras, paradores y hasta la letra que Don José, María Pemán adaptó para el Himno Nacional, que tantos hemos entonado, son de los tiempos de la Dictadura de Miguel Primo de Rivera, otras realizaciones  son de cosecha propia del militar ferrolano...

 

Como siempre, en esto y en todo hemos de remitirnos a nuestro refranero español que es un compendio del saber del pueblo soberano: "Nada es verdad o mentira, todo depende del cristal a través del cual se mira".

No obstante no nos volvamos paranoicos, cuando nos salude el cartero, o el policía municipal pare el tráfico para que crucemos la calle, no le busquemos doble intención, hacen su trabajo como cualquiera de nosotros.

                                                                                                                          

                                                                                                                          
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