MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S

UN LIBRO*: 'MARTÍN LUTERO.
EL CANTO DEL GALLO DE LA MODERNIDAD'

Por Jorge Soley Climent

                                                                                                                         
                                                                                                                         

La conmemoración de los 500 años desde la fecha simbólica en que el monje alemán Martín Lutero iniciaba su desafío a Roma nos está dejando, como era de esperar, abundante literatura que revisa el origen del Protestantismo. Su interés va más allá de la mera erudición o curiosidad histórica: conviene comprender bien lo que sucedió, pues el mundo en que vivimos está profundamente influido por aquel hecho y sus enormes consecuencias.

Entre esta producción destaca la obra del jurista italiano Danilo Castellano, que en su recientemente publicado Martín Lutero. El canto del gallo de la Modernidad aborda el impacto de Lutero sobre la política y las leyes.

Castellano es un académico riguroso y sistemático, y este carácter se hace presente a lo largo de todo el libro. No estamos aquí ante vagas generalizaciones ni discutibles aproximaciones, sino que nos encontramos con un evidente deseo (y el esfuerzo que ello requiere) por brindarnos una obra precisa. Además, el autor ha buceado en profundidad en el tema y alcanza el detalle, pero sin caer en un detallismo miope atento a la hoja pero ciego ante el bosque: su amplia mirada de conjunto le permite trazar sugerentes genealogías intelectuales. Es ésta una enorme virtud de esta obra, pues Lutero, por su propia naturaleza a manudo contradictoria, puede confundir a estudiosos menos atentos.  Es mérito de Castellano mostrar a la vez las chocantes contradicciones luteranas junto con la coherencia profunda que es la que le va a dotar de una descendencia en el campo de las ideas que ni el mismo Lutero pudo vislumbrar.

El libro es, ya lo pueden adivinar, enjundioso y por ello difícil de resumir, por lo que me contentaré con señalar algunos de los aspectos que me han llamado más la atención, esperando que abran la curiosidad de algunos de los que leen estas líneas y les lleve hacia las páginas de Castellano.

Por su trascendencia para su posteridad, que es nuestro presente, resulta clave comprender bien la revolucionaria noción de conciencia de Lutero, una conciencia que ya no tiene nada que ver con el concepto clásico, sino que se ha transformado en única fuente del bien y del mal, “esto es, conciencia subjetiva que no es sensibilidad respecto del orden, sino que pretende ser el orden en sí”. Sin orden externo al yo, una conciencia que se va autodeterminando se convierte en reina y señora caprichosa que puede justificar hoy una cosa y mañana otra. Esta noción, completamente novedosa, aparece muy a las claras en los escritos de Lutero y también en su actuar, al tiempo que la vemos operando continuamente en nuestros días. Los argumentos a favor de la admisión a la comunión de los divorciados y vueltos a casar civilmente (con un anterior matrimonio canónico válido) con que se nos bombardea hoy en día, y que a menudo apelan a la conciencia del sujeto que decide acercarse a comulgar como última sagrada instancia, son netamente deudores de esta concepción luterana de la conciencia.

A continuación, y entrando plenamente en los aspectos más políticos de Lutero, aparece otra novedad, traslación al ámbito comunitario de la doctrina de la corrupción irreparable del alma humana tras el pecado original: la visión del gobierno como, siempre y en todo lugar, una mal necesario, nunca como algo positivo o incluso virtuoso. A la pregunta acerca de si sería necesario el gobierno si no hubiéramos caído en el pecado, mientras que Santo Tomás, y con él la Iglesia católica, responde que sí, pues aun en esa situación habría vida en común y amistad, fundamentos de la Ciudad, Lutero responderá negativamente: el gobierno es necesario sólo por nuestra maldad. Se perciben ecos de esta idea en las concepciones utópicas de un comunismo que anhela alcanzar, depurado ya del peso del pecado (que ahora es ya inmanente), la sociedad socialista en la que no existe gobierno ni coerción (lástima que siempre nos quedemos en el paso intermedio, el de la dictadura del proletariado). Pero es esta misma idea la que se encuentra muy presente hoy día en ambientes liberales y libertarios que, aun inconscientemente, beben también de Lutero, quien concibe el Estado “como instrumento de castigo para la maldad humana” y necesario solo por causa de ésta.

Si atendemos a otro concepto que articula muchos discursos hodiernos, el de pueblo, también encontramos aquí ecos de la visión de Lutero. Señala Castellano que la concepción del pueblo cristiano sufre también en Lutero una profunda alteración: para el monje alemán el pueblo son los “predestinados que dan vida a una comunidad puramente espiritual, privada de jerarquía” y cuyos pastores dependen de ese pueblo, esencialmente igualitario. Así, en el protestantismo se niega todo origen externo de la autoridad, el único soberano sobre la propia comunidad será la comunidad misma, que no acepta ni jerarquías humanas ni condicionantes ajenos a ella. Primero se aplicará esta visión al ámbito religioso, pero pronto será trasladado al plano político secular, cuajando en el concepto de soberanía popular, “conclusión del despliegue de la ‘idea’ luterana según la cual la comunidad puede autorizar cualquier cosa”.

Otra de las grandes cuestiones, la de la libertad, también se va a ver alterada. Castellano indica que la libertad va a ser entendida por Lutero como “la liberación total de cualquier dependencia de la razón o de mandatos ajenos”. Y continúa: “La libertad evangélica no es libertad según la recta conciencia, sino liberación del Diktat de la conciencia y se identifica con la autonomía vital”. Una vez más, se hace patente la importancia de la visión luterana en la génesis de la modernidad.

Por último, detiene Castellano en el concepto de Estado que nace de la Reforma y del que muestra que “es totalitario en un doble sentido: en primer lugar en el sentido de que es la única realidad que absorbe y gobierna todo, y después en el sentido de que invade la conciencia”. Precursor de un Estado que, concebido de ese modo, tiende inexorablemente hacia el totalitarismo, podemos rastrear también en Lutero la génesis de la razón de Estado: el bien del Estado será siempre e incondicionalmente la suprema ley.

Los cargos aportados por Castellano son tantos y de tanto peso para vincular a Lutero con la Modernidad que nos puede sorprender que se hable de Lutero en ocasiones como de un hombre medieval. Pero ya nos advierte el autor del carácter asistemático de Lutero, así como de la influencia que su biografía juega sobre sus teorizaciones o de la deuda de Lutero con corrientes de pensamiento anteriores, como el nominalismo (medieval pero ya embrión del mundo moderno). Lutero se coloca en ese lugar de quiebra entre dos épocas, de gozne, y no pertenece plenamente a ninguna de las dos, al tiempo que presenta rasgos de ambas, todo lo cual no quita que Lutero, de modo consciente o no, suministrase unos materiales que van a ser fundamento para el desarrollo de la Modernidad (aquí, insiste Castellano, será Hegel el más genial intérprete de Lutero).

El libro, ya lo hemos señalado, aborda muchos otros aspectos: la caracterización del luteranismo como revolución gnóstica, por ejemplo, es muy sugerente y confiamos en que en el futuro el autor pueda desarrollarla aún más: Castellano, además, nos regala numerosos excursus colaterales al tema principal que enriquecen la obra, como el significativo odio de Lutero hacia Aristóteles, a quien califica como “ciego e idólatra”, el clericalismo de Maritain (Castellano aclara qué entiende por clericalismo cuando advierte que “es el clásico pensador ‘clerical’, siempre dispuesto a buscar el camino –por exigencias personales o para prestar servicios- para ‘conciliar’ catolicismo y cultura hegemónica”) o el error de base de las teorías contractualistas.

Estamos pues ante una obra de extensión fácilmente abarcable (no alcanza las 200) páginas en formato bolsillo) pero muy rica y penetrante, como un buen alimento concentrado, que nos ayuda a comprender mejor lo que significó Lutero y en qué medida la Modernidad es deudora de lo que el gran historiador Ludwig von Pastor no dudó en calificar como una “revolución religiosa”.

 

 

*'Martín Lutero. El canto del gallo de la Modernidad'.
Danilo Castellano. Editorial Marcial Pons, Madrid 2016, 192 págs.

                                                                                                                           
                                                                                                                          

                                                                                                                          
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