MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S

LA GLOBALIZACIÓN (I)
Miguel Argaya

                                                                                                                          
                                                                                                                          

1. ¿Qué significa la palabra “globalización”? Globalizar algo es extenderlo a todo el mundo. Se pueden globalizar ideas o instituciones. Cuando se trata de ideas, no toda globalización es necesariamente perversa: la globalización del Bien, la Verdad y la Justicia, por ejemplo, no puede ser mala; más aún, es deseable. La evangelización es buen ejemplo de esto. Otra cosa es extender globalmente ideales perversos o pretender imponer una globalización institucional por encima de las soberanías nacionales, es decir, tratar de instituir un único gobierno mundial. Dada la naturaleza absorbente del poder, parece un despropósito depositar toda la soberanía de la humanidad en un único agente político, necesariamente controlado por unos pocos. La humanidad en sí, como decía José Antonio Primo de Rivera, es “una vaguedad inasequible” a la que solo podemos acceder interponiendo el amor a la Patria, más cercano y natural.

2. ¿A qué nos referimos actualmente cuando hablamos del fenómeno de la “globalización”? Hoy en día, la palabra globalización se usa para referirse al sometimiento de las soberanías nacionales a un único poder soberano o gobierno mundial regentado por tecnócratas y apoyado en la socialdemocracia, de quien dependería el control social de las masas. Es lo que conocemos como “mundialización” o “Nuevo Orden Mundial” (NOM). El objetivo primordial del NOM es instituir un nuevo sistema mundial de poder que supere y haga innecesarias las naciones, sustituidas al efecto por grandes consorcios económicos multinacionales y por una estructura política supraestatal capaz de emitir moneda, fijar directrices económicas y regular los mercados internacionales La idea que lo mueve es convertir el mundo en una gran organización internacional basada menos en la lógica política que en la de los negocios, un gigantesco trust planificado y regido por los plutócratas atendiendo a razones puramente contables.

3. ¿Cuáles son los fundamentos teóricos del Nuevo Orden Mundial? La creación de un Nuevo Orden Mundial se fundamenta en las teorías planteadas desde finales del siglo XIX por importantes fortunas familiares británicas, como las de Cecil Rhodes y los Rothschild, y norteamericanas, como los Rockefeller, los Morgan y los Carnegie, necesitadas de acabar con lo que Rockefeller llamaba “la anarquía de la competencia” e instituir un “capitalismo universal planificado”. Se apoyan para ello en prestigiosas publicaciones como The New Republic, Fortune, Forbes, The Wall Street Journal, New York Times y The Economist, en determinadas universidades, como las de Oxford, Cambridge y Harvard, y algunos pensadores políticos del momento, como Herbert Croly (The Promise of American Life, 1906) y Edward Mandell House (Philip Dru: Administrador, 1912). Dentro de esa lógica de control del mundo entendido como un gran trust, el NOM introduce y fomenta el uso de la ciencia para la fabricación de trabajadores más útiles, dóciles y productivos. De ahí su obsesión por la eugenesia, la eutanasia, el aborto, el uso de embriones en laboratorio, la manipulación genética, etc. De ahí también su odio a la Iglesia Católica, al orden natural y a las naciones históricas, que se le aparecen como principales obstáculos para sus pretensiones.

4. ¿Qué momento podemos considerar como fundacional del Nuevo Orden Mundial? El primer paso efectivo del Nuevo Orden Mundial por imponerse tiene lugar en 1910. Ese año se produce una importante reunión en la isla de Jeckil convocada por los Rockefeller, a la que asisten algunos de los más importantes magnates estadounidenses: Paul Warburg (presidente de la banca Warburg), Frank Vanderlip (presidente del Nacional City Bank de Rockefeller), y Benjamín Strong (presidente de la Banker’s Trust de Morgan). El objetivo es conquistar la Presidencia de los Estados Unidos. Para ello tienen ya fichado a su peón: un joven profesor universitario, Thomas Woodrow Wilson, a quien, en meteórica carrera, elevan primero a gobernador de Nueva Jersey (1911), luego a candidato a la Presidencia por el Partido Demócrata (1912), y finalmente a presidente de los Estados Unidos (marzo de 1913). Una de las primeras acciones de Wilson tras ser elegido presidente es lograr la aprobación por el Congreso norteamericano de una Ley de Reserva Federal (Federal Reserve Act), que instituye el primer sistema bancario central de los Estados Unidos, dos tercios de cuyas acciones quedan en manos del tándem Rockefeller-Morgan.

5. ¿Es el NOM un intento nacionalista de control mundial por los Estados Unidos? No. Como vemos, el NOM es un proyecto originalmente circunscrito a una serie de familias plutocráticas británicas y norteamericanas, y por tanto no es un proyecto nacional estadounidense. Más aún: al defender un programa internacionalista, desde su mismo nacimiento tuvo enfrente enseguida al viejo capitalismo nacionalista norteamericano, creyente todavía en la función del Estado nacional como firme retaguardia de los oligopolios y representado en aquellos años por el presidente Theodore Roosevelt y el magnate de la prensa William Randolph Hearst. Recientemente hemos visto reproducido ese combate entre clanes plutocráticos en el enfrentamiento electoral de Donald Trump (capitalismo nacionalista) y Hillary Clinton (Nuevo Orden Mundial).

6. ¿Nos ha de resultar más simpática a nosotros la plutocracia nacionalista norteamericana que la internacionalista? Obviamente no. A la plutocracia nacionalista los españoles le debemos la pérdida de Cuba, Filipinas, Puerto Rico y la España insular del Pacífico; México le debe la pérdida de Texas, Nuevo México y California; y Colombia la secesión de Panamá. El capitalismo nacionalista estadounidense es tan expansionista y colonialista como su adversario y merece la mayor de las desconfianzas. Aun así, es menos peligroso que el del NOM, sobre todo porque carece de los recursos y resortes de control social de que el otro sí dispone, y porque el NOM no es ya un proyecto específicamente norteamericano; tiene tentáculos en las propias instituciones europeas y españolas, como se ve en los listados de asistentes a las reuniones del Club Bilderberg, que es desde 1954 el centro neurálgico de la plutocracia internacionalista. Para las naciones que hemos sufrido y estamos sufriendo el peso tiránico del Nuevo Orden Mundial, la victoria electoral de Trump es un respiro, pero ese sentimiento de alivio no puede llevarnos a tratarlo como un aliado fiable. Por mucho que algunos se empeñen, el enemigo de mi enemigo no tiene por qué ser necesariamente mi amigo.

                                                                                                                         
                                                                                                                         

                                                                                                                         
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