MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S

VIDAS PARALELAS (II)
AUGE Y CAÍDA DEL GENERAL ARNALDO SÁNCHEZ OCHOA
Salvador Saldaña Juste

                                                                            
                                                                            

“Los archivos describen, los testigos confiesan, los historiadores reflexionan, los documentales narran lo que ignora buena parte de los cubanos. Se trata de la otro literatura, la vida real” 

Cumpliendo con el compromiso adquirido en nuestro anterior artículo, intentaremos ahora, en pálido bosquejo, desempolvar la vida, auge y alevosa caída de la persona cuya vida de intento de consagración al servicio de su patria devino, tan sólo, en cruel sainete y vil servilismo a la “Revolución” apelativo con que el castrismo estigmatiza tan inicuo aparato de poder donde toda hamponería encuentra cobijo.
Nacido en 1930 en la ciudad isleña de Cacocum, provincia cubana de Holguín y cumplidos los veintiocho años (26 de agosto de 1958), se une, juntamente con sus hermanos Albio, Antonio, y su tío Víctor, a la Columna 2, comandada por Camilo Cienfuegos, siendo su destino la zona oriental de Cuba, en su logrado propósito de derrocamiento de Fulgencio Batista.
Impuesto el castrismo, (enero de 1959) después de tal triunfo, viaja a Checoslovaquia y posteriormente a la Unión Soviética (URSS), siendo en estos países donde recibe adiestramiento militar y adoctrinamiento ideológico cual revivido Enrique Lister.
Si bien nos hallamos aquí ante un hombre de bajo perfil y que ni por asomo ensombreció nunca las virtudes  que enaltecían la figura de Don Eduardo (en la que la distancia que a ambos separaba era tan abismal que de solo asomarse produce vértigo). Reclamamos empero para Sánchez Ochoa resabios de altivez y aun virtudes y valores propias de un soldado, con las que intentábamos describir la figura de D. Eduardo y que aquí le pueden ser de amplia aplicación, (salvo, insistimos, sus códigos de valores y salvando, entre otros, la distancia que separa el carácter “liberal” del abyecto comunismo y su infame pasado), virtudes estas que enaltecen y de las que, con justicia blasona todo hombre de armas que por tal se tenga: patria, honor, valor, disciplina y espíritu de sacrificio. Postulados universales que, aquí proclamamos, pese a que a no pocos renegados les suene a estiércol.
En su condición, como queda dicho, de convencido comunista, también aquí lo corrobora su hoja histórico militar, así, en abril de 1961 participó en los combates de Bahía de Cochinos. En octubre de 1962, asistimos, durante la crisis de los misiles, a su activa participación.
En los años sesenta, junto con renegados venezolanos, recibió entrenamiento en Cuba.  

En julio de 1966 desembarcó en Venezuela con Luben Petkoff haciéndolo por el estado Falcón, participando en la emboscada de Cerro Atascadero el 16 de septiembre de 1966, entre Yumare y Duaca (Estado Yaracuy) donde vilmente asesinaron a un oficial, a un suboficial e hirieron a dos soldados. El 25 de febrero de 1967 comandó la columna que participó en la emboscada de El Montero, ente Sanare y El Blanquito (estado Lara), contra contingentes del ejército de Venezuela, acción esta en la que asesinan a tres efectivos e hirieron a 8.
Tras su regreso de Venezuela fue nombrado subjefe del Estado Mayor General. Posteriormente se le nombró jefe de Construcciones Militares y del Ejército Occidental de Cuba. En el periodo comprendido entre 1977 y los años 80 desenvuelve acciones ofensivas en los territorios de Etiopía y Angola, llegando a ostentar  la jefatura de la operación multinacional contra el avance somalí cuyas fuerzas fueron derrotadas sin poder reponerse posteriormente.
Como reconocimiento fue nombrado “Héroe de la República de Cuba, siendo uno de los generales que más condecoraciones recibió. Fue miembro del Comité Central del Partido Comunista.
Tal cúmulo de reconocimientos devienen como corolario de las antedichas fechorías perpetradas contra naciones soberanas y que, en condiciones normales, a nadie se le escapa que constituirían una declaración formal de guerra por parte de los estados objeto de invasión.
Comentaba un lector en carta dirigida al director: “¿A un c… que se va a 8000 Km. a matar personas que no le han hecho nada y a las que no conoce ni nadie le ha llamado allí, sois capaces de llamarle “héroe”? Es tan merecedor de la muerte como el mismo Fidel y su p… hermano”
Desigual fortuna sufrió el vil y confeso asesino Ernesto Guevara (a/ “El Che”) en su intento de invasión de Bolivia donde sus correrías y desvaríos se vieron truncados por la decidida acción del ejército andino, quien sin recurrir a  bizantinismo, no vaciló a la hora de emboscar y ejecutar sin miramiento alguno a tan siniestro personaje, hecho que, sin duda causó el regocijo de la familia de los Castro a quienes Bolivia ahorró su trabajo. Ahora, sin embargo, avergonzados asistimos, con sumisión bobina, al triste espectáculo de cómo, en ignominioso enaltecimiento de la figura de este malevo lunfardo, España se puebla  de monumentos a su memoria a la par que miserables pendolistas babean  su chatarra ideológica.
Sánchez Ochoa, por lo demás, fue uno de los sicarios más cercanos al “Comandante” y su entramado gansteril; servil sayón y colaborador necesario (tonto útil) en todos sus desmanes (probar la evidencia resulta tarea de idiotas).

Defenestramiento y muerte de Arnaldo Sánchez Ochoa
“El cubano (nos cuentan) es el ejemplo perfecto del hermetismo político socialista. Muchas cosas se saben, otras se presumen, pero los detalles son un verdadero misterio”.
No es posible condenar al ostracismo la existencia de la llamada UMAP (unidades de apoyo a la producción -campos de concentración en los que confinaban a los cubanos por querer ser ellos mismos en medio del populismo-). “Dentro de la revolución, todo, fuera de la revolución, nada”
Aceptando lo antedicho hemos de asumir como veraz que “en el pecado se lleva la penitencia”. Cuando la duda se trocó certeza, para todos resultó conocido el tráfico de drogas y negocios en los que habían caído los hermanos Castro junto al cartel de Medellín. Al ser descubierto dicho plan, los Castro buscaron un chivo expiatorio, aunque en este caso solo tuvieron que elegir a quienes ejecutaban dicha operación. Los Castro jugaban a ser los paladines salvadores de América, en tanto que en la realidad financiaban su descalabro económico vía inversiones en hoteles y turismo, el objetivo secundario era inundar los EEUU de drogas, con el propósito de “debilitar el Imperio”. Todo fue descubierto por la DEA de los EEUU y así terminaron los implicados: ¡Fusilados! Nótese la cercanía entre acusados y acusadores, imposible de no conocer este entramado en un país que se vanagloria de tener el mejor aparato de inteligencia.
Cuarenta generales se vieron obligados a declarar oprobios contra su hermano de armas exigiendo su ejecución. En tal vil arbitrariedad hubo una pluralidad de condimentos. La envidia al héroe por sus gestas en las guerras mercenarias de África, envanecerse de la limpieza de Yoruba a costa de la sangre de otros. Es menester recordar que varios generales y funcionarios cubanos tienen causas abiertas por narcotráfico en USA. Uno de ellos el difunto almirante Santamaría.
Es a partir de este momento que comprendemos que realmente los cuatro rostros que mantuvieron a los cubanos expectantes durante las largas horas del juicio televisado habían dejado de existir.
La radio informaba, pasadas las nueve de la mañana que el general Ochoa, el coronel Antonio de la Guardia, el mayor Amado Padrón y el capitán Jorge Martínez murieron por fusilamiento en un recinto militar, a cargo de una unidad de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
Asistimos pues, y considerando que la Constitución cubana de 1976 excluye la pena de muerte por narcotráfico, a un fusilamiento expedito e ilegal.
Fidel Castro intentó con esta decisión lavar su propia imagen y la de la Revolución, al mismo tiempo que reforzaba su autoridad y disciplina  dentro de las fuerzas armadas en momentos en que la Perestroika soviética había aislado a Cuba del resto de los países socialistas.
Conociendo la personalidad rebelde del principal militar ejecutado, Ochoa y las subsiguientes purgas realizadas, no pocos llegaron a pensar que el caso Ochoa fue en realidad un golpe militar abortado.
Resulta menester ahora, hacer un alto, en emocionada evocación, que advertimos aquí parecidos sino idénticas ruindades y motivos provocados por los más que merecidos honores recibidos, en su regreso a España, por los héroes de Baler quienes sufriendo la insidia y la falacia, siendo infamemente sometidos a  la injuria y el vilipendio por parte de mandos que ostentando más elevado rango, por cuanto en el heroísmo de quienes consideraban inmerecidamente “chusma” se reflejaba sus miserias y cobardía pues ante idéntica e incluso más favorable situación,  se rindieron sin ofrecer la menor resistencia para su vergüenza. Otra vez la virtud resalta el oprobio.
A modo de colofón y para escarnio de sus incondicionales, traemos a la memoria los yagantes episodios perpetrados por Fidel Castro y su compadre Salvador Allende, cuando este último “engallado”, desde el balcón principal de la Casa de la Moneda, blandiendo una metralleta de plata, regalo del “comandante” que regocijado le servía de comparsa, voceó a la chusma allí concentrada: “Revolusión o muerte”, pues bien, su capricho no quedo sin satisfacer, no así cuando en encendido mitin proclamó (por si existían dudas) “yo no gobernaré para todos los chilenos” Aquí, no más, se equivocó.
“Qué horror, acabo de descubrir que en este bar se juega”, oímos exclamar con cínico asombro, al capitán Louis Renault, jefe de policía en una de las escenas finales de “Casablanca”

                                                                            

                                                                                                                          
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