MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S

EL VERANO DEL PORVENIR
Acracio el Vil

                                                                                                                         
                                                                                                                         

Como ya saben los lectores, en la taberna de mi pueblo somos muy brutos y yo el que más. Incluso los cofrades me han otorgado un “Máster” en “Fenomenología  del Analfabetismo Irresoluble” que obtuve, no sin esfuerzo, durante los estudios de Primaria gracias a las becas del Dictador, como todos los bebedores.
Claro está que en la taberna de mis pesares, no todos obtuvimos ese Master durante nuestra juventud. Los listos, que también gracias a las becas del Dictador aprendieron cosas, se fueron a la capital y, ya de mayores, solamente se acuerdan de nosotros en verano; vienen a reírse de nosotros o –puede ser- a recordar inocencias del pasado y evadirse del estrés ese que tanto acojona a los capitalinos hoy en día. Uno de ellos es Pepe, el Abogado, que primero lo fue del Sindicato Vertical (q.e.g.e.) y después –me dicen- diputado con el Presidente Suarez.
Este año su nieto, que de niño no quería jugar en la calle con los demás, está cambiadísimo. Les sonríe y les habla a todos con grandes voces, les pregunta cómo están y qué problemas tienen, les invita a tomar algo -no en nuestra Taberna claro- sino en un café que han abierto a la salida del pueblo, en un local que ha alquilado que adorna con un rótulo muy grande de  color morado, redondo como un balón y un letrero que dice: “El Porvenir”.
Como los demás, mis nietos van porque hay chicas y les invitan a todo -debe tener mucho dinero- y no se preocupan mucho más del tema por lo que veo. Pero uno de mis nietos, el más listo, me dicen que anda mucho con él, y que están ya empezando a ir juntos a los pueblos de al lado.
Y a mí me preocupa porque yo soy su abuelo y ellos son aún más brutos que nosotros, por supuesto.
Este domingo, después de ir a misa como hemos ido siempre, lo pillé refunfuñando con su hermano. Y le pregunté, a solas, qué pasaba.
Por supuesto, me dijo que yo no lo entendería, pero da la casualidad que por aquí a finales de los sesenta vino en el verano un chico -entonces de mi edad- al que llamaban todos “el de comisiones”, con el que había hablado varias veces. Y algo de esto, me sonó.
Pero mi nieto empezó a explicarme que aquellos de “comisiones”, o sea, los “marxistas” de entonces, ya son cosa del pasado. Que ahora estamos en el “post-marxismo” -todo esto lo puedo escribir porque le pedí sus notas para “aprender”- porque tras la caída del Muro de la URSS -que habían construido por lo visto los rusos para que los capitalistas no les atacasen (supongo yo que con coches y hamburguesas, claro)- hubo que
revisar -“deconstruir”, dice- al marxismo para adecuar su estrategia al “Siglo XXI”, o algo así.
Todo esto es idea, por lo visto, de un argentino (aquí pone LACLAU) que se hizo de oro apoyando a un matrimonio presidente de allá.
Dicen sus apuntes que hay que reconocer que en Occidente cada vez vive mejor el “proletariado”; que vota, y que la Seguridad Social y el Estado del Bienestar se han extendido y alcanzan -al menos en lo esencial- a casi todos. 

O sea, que Marx ya no es aplicable. Que ahora los conflictos ya no son económicos -aquí pone “fin del economicismo marxista”- y que lo de la “lucha de clases” debe ser cosa mía, porque aquí pone “es cosa de los abuelos”. Que ahora lo importante es “construir el discurso” creando “relatos” que causen “conflictos” en contra del “sistema” y que la función del revolucionario es crear esos discursos para generar esos conflictos dirigidos a personas distintas, para -escribe mi nieto en sus apuntes- “montar follón” (supongo que se refiere a lo del “conflicto”)…
Los discursos deben ser diferentes, cada uno para diferentes colectivos -los estudiantes (menos exámenes), los trabajadores (más salarios), los transportistas (más barato el gasoil), los pensionistas (más pensiones), etc.- para que todos tengan una causa de armar follón -digo, “conflicto”, perdón- de forma “articulada” contra un enemigo común (“antagonismo social” dice): los del “sistema” (creo que el sistema soy yo, que he trabajado como un burro toda mi vida, he respetado la ley y he pagado mis impuestos…).
Con esos diferentes discursos dirigidos a distintos colectivos en conflicto contra el sistema -ahora comprendo por qué desde hace unos años todo el mundo está protestando en la calle al mismo tiempo- pretenden “
destruir el sistema desde adentro, y no desde afuera.”
O sea, que era esto. ¡Pero si es lo de siempre! ¡Como en Venezuela! Si ya me lo decía “el de comisiones”, según aquel chino: “¡Caminar separados, Golpear juntos!” Voy a decírselo a Manolo el del bar, a ver si nos baja el precio de las tazas o le monto un “conflicto” de cojones…

                                                                                                                           
                                                                                                                          

                                                                                                                          
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