MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S

LOS CONDADOS FRONTERIZOS CRISTIANOS
EN LOS SIGLOS IX-XI
Miguel Argaya Roca

                                                               
                                                                                                                          

Los condes de Barcelona: El origen histórico del condado de Barcelona está en las últimas décadas del siglo VIII, cuando Carlomagno siente la necesidad de conquistar y fortificar todo el sur de los Pirineos formando pequeños condados que constituirán la llamada “Marca Hispánica”, entre ellos los occidentales de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza, y los orientales de Pallars, Urgell, Gerona y Barcelona. Son señoríos vasalláticos del rey carolingio, quien en última instancia designa a sus titulares... al menos hasta el año 895, cuando algunos de ellos aprovechan la crisis que por entonces sufre el reino franco para asegurarse la sucesión del territorio sin esperar la intervención de su señor natural. Es el caso del conde de Barcelona Guifredo (o Wifredo) el Velloso. Pero es una independencia de hecho, no “de iure”, ya que los propios condes catalanes en ningún momento se atreven a intitularse reyes sino simplemente príncipes o incluso duques “citerioris Hispaniae”. Gobiernan, eso sí, con plena independencia según los parámetros de la época, es decir: con capacidad para acuñar moneda, pero durante poco tiempo: algo menos de cincuenta años. Acuciados por la fuerte amenaza fronteriza de los musulmanes, hacia el 1030 optan de nuevo por someterse vasalláticamente, aunque esta vez a un monarca peninsular, el rey navarro Sancho III.

Los condes de Castilla: El condado de Castilla nace como marca fronteriza del reino de León en las tierras del alto Ebro (norte de la actual provincia de Burgos) para hacer frente a las incursiones musulmanas procedentes de Zaragoza. Del año 860 datan las primeras noticias que tenemos sobre un conde castellano, un noble miembro de la familia real astur-leonesa llamado Rodrigo. Durante las décadas siguientes, este condado sufre fuertes embates moros que le obligan a fortificarse y a consolidarse. En 931 encontramos ya como conde de Castilla al célebre Fernán González, que reúne además en su persona el vecino condado de Álava. Para entonces, el titular del señorío castellano se ha convertido ya en uno de los personajes hispanos más influyentes de su tiempo, como demuestran su decisiva participación en la guerra civil leonesa entre Ramiro II y Alfonso IV y su papel en la coalición cristiana que participa en la batalla de Simancas (939), donde es derrotado por primera vez el califa cordobés Abderramán III.

Pero cuando se pone totalmente de manifiesto la importancia del condado de Castilla es a comienzos del siglo XI, al cerrarse el acuerdo de boda de una nieta de Fernán González con Sancho, rey de Pamplona. Esa relación de parentesco será determinante en los años siguientes: en 1028 muere el titular del condado castellano y el rey Sancho III de Navarra reclama el señorío alegando ser cuñado del conde fallecido. Poco durará, no obstante esa dependencia pamplonesa: a la muerte de Sancho III en 1035, y en virtud de su testamento, el condado de Castilla queda en manos de su hijo Fernando. Treinta años después, este lo cede a su vez -ya constituido como reino- a Sancho II, uno de sus hijos.

Los condes de Álava: Entre los siglos IX y X el condado de Álava, junto con el de Castilla, configuran la frontera oriental del reino asturleonés frente a los continuos ataques lanzados por los musulmanes. En el año 931 se une al condado castellano bajo la titularidad de Fernán González. A comienzos del siglo XI, ambos condados juntos abandonan el vasallaje asturleonés y se someten al reino de Navarra. Poco después, Álava y Castilla se disgregan nuevamente y el titular alavés asume como propio el señorío de Vizcaya. En 1076, señorío y condado se separan a su vez del reino navarro y quedan definitivamente bajo la soberanía del recién nacido reino de Castilla.

Los condes de Aragón: El condado de Aragón aparece por primera vez en el siglo IX de la misma manera que los condados catalanes, formando parte de la Marca Hispánica como colchón fronterizo del reino franco al sur del Pirineo. Tiene su solar original en el valle del río Aragón, pero acaba ocupando también el cercano valle del Gállego. Hacia el año 825 sabemos ya de un tal Aznar Galíndez ejerciendo de conde en el señorío. De igual modo que el conde de Barcelona, el aragonés no duda a finales del siglo IX en abandonar la sumisión al reino franco para ponerse al servicio del rey de Pamplona. Un siglo después, en 1035, el territorio es entregado en virtud del testamento de Sancho III a un hijo natural suyo, Ramiro I, que no tarda en proclamarse a sí mismo como rey.

                                                                              

                                                                                                                          
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