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T E M A S

LA EXPEDICIÓN BALMIS
Redacción

                                                                            
                                                                            

30 de noviembre de 1803
La gesta de un filántropo español:
Francisco Javier Balmis. El científico español que dio la vuelta al mundo para llevar la vacuna de la viruela, inoculada en los brazos de decenas de huérfanos, a las provincias españolas de América, a Filipinas y a China. Un viaje fascinante que salvó millones de vidas.

A veces los más buenos no son los más simpáticos. Cuenta la escritora Almudena de Arteaga que Francisco Javier Balmis (1753-1819) era un hombre muy serio, incluso hosco, un médico absolutamente centrado en su trabajo. Y sin embargo ha protagonizado una de las empresas que hacen recuperar la confianza en la condición humana. Balmis fue el director de la Real Expedición de la Vacuna, un viaje sufragado por el rey Carlos IV cuya misión era llevar el remedio contra la viruela a los habitantes de las colonias españolas.

Sobre esta apasionante aventura real pivotan dos obras literarias publicadas en un ya un poco lejano 2010: Ángeles custodios (Ediciones B), de Almudena de Arteaga, y Los hijos del cielo (Mr), de Luis Miguel Ariza. Es una casualidad a la que, curiosamente, se le puede aplicar el dicho de a la vejez viruelas, pues aunque a Balmis y su gesta sí se les ha prestado atención en los círculos científicos, para la opinión pública ha sido, hasta hace poco, un desconocido.

El 30 de noviembre de 1803 partió del puerto de La Coruña la corbeta María Pita. A bordo iban Balmis, cirujano de la cámara del rey, dos médicos asistentes, dos prácticos, tres enfermeras, y una mujer, la única, Isabel Cendal (o Cendalla, hay distintas versiones sobre su apellido), rectora del hospicio de La Coruña y encargada del cuidado de los 22 niños, de entre ocho y diez años, encargados de portar en sus cuerpos el virus de la viruela.

La idea de utilizar niños fue de Balmis. Hasta entonces los intentos de llevar la vacuna a América habían fracasado porque las muestras del virus se corrompían con el paso del tiempo. Balmis tuvo la ocurrencia de utilizar cuerpos vivos para transportarlo y eligió a niños porque era necesario que no hubieran estado en contacto con el virus.

A bordo del María Pita, cada semana se les inyectaba el virus de la viruela a dos niños en los brazos, tomándolo de las pústulas de los que habían sido inoculados antes, y así, contagiándose de unos a otros, cruzaron el océano Atlántico.

Recorrieron Hispanoamérica y después viajaron a Filipinas, Cantón, Macao y Santa Elena. De esta etapa asiática se ocupa la novela de Luis Miguel Ariza, mientras que la de Almudena de Arteaga se queda en América, un continente en el que, además, la expedición se desdobló y tomó dos rumbos, uno hacia el sur, con el doctor José Salvany al mando, y otra capitaneada por Balmis, que tomó rumbo hacia Cuba y después enfiló hacia Asia.

Ambas expediciones fueron trágicas. Salvany murió en Bolivia, a los 33 años, después de haber vacunado a cerca de 200.000 personas. La de Balmis dio la vuelta al mundo y consiguió regresar a España, pero sufrieron muchas bajas, soportaron tempestades y se enfrentaron a la cerrazón y la codicia de algunas autoridades británicas, reacias a suministrar la vacuna de modo gratuito y desinteresado.

Finalmente, Balmis y los suyos regresaron a España en 1806 y fueron recibidos por Carlos IV. El rey, que había sido impulsor y financiero del viaje filantrópico y que estaba muy sensibilizado con la enfermedad porque la había padecido su hija María Luisa, no estaba entonces en situación de prestar toda su atención a la gesta de Balmis: eran las vísperas de la entrada del Ejército de Napoleón en España.

Así que la mayúscula obra filantrópica cayó durante siglos en el olvido. Aunque no para todos. Edward Jenner, el descubridor de la vacuna, el hombre que se percató de que quienes habían ordeñado vacas con viruela y tenían pústulas secas en sus manos no padecían la enfermedad (de ahí, de vacuno, viene el término vacuna) dijo esto de la expedición de Balmis: “No puedo imaginar que en los anales de la Historia se proporcione un ejemplo de filantropía más noble que éste”.

También el naturalista Alexander Humboldt dijo que aquel viaje “quedará como el más memorable en los anales de la Historia”. Almudena de Arteaga y Luis Miguel Ariza rinden tributo (desde la ficción) a esos héroes. A los niños que partieron de La Coruña y se quedaron en hospicios y seminarios mexicanos. A Isabel Cendal, que también se quedó en tierras americanas. A Francisco Javier Balmis y José Salvany, hombres buenos a quienes millones de personas deben la vida.

                                                                            

                                                                                                                          
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