MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S

LEYENDA NEGRA Y NORTEAMÉRICA
José Antonio Cavanillas Gil

                                                                                                                                
                                                                                                                               

A finales del pasado año de 2018, envié al MILENIO AZUL –www.milenioazul.org– un enlace web y un comentario sobre la triste noticia de la retirada de una estatua de Cristóbal Colón, en la ciudad californiana de Los Ángeles.

El motivo que aducía el ínclito e ignorante responsable municipal, era el característico de la patética “Leyenda Negra”: Los actos de Cristóbal Colón “contribuyeron al mayor genocidio jamás registrado. Su imagen no se tiene que celebrar en ninguna parte”.

Son palabras de Mitch O'Farrell, concejal del Ayuntamiento de Los Ángeles.

Un individuo de la tribu hurón con apellido irlandés, que es concejal del distrito XIII de la ciudad de Los Ángeles (fundada el 4 de septiembre de 1781 por el gobernador español Felipe de Neve, con el nombre de El Pueblo de Nuestra Señora la Reina de los Ángeles del Río de Porciúncula), encabeza una nueva campaña contra la Historia de España y contra la Historia de su país –Estados Unidos– al convertir el “Columbus Day” o “Día de Colón” que se viene celebrando desde 1937 el segundo domingo de octubre de cada año, por el “Indigenous People’s Day” o día de los pueblos indígenas. El motivo de este cambio, que va tomando cuerpo en distintas localidades norteamericanas, es culpar a Colón que nunca pisó el territorio norteamericano, de las supuestas masacres cometidas por los españoles contra los nativos de América, tanto en Estados Unidos como en el resto del continente.

No es un tema nuevo. Se da el caso que periódicamente, asoman personajes como éste O’Farrell para mantener viva la lucha contra la Historia de España o dicho de otro modo, mantener viva la Leyenda Negra, que tanto daño ha causado en nuestras filas. Principalmente, por el desconocimiento de los mismos españoles de la propia Historia de España. Este artículo se suma a la colección de trabajos nacidos para desmentir las acusaciones que la trama protestante anglosajona ha venido urdiendo contra la católica España.

El vehículo que han venido utilizando tanto anglosajones, como franceses y holandeses no ha sido otro, que la masonería y sus organizaciones pantalla. Para este caso concreto, las defensoras de ese falso y sectario “indigenismo”.

Fue el Siglo de Oro con Felipe II, la más alta dimensión del poderío español, de su cultura, de su arte.

La diplomacia, la fuerza de sus ejércitos, los dominios en los mares y en los continentes, las plumas de los estudiosos extranjeros se rinden ante esta época. Pero no podemos olvidar que, de esta época, nace el lunar, el punto discutido, la famosa Leyenda Negra, nuestro talón de Aquiles, que condenó a los españoles, su manera de pensar y sus obras. Y que hizo un daño difícil de reparar dentro y fuera de nuestras fronteras. No se puede negar a estas alturas, la habilidad mediática de los artífices de la Leyenda Negra para contrarrestar la obra española. Tampoco que los argumentos esgrimidos por los antiespañoles hicieron daño hasta el punto de herir nuestra conciencia nacional, más por el propio desconocimiento de nuestra Historia, que por lo que de verdad tenían aquellas acusaciones.

No se trata de negar a toda costa, excesos. Por supuesto que los hubo. Pero sí se trata de dejar las cosas en su justo lugar. Y es entonces cuando comprobamos que el comportamiento de España fue modélico, ejemplar, comparado con el que mantuvieron las potencias europeas de la época –Francia e Inglaterra– y desde luego, con el que practicaban los pueblos y tribus indígenas.

España fue a civilizar y civilizó.

No fue España. Fueron Francia y sobre todo, Inglaterra quienes exterminaron a los indígenas de la costa este de los actuales Estados Unidos.

¿Qué ocurrió entonces en el Medio Oeste y Oeste de aquella nación?

Pues todo lo contrario a lo que denuncian los indigenistas, fuertemente subvencionados por instituciones masónicas y con “idiotas útiles” –parafraseando a Lenin– como el “iluminado” concejal de Los Ángeles.

A principios del siglo XX comenzó un determinado género cinematográfico, que tuvo sus años de gloria durante los años 50-60: el western.

El western ha sido utilizado por el cine estadounidense para escribir la historia épica de su propio país; una narración legendaria del proceso de fundación de los Estados Unidos protagonizada por héroes que encarnan algunos de los valores más arraigados de su cultura, siempre bajo la inspiración del “Destino Manifiesto”, que considera al hombre blanco, anglosajón y protestante –a menudo puritano–, como el nuevo integrante del “pueblo elegido” por Dios, para regir el destino del mundo. Uno de cuyos puntos es precisamente, “rehacer el mundo a imagen e interés de los Estados Unidos”. Es decir: de la masonería, que es la secta criminal a la que pertenecían los fundadores de ese país y que no ha dejado de estar presente en todas sus Instituciones de poder. La inmensa mayoría de presidentes de Estados han tenido vínculo con la masonería, directo –pertenencia y obediencia a la misma– o indirecto –Kennedy no lo era, pero sí todos los miembros de su gabinete, director del FBI, la CIA, etc.–

Y aquí en el western, nos encontramos una reedición de la historia, contada según intereses espurios y sectarios.

Se pretende ensalzar una gesta de conquista de las tierras del Medio Oeste y Oeste, hasta el Océano Pacífico, describiendo a las poblaciones indígenas como si se tratara de sanguinarios criminales que jamás hubieran tenido contacto con el hombre europeo. Por supuesto, encontramos una primera contradicción: los indios montan a caballo y el caballo fue introducido por los europeos.

No. La verdad es que en aquellas tierras ya habían estado los españoles y durante 300 años, habían construido misiones y evangelizado a buen número de los miembros de aquellas tribus de las praderas. Esos indios se encontraban muy cómodos siendo “Súbditos de la Corona de España”, pues las Leyes de Indias les amparaban, protegían y les reconocían la propiedad de sus tierras, que eran inviolables.

Ese género western nos habla de las guerras indias y de lo malos, malísimos, que eran personajes como el sioux Toro Sentado o los apaches Gerónimo o Cochise. Pero por supuesto nunca dicen ni jamás nos dirán, que todos ellos eran católicos y hablaban español.

Y tampoco nos contarán jamás, que el origen de esas guerras indias no tuvo en España ni en la actitud de los españoles, su origen.

Nunca nos dirán que tras la “independencia” de Nueva España, todo ese inmenso territorio pasó a ser México y fue el gobierno de este país, el que derogó las Leyes de Indias españolas y arrebató la propiedad de las tierras a los indígenas.

Nunca nos dirán que tras la guerra expansionista de Estados Unidos –que ya había exterminado a los indígenas de la costa este que se libraron del genocidio cometido por ingleses y franceses– contra México, se firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo por el que Estados Unidos se anexionó más de la mitad del entonces territorio mexicano.

Ese Tratado fue modificado, antes de ser ratificado por el Congreso de Estados Unidos, dándole un sentido descaradamente racista, a favor del antes mencionado “Destino Manifiesto”.

El artículo IX del tratado original fue suprimido en su totalidad, y reemplazado por uno nuevo. Así, en vez de que “los mexicanos conservasen por un año sus derechos civiles de los mexicanos en los territorios vendidos y de establecer su igualdad con los otros habitantes de los Estados Unidos de América”, el nuevo artículo permite que el Congreso estadounidense, a discreción, los admita como ciudadanos de los Estados Unidos de América.

El artículo X, sobre la posesión de las concesiones otorgadas, fue suprimido y no reemplazado.

En el artículo XI se elimina la restricción de venta de armas de fuego a los indios.

En el artículo XII se suprime la elección de la forma de pago de la compensación que debe recibir México.

En el artículo XXIII, se agrega que el canje de ratificaciones se hará donde estuviere el Gobierno mexicano.

Y por último, se suprime el artículo adicional y secreto del Tratado.

Es decir: las tribus indígenas de las praderas se encuentran con que, si habían perdido privilegios tras la independencia de México con respecto a España, ahora con el Tratado de Guadalupe Hidalgo se están desde el minuto uno tras la firma, en la más absoluta indigencia: no tienen nada.

Ni siquiera la ciudadanía y por tanto no están amparados por ninguna clase de derechos ni leyes. Y además, deben abandonar sus tierras y ser internados como prisioneros en “reservas” como si fueran animales exóticos a los que se encierra en un zoológico.

O lo aceptaban…. o se les exterminaba.

Pero ese intento de lavar el cerebro colectivo para dar reescritura a la historia, nos cuenta la fábula –la película en el caso del western–, de que la lucha del colono blanco, anglosajón protestante y puritano contra el malvado indígena, no sólo era justa sino que encima, el exterminio no fue obra de Custer o que la Masacre del Campo Grant, “fue obra de españoles”, a pesar de que en 1871 en que ocurrió, hacía más de cincuenta años que no estaban allí.

Por calumniar, que no quede.

En esa masacre fueron asesinados mujeres y niños indígenas por colonos estadounidenses y los niños que quedaron con vida, fueron secuestrados para ser vendidos como esclavos en México.

A este paso, va a resultar que la frase “El único indio bueno es el indio muerto”, no la pronunció el General Philip O. Sheridan, sino Blas de Lezo, por ejemplo. Puestos a mentir….

La masonería, primero la británica y después la de Estados Unidos, ya dibujaron a un culpable previamente. A partir de ahí es muy fácil cargarle crímenes, a cuál más abominable. No importa que la Historia –con mayúsculas– deje muy claro que la verdad es otra cosa.

Ellos, como hicieron en los años previos a la explosión del Maine en Cuba, se encargan de aliñar el guiso del odio y la mentira. De alimentar la Leyenda Negra contra España y la Fe Católica, para así poder justificar sus propios abusos y atropellos.

Por supuesto, personajes como el que se considera fundador de la masonería moderna, Albert Pike, no se dedicaba a mutilar a los prisioneros.

El conocido como “Sendero de Lágrimas”, tampoco existió para estos amigos de la propaganda panfletaria de la prensa amarilla. Fue una deportación forzosa ordenada por el entonces presidente de EE. UU, Martin Van Buren contra las poblaciones de choctaw y cheroquis cuya cifra de muertos se cuenta por miles. Y para asegurarse de ello, se nombró al General Winfield Scott –masón, qué casualidad–, que condujo a estas tribus hacia unos territorios que después, serían arrasados por los buscadores de oro y como consecuencia, nuevamente por el ejército.

Y volviendo al inicio de este artículo, ya que al concejal del Ayuntamiento de Los Ángeles, Mitch O'Farrell le preocupa tanto la población indígena, bien puede descargar su ojeriza sobre el pirata inglés Francis Drake que practicó algaradas por las costas californianas.

O más recientemente, las andanzas de Richard Henry Dana o John Sutter, integrantes de la secta masónica “Black Bear”, que proclamando la independencia de la República de California, permitieron la entrada de tropas de Estados Unidos que se encontraban entonces, en guerra con México y con la fiebre del oro, consintió que las matanzas de indígenas estuvieran a la orden del día por parte de los “forty–niners”.

Y que deje en paz a Cristóbal Colón que además de abrir la puerta para que la civilización se extendiera, jamás pisó aquellas tierras.

La ofensiva de estos apóstoles de la mentira y la manipulación continúa.

Es evidente que España y su ingente herencia católica esparcida por todo el mundo, es vista como un peligro latente cada vez mayor, por quienes desean implantar el Nuevo Orden Mundial y con él, el cambio del paradigma católico, por ese depravado paradigma del mal: el masónico.

                                                                                                                                

                                                                                                                                
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