MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S

LA CHUFLA Y EL ESPERPENTO
José A. Cavanillas

                                                                                                                                
                                                                                                                               

“Este país”, aún llamado España, es el colmo de los esperpentos, la constante e hipócrita doble vara de medir, en función de quién hable, quién haga. Es inaudito que los altavoces nazi-onanistas nos acusen de politizar la final de la copa del Rey a quienes reclamamos mano firme con los piteros. Pero aún lo es más que, los que nunca dicen ni “mu” y mucho menos escriben cartas indignadas contra los constantes exabruptos de los nazi-onanistas, lo hagan contra nosotros por incendiarios.

He estado viviendo más de media vida en la ciudad más bonita del Cantábrico, a 30 Km de Bilbao y como todos los españoles que peinamos canas y hemos conocido el tramo final del franquismo, he visto cómo tanto en Vascongadas y cómo en Cataluña, el deporte, la lengua, la cultura o cualquier otro evento social, han sido politizados hasta la náusea.

Viene de lejos. En 1981 llenaron el Camp Nou para cerrarles la boca a todos los ciudadanos de Cataluña que habían firmado el “Manifiesto por la igualdad de los derechos lingüísticos de Cataluña”. El fútbol, el F. C. Barcelona convertido en infame apósito del odio visceral hacia lo diferente, al servicio del grito, "Som una nació". Servía para politizar la lengua a través del deporte y a la vez, para despreciar los derechos individuales de los ciudadanos.

Sin embargo ya por entonces aquel sapo baboso, llamado Jordi Pujol denunció a los firmantes de politizar la lengua. El cinismo del verdugo que pretende pasar por víctima.

Otro tanto se puede afirmar de los equipos vacos, en donde a menudo importa más el resentimiento hacia el Real Madrid, que la propia excelencia deportiva y si este equipo vasco triunfaba, sus éxitos han venido siendo manipulados hasta el insulto al sentido común, como logros nacionales vascos contra la imposición imperialista del “españolismo”.

El rencor de mentes oligofrénicas, como las nazi-onanistas, en perpetuo maridaje con la supina ignorancia, llevan hasta los extremos del esperpéntico patetismo que venimos presenciando desde hace demasiado tiempo.

Pero el caso catalán brilla con luz propia en ruindad.

Desde entonces hasta hoy el mismo “totalitarismo tiránico postmoderno”; ellos pueden quemar banderas españolas, despreciar el himno nacional, difundir que España nos roba, acusar al Estado de expolio fiscal, hacer un referéndum ilegal por la independencia camuflado tras una consulta popular, amenazar con instituir una hacienda propia, llenar estadios con banderas, gritos e insultos contra España, votar la insumisión a las sentencias de los Tribunales para seguir prohibiendo el español como lengua docente y siempre mezclarlo todo con eventos deportivos y culturales, donde el F. C. Barcelona es más que un club.

A pesar de todo esto y más, tienen la desfachatez de acusar a otros de politizar la final de fútbol del pasado día 27 de mayo de 2017 entre el Alavés y el mencionado F. C. Barcelona, cuando fueron los propios diputados nazi-onanistas quienes primero han llamado siempre a silbar al himno nacional y convertir el estadio en clamor contra España.

No quiero ni pensar lo que pasaría si en Cataluña, en cualquier estadio, manifestación, acto cultural etc., se pitara Els Segadors y se insultara a Cataluña... Este mismo que suscribe, que jamás ha mencionado palabra ofensiva contra vascos y catalanes en general, sino más bien contra los nazis que emponzoñan la convivencia en ambas regiones españolas, ha sido amenazado en tiempos felizmente pasados y en la actualidad, ha visto cómo sus artículos son satanizados por los actuales fariseos que siempre abundan en toda época histórica: los bien-pensantes de turno…

Una generación de nazi-onanistas mal criados, mal acostumbrados, déspotas y sectarios se creen con derecho a ver los símbolos nacionales de España como indignos de ser respetados y sin embargo, tratar de ultraderechista a cualquiera que no muestre sumisión a sus ritos cavernícolas y símbolos de oligofrénicos.

Esta caterva de cabestros que se permiten el lujo de dotar de pedigrí democrático a todo lo que sirve a sus caprichos y calificar de “ultra”, “fascista” a quienes no les seguimos la corriente.

Si los nacional-sindicalistas somos la ultraderecha por defender los símbolos nacionales, en buena ley mucho más lo es el presidente de la Generalidad y todos y cada uno de los nazi-onanistas de Cataluña y Vascongadas. Han generado ya suficiente literatura política para avalar esta tesis.

En Cataluña la verdadera ultraderecha se deriva del totalitarismo nazi-onanista, porque no otra cosa es la limpieza lingüística, el sectarismo contra cualquier manifestación cultural o política españolas, el rechazo a los símbolos nacionales –nacionales españoles, se entiende, dado que no existe más Nación que España, al margen de las invenciones y los sueños delirantes de una banda de castrados nazis–, la insumisión a las sentencias de los tribunales, las amenazas y los chantajes contra la legalidad vigente o el acoso moral contra todos los que no claudiquen ante la religión nazi-onanista subvencionada...

Y en el caso de Vascongadas, huelga añadir comentarios a las vomitivas frases de aquellos racistas cargados de bajeza e iniquidad, que son o han sido Sabino Arana, el obispo Setién y Xavier Arzalluz y que continúan suponiendo el rosario con que el PNV desayuna su travestido clericalismo diario.

Los nacional-sindicalistas no nos equivocamos al cuestionar la libertad de expresión. En ningún caso lo hacemos al recordar la legalidad vigente y las consecuencias que debería tener la transgresión, en caso de que no hubiera el hipócrita cinismo que utiliza diversas varas de medir.

Dentro de la realidad legal en que estos politicastros del tres al cuarto han convertido España, tenemos nosotros tanto derecho a la libertad de expresión para defender a España como los independentistas para saltarse la legalidad. Y precisamente el saltarse la legalidad vigente es la consecuencia de la dejadez perpetua de quienes dicen defenderla. Pero los pijo-progres de la izquierda-caviar se envalentonan con nosotros.

¿Por ser nacional-sindicalistas?, ¿Por ser españoles? ¿Por no arrugarnos ante el acoso nazi-onanista?

Si es por esos detalles, ¿por qué no han redactado una carta previa, a las organizaciones subvencionadas por el Presidente de la Generalidad al enterarse que como cada vez que participan, iban a convertir la final de la Copa del Rey en un acto reivindicativo en favor de ese “derecho” a robar a todos los españoles y europeos, disfrazado de independentismo?

Si la primera vez que estas pitadas al himno y al Jefe del Estado –es decir por tanto: a toda España–, se hubieran tomado las medidas oportunas, los españoles –incluidos catalanes y vascos, por supuesto– sabríamos dónde están los límites y quiénes son los maltratadores.

Y por otra parte nos encontramos a la derechona aborregada, reclamando falsariamente una legalidad que ni ella ni el partido que la representa (PP), ni ningún gobierno de España ha defendido jamás, desde que el Jefe del Estado a título de Rey, se hiciera cargo de la más alta instancia nacional, con Franco agonizante. No olvidemos que fueron aquellos vientos de entonces, los que llevan una temporada ocasionando estas tempestades. Ni el propio Juan Carlos I, ni Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y actualmente, Mariano Rajoy, han defendido a España de sus peores fantasmas, de sus peores enemigos que no nos equivoquemos, no son los franceses, los británicos y el contencioso de Gibraltar, Marruecos o los Estados Unidos. El peor enemigo de España está dentro de la misma España y son aquellos ante quienes todos los actores políticos mencionados, al frente de sus gobiernos y de sus partidos políticos y al frente de la Casa Real y la Jefatura del Estado, han claudicado dejándoles hacer tanto cuanto les ha venido en gana, hasta el extremo de situarnos al borde de una nueva guerra civil: los nazi-onanistas con sus constantes excesos.

Excesos que por otra parte, no pagan ellos, sino que costeamos todos los españoles y comprenderá usted, amigo lector, la poca gracia que a mí me hace el remunerar en estos tiempos de crisis y en cualquier tiempo de bonanza, unas “embajadas” de Cataluña, Vascongadas o Galicia.

No, “señores” de la derechona rancia, caduca, sectaria, clasista, gangsteril, de los delincuentes habituales, de los minga fría y caga poquito. No.

Por supuesto que en buena ley de respeto democrático (algo que ni ustedes ni los suyos tienen hacia este que suscribe, hacia los nacional-sindicalistas y hacia España), acepto sus apreciaciones sobre la legalidad del himno, la bandera y cualquier símbolo de España, incluida la Jefatura del Estado que mientras no llegue la III República, es la Monarquía encabezada por Borbón. Pero es esperpéntico lo expuesto anteriormente, como también lo es que ustedes se ruboricen, habiendo sido parte activa por omisión, por “mirar para otra parte”, en el constante agravio por parte de los nazi-onanistas y los marxistas, hacia todo lo que huele a España.

Desde el estalinismo a los nazi-onanismos varios, si algo han tenido siempre en común estas religiones políticas, esas devociones laicas que ansían diluir al individuo en el magma uniforme de la masa, ha sido la capacidad para atraer hacia sí a la basura de la sociedad. Acaso de ahí la nausea moral que en todo espíritu elevado suscitan sus lerdos credos gregarios.

Escoria como (según publican algunos medios de comunicación) un tal Santiago Espot, de profesión organizador de pitadas en las finales de Copa. Empleo en el que, a falta de oficio mejor, se estrenó cuando la célebre bullanga contra el Jefe del Estado a título de Rey, según la Constitución de 1978, en Mestalla. Un despojo humano, ese pobre Espot, que compatibiliza su querencia por el gamberrismo futbolero con la que es su verdadera vocación: ejercer de chivato policial. El hijo de su puta madre, que anda diciendo que “hay que partirle la cara a quienes no hablen catalán”. Y lo dice un tipejo que no tiene ni donde soplarle una bofetada.

Pues sépase que se trata del mismo Santiago Espot que engrosa la pequeña historia local de la infamia por haber delatado a tres mil tenderos ante los comisarios lingüísticos de la Generalitat. Huelga decir que todos ellos acusados del grave delito de lesa lengua propia. Ése es el socio preferencial que eligen para exhibir su talla de estadistas ante los que todavía no les conocen.

Espot, que lo más parecido a Pavlik Morozov; aquel célebre niño que denunció a sus padres ante Stalin, que ha producido este triste rincón del Mediterráneo. Y ello pese a que los actuales nazi-onanistas anden simulando un desmarque cosmético de última hora, ante la interminable listas de atracos perpetrados por el clan de mafiosos de los Pujol, de Sandro Rosell y demás manada de ronzales.

Los nazis catalanes, ya se sabe, siempre jugando a la puta y a la “Ramoneta”.

Así a imagen del padrecito Stalin, también ellos han sabido poner a su servicio a lo más bajo y rastrero de la pirámide social.

Si bien se mira, el silbador Espot igual encarna el cutre sucedáneo catalán de la camarada Nikolaenko. La legendaria paranoica que sembró el pánico en Kiev durante la época del Terror. Miles de habitantes de la ciudad acabaron ante un paredón tras ser señalados como “enemigos del pueblo” por aquella tarada.

En fin: de antiguo viene predicándose que no cabe ser a un tiempo el Bismarck de España y el Bolívar de la Franja de Ponent. Aunque por lo visto, sí procede ejercer de Adenauer en la Moncloa y de Torrente (el ínclito y casposo personaje de las películas de Santiago Segura), en el estado Vicente Calderón.

El esperpento, a menudo jocoso, no hace en este caso ninguna gracia. Porque entre la saña de unos y la hipócrita cobardía maricomplejina de otros, España puede tener sus días contados.

                                                                                                                                

                                                                                                                                
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