MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S

VIDAS PARALELAS (I)
Salvador Saldaña Juste

                                                                                                                                
                                                                                                                               

Aproximación a la figura del General Eduardo López Ochoa y Portuondo.

Abrumado por su densidad en el intento (tan siquiera somero) de aproximarnos a glosar tan compleja figura, contemplada a la luz histórica, por fuerza huérfana de prejuicios y apasionamientos acientíficos; no obviando asimismo, por evidente, que cuando la Historia es tratada por manos legas, su envilecimiento deviene inevitable.

Establecido cuanto antecede, procuraremos acercarnos a la figura del general D. Eduarlo López Ochoa (a la que seguirá, en un intento de establecer el paralelismo que justifica el título del presente trabajo, otro ofrecido al también general de división, en este caso cubano, D. Arnaldo Ochoa Sánchez, unidos por apellido, profesión e infortunado destino.

Hombre de armas por origen y apasionada vocación, (nacido en la ciudad condal, donde estaba destinado su padre, el coronel Eduardo López de Ochoa Lizama, natural de Vizcaya, el 31 de enero de 1877 y, vilmente asesinado en Madrid el 17 de agosto de 1935, siendo su madre, Nicolasa Portuondo Palacios. Fue en su ciudad de naturaleza donde desarrolló la mayor parte de su vida castrense. Liberal acérrimo, se ofreció voluntario para luchar en la guerra que años más tarde, otra, no menos cruenta, le pondría número siendo su deseo combatir en el bando aliado.

Dicha condición de convencido liberal lo corrobora la imposición del nombre de Libertad a su hija, muestra ésta de significación de dichas convicciones ideológicas.

“Era, pues, poco más que un adolescente cuando se vio inmerso en las batallas que culminaron en el desastre de 1898. Posteriormente serviría en la península y, a partir de 1907, en África” ()

López Ochoa era uno de los colaboradores más cercano al general Miguel Primo de Rivera, con la instauración de la dictadura, en 1923, apoyando desde Barcelona el pronunciamiento militar (que no “Golpe de Estado” como algunos pretenden), siendo designado para ostentar el gobierno militar de la ciudad.

En 1924 asistimos a un cambio radical en el orden de sus fidelidades, emergiendo así su verdadera ideología liberal y proclive a la causa republicana, a lo que resulta preciso añadir que tan manifiesto republicanismo llevó a López Ochoa al exilio en Francia. En aquella época asistimos a su encenagamiento (como tantos compañeros de armas) en la malhadada masonería, organización ésta causante de tantas desventuras por su indisimulado odio y aversión tanto a España como a la Iglesia. A modo de ejemplo cabe traer a la memoria el incidente ocasionado cuando Alfonso XIII, viéndose traicionado y desobedecido por el a la sazón Presidente del Consejo de Ministros, el melifluo y pusilánime Segismundo Moret y Prendergast, que viéndose interpelado por el monarca sobre los motivos determinantes de que, habiendo ordenado el ascenso al empleo de Capitán General a los tenientes generales D. Valeriano Weyler y D. Camilo Polavieja, omite presentarle a la firma el de éste último (que públicamente se había declarado cristino y cristiano, por el desmedido afecto que sentía por S.M. la Reina Regente, afecto que no era gratuito para un hombre de honor como D. Camilo que consideraba a la Regente  como una Reina quien, pese a no ser española por su nacimiento, tal circunstancia no ensombreció su entrega a la Pagria y que por su desmedida entrega, los españoles estábamos lejos de merecer). El silencio infame del Presidente evidenció y confirmó las sospechas de que, emboscada en tal inicua desobediencia no anidaba sino el veto impuesto al pusilánime presidente del consejo que fulminantemente se vio desposeído de la “confianza” regia designando en su lugar a D. José Canalejas, que siendo republicano resultó ser el más leal y firme apoyo a la causa monárquica. Otro hubiera sido el destino de España de no interponerse la vileza vesánica anarquista en su camino.

Tras instalarse la Segunda República, el 17 de abril de 1931, Ochoa se hizo cargo de la capitanía general de Cataluña, siendo sustituido ese mismo año por el general Batet.

Su trayectoria militar discurrió por el desempeño de diversos argos propios de su categoría y empleo hasta que, y este es el núcleo de todo lo hasta ahora descrito, es encargado por el Presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, siendo Inspector General del ejército, responsable de sofocar la insurrección asturiana de octubre de 1934, supuestamente “para limitar el derramamiento de sangre”.

Omitimos, por conocidas, todas las vilezas genocidas sufridas en el Principado, ello no obstante traeremos al recuerdo, de una parte, la muerte inicua sufrida por el párroco del lugar de naturaleza del conocido como “Padre Ángel” (tratamiento imporpiamente utilizado por estar reservado para los presbíteros pertenecientes al clero regular) y del que el citado clérigo jamás guardó recuerdo ni se dio por enterado. Resulta preciso traer al recuerdo la suerte sufrida el 5 de octubre de 1934 por los novicios pasionistas Baudilio Alonso Tejero (Salvador María de la Virgen) y Amadeo Andrés Celada (Alberto de la Inmaculada) que en Mieres son asesinados y arrojados al río. Aquí nos detenemos para referirnos al salvamento de un novicio que buscando cobijo en un burdel frecuentado por los mineros el día de cobro, la propietaria de tal establecimiento, mujer bragada y entera, arrojó a golpe de látigo (que presidía la entrada, a modo de advertencia hacia los “clientes” que intentasen propasarse) a los mineros que reclamaban la entrega del novicio quienes, temiendo por su integridad ante tan bragada reacción pusieron tierra por medio, merced a lo cual el novicio salvó la vida.

Paradojas tiene la vida.

No echemos al olvido la bravura del guardia de asalto que, con unos cuantos soldaditos defendió la catedral ovetense. Sobre esta dignísimo guardia de asalto, que tuvo como destino posterior la Bandera de la Policía Armada en La Coruña, procuraremos hablar más extensamente, apoyándonos para ello en la información facilitada por quién fue comandante, segundo al mando de dicha bandera y quien recogió en un libro el relato oral que por el “guardia del reloj” (así se le conocía por servirle de cobijo un reloj de pared) le relató.

Avanzando desde Lugo, libró Oviedo (Ochoa) en una semana. No fueron infrecuentes los roces con Yagüe, que había llegado a Asturias al mando de tropas africanas (las únicas aguerridas y combativas con las que contaba la nación), pues las opiniones de ambos para sofocar la sublevación resultaban diametralmente opuestas, piénsese que mientras Yagüe no concebía sino la rendición incondicional de los sublevados, Ochoa, melifluamente, se avino a pactar un “acuerdo” de rendición incruenta. En el libro “Memorias de un soldado” se da precisa cuenta del encuentro, el diálogo y los acuerdos alcanzados por el militar y el líder obrero Belarmino Tomás, que tuvo por testigo al teniente Torrens, quien había actuado para que Tomás llegase a la presencia de López Ochoa. Con tamaña felonía, se ofreció a la opinión de todos un “trato entre iguales” lo que debería ser una rendición incondicional, para escarnio y baldón patrio.

 

GUERRA CIVIL Y MUERTE DEL GENERAL LÓPEZ OCHOA

Al producirse el alzamiento nacional que condujo a la Cruzada de Liberación, en julio de 1936, el general López Ochoa, que se encontraba encarcelado y por tanto no participaba en el alzamiento, estaba internado en el Hospital Militar de Carabanchel (actual Hospital Militar Gómez Ulla) recuperándose de una operación.

 Respecto a su muerte, consignaremos las diversas versiones que sobre tal acontecimiento se relatan:

1. En los primeros días de agosto y sofocada en Madrid la sublevación, aguijoneados por las turbas rojas (que lo tachaban de “El carnicero de Asturias”, y aunque el Gobierno trató de trasladar al general y otros militares hospitalizados a otros centros, se corrió el rumor de que el gobierno pretendía liberarlos y una turba acudió al hospital extrayendo de allí al militar y asesinándole en el cercano cerro Almodóvar, decapitando al cadáver y exhibiendo su cabeza por las inmediaciones.

2. Del trágico final de López Ochoa existen crónicas. Ramón Serrano Suñer cuenta en sus “memorias” que el general estaba “procesado por excesos en la represión del movimiento de Asturias. Por su parte, Mariano Rodríguez de Rivas, historiador y periodista, relató en la revista “Vértice” los momentos finales de Ochoa, el 17 de agosto de 1936: “Milicianos de CNT y FAI entran en su habitación y le sacan vestido con un pijama de seda azul. Entre el griterío de la vil canalla roja le llevan al Cerrillo de Almodóvar. Tras su ignominioso asesinato por parte de una abigarrada turba auto proclamada como “milicianos”, ya muerto “un muchacho joven corta a machetazos su cabeza y la coloca en el machete del fusil, sube a la capota de un coche y grita: ‘¡Así acaban los traidores al pueblo’. Después, con una navaja le cortó las orejas y se las dio a los muchachos que estaban a su lado”.

3. La doctora Elena Ochoa, esposa del arquitecto Norman Foster, se revolvió un día frente a las injurias y vilipendios de que su bisabuelo fue objeto: “¿Acaso no fueron verdugos que cortaron la cabeza de mi bisabuelo en el hospital de Carabanchel y pasearon su cabeza clavada en un palo por las calles de Madrid, haciendo mofa y escupiéndole? ¿No son verdugos aquellos que, no contentos con cortarle la cabeza, escupir sobre sus restos, insultar y mofarse de su cabeza pinchada en un palo, vejan su tumba en varias ocasiones?”

4.La muerte del general Ochoa: En su trabajo titulado como figura en el epígrafe que encabeza el presente cardinal, el autor, tras un irreprochable y minucioso relato concluye: “…Una multitud espera su salida, y cuando es colocado frente a una tapia, grita el gentío “¡No lo vemos bien”. Le llevan entonces al Cerrillo de Almodóvar. El pelotón, cincuenta y tantos hombres armados de Mauser, y una mujer con pistola”. Descarga. Y, ya muerto, nos remitimos a la ya dicho en el cardinal 3 respecto al aguerrido “muchacho2, ejemplo para aprendices de chequistas.

Sirva, a modo de corolario, corroborador de la “gallardía y valentía” del “democrático” gobierno del Frente Popular (rojo para los puristas), la orden de 16 de agosto de 1936, dictada por el ministro de la Guerra, por la cual se dispone que “el general Ochoa causa baja definitiva en el Ejército, con pérdida de empleo, prerrogativas, sueldos, gratificaciones, pensiones, honorarios, condecoraciones y demás que le corresponda”. Estamos aquí hablando de un gobierno ‘democrático’ y, sobre todo altamente aguerrido.

“Así le paga el diablo a quien bien le sirve”

                                                                                                                                

                                                                                                                                
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