MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S

POR UNA HISPANIDAD REAFIRMADA
Javier Sainz Mier

                                                                            
                                                                            

Hemos comenzado Octubre, unos días que resultan altamente emotivos para nuestro país tanto en su vertiente religiosa como las de carácter histórico; es el mes dedicado a Santa Teresa de Jesús o a San Antonio María Claret y Clara, entre otros y acoge la celebración de la mayor aportación de España a la humanidad: el encuentro con las tierras del Nuevo Mundo.

El sistema de colonización española en sus posesiones americanas y asiáticas, con todos los errores que se pudieran cometer, es y en comparación del empleado por británicos, franceses y neerlandeses, modélico, hasta tal punto que la propia Constitución de 1812 sentenciaron aquello de que "España es la reunión de los españoles de ambos hemisferios”.

La mal llamada emancipación de los países hispanoamericanos no sería tal, sino una verdadera guerra civil, con multitud de opositores a la ruptura con la España peninsular.

No pensemos que los gobernantes de la metrópoli eran ignorantes de las ambiciones y recelos de nuestros connacionales de aquellas tierras, principalmente americana, pues los altos cargos políticos, eclesiásticos y militares eran ocupados por peninsulares.

Los ministros y validos de los reyes Carlos López y Carlos IV, Aranda y Floridablanca ya estudiaron  dividir nuestro imperio, mejor dicho el de los Borbones, en varios reinos como México, El Perú y Tierra Firme, colocando al frente de ellos a infantes españoles dependientes del Rey de España que ocuparía el puesto de Emperador. Desgraciadamente las conspiraciones de los criollos halagados por potencias extranjeras títeres de la Masonería y la invasión napoleónica dieron al traste con estos proyectos. Vuelto al trono Don Fernando VII intentó inútilmente recuperar la América española, como broma del destino, el general ecuatoriano Juan José Rosas ofreció a su viuda el trono de su país junto a su nuevo consorte Agustín Fernando Muñoz y Fernández, pero Doña María Cristina de Borbón y Dos Sicilias ni olió el aire de la sierra de aquel país.

España, como casi todas las grandes potencias, ha tratado de mantener lazos con sus antiguas posesiones. Turquía promovió la creación del Consejo de los Estados de Lengua Túrquida, formado entre otras naciones, por la propia Turquía, Azerbaiyán, Turmequistan y la zona de Chipre ocupada por los turcos; algo similar crearon los portugueses con la Lusofonía, integrada por los países de habla portuguesa que pertenecieron a su imperio más Guinea Ecuatorial -no sé cuántos ecuatoguineanos hablarán la lengua de Camoens, pero Obiang allí les metió-; y con proyectos similares se establecieron La Unión Francesa y La  Commonwealth Británica, y entre la salida y entrada de miembros nos encontramos con países ajenos a la colonización del Reino Unido como Mozambique y Ruanda se han integrado en la organización, ¿tomarán el té a las cinco?

Hablemos en clave interna, hablemos de Hispanidad. Este bello vocablo fue acuñado por el sacerdote Vasco Zacarías de Vizcarra durante su estancia en Argentina, donde coincidiría con el embajador del gobierno de Primo de Riva, Ramiro de Maeztu, propulsores los dos del hispanoamericanismo del siglo XX.

Durante los dos últimos siglos ha habido un flujo continuo de españoles hacia las Américas y Filipinas y de sus naturales a España; las causas eran de todo tipo, económicas, políticas con numerosos exiliados en ambas direcciones, etc.

Pero en pleno Siglo XXI ¿Tiene sentido el revindicar el legado de la Hispanidad? ¿Hoy es solo un sentimiento que roza lo romántico o tiene futuro en el mundo eminentemente pragmático en que nos movemos?

El establecimiento de una estructura estable que aunará a todas las naciones hispanas en los campos de la cultura, el comercio e incluso de la defensa cambiaría totalmente el actual equilibrio mundial  y el juego de las grandes potencias, lo cual dejaría totalmente obsoletas a organizaciones como la ONU, que sobradamente ha demostrado su inoperancia.

Centrémonos en España. Nos estamos convirtiendo, nos guste o no, en un país de acogida. Si asumimos que estamos próximos al "Invierno Demográfico ", que grandes zonas de nuestro país se añaden poco a poco a la España "vaciada", deberíamos cambiar el sentido de  acogida por el de la simbiosis, proceso en el cual tanto huésped como anfitrión salen igualmente beneficiados, pero ¿de dónde y por qué hemos de recibir preferentemente a esos nuevos habitantes de España? La respuesta está implícita en todo lo que hemos estado refiriendo: de los países que forman parte de nuestra comunidad histórica: Hispanoamérica, Filipinas, y las llamadas ,"últimas colonias" Guinea Ecuatorial y El África Occidental Española, sin olvidar a los Sefarditas, hebreos de origen español, herederos de aquellos que fueron expulsados de los reinos peninsulares en 1492. Nuestro país ya empezó a reparar  el daño causado -ya durante el reinado de Alfonso XII se acogió a judíos huidos de las matanzas o progromos de la Rusia Zarista-; el General Primo de Rivera anuló el Decreto de los Reyes Católicos y posibilitó que pudieran solicitar la nacionalidad española, y como es fácil presumir nuestro sistema educativo podría asumir sin dificultades especiales a los hijos de aquellos con los que compartimos lengua, cultura y en la mayoría de los casos creencias. 

Este 12 de Octubre imaginemos que ese sueño pueda realizarse y brindemos por esa nueva y reforzada Hispanidad.

                                                                            

                                                                                                                          
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