MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S

HISPANIDAD
José Fernando Navas Ramírez-Cruzado

                                                                                                                          
                                                                                                                            

“…y las honras consisten no en tenerlas, sino en solo arribar a merecerlas”
(Alonso de Ercilla, La Araucana. Canto XXXVII)

 

Cuando se cumplen 527 años del descubrimiento de América por España, no faltarán pusilánimes españoles, que se hagan eco de las teorías, tan frecuentes como poco versadas y muy interesadas, de autores extranjeros en torno a la leyenda negra. “Y es que el amor y la afición, con facilidad, ciegan los ojos del entendimiento”.
¡Qué bien nos vienen las palabras de quien mejor utilizó la lengua española!: D Miguel de Cervantes que, curiosamente, nacía el año en que moría Hernán Cortés y a solo seis años de expirar Francisco Pizarro, los dos personajes más emblemáticos de aquella apasionante colonización española porque: “Quijote soy y mi profesión andante caballero”; y tal vez sin conocer sus dictados sea difícil entender a los españoles y a su historia tejida de grandezas y miserias.
Volveremos a escuchar las historias de los malos por quienes las necesitan para sentirse buenos. Y de nuevo se airearán los genocidios y expolios cometidos por unos salvajes aventureros españoles. Pero por fortuna sonarán cada vez con más fuerza eruditas investigaciones que contradigan sus lamentos y como dice D Quijote “Se de crédito a las obras y no a las palabras…porque la ingratitud es hija de la soberbia…y al bien hacer jamás le falta premio”.
De entrada felicitemos en esta fiesta a todos nuestros hermanos de varios continentes que fueron las Españas y mantienen nuestra lengua, nuestra religión y nuestra cultura, como la mejor herencia que pueden dar las civilizaciones. Y nos congratulamos de que sigan ahí, con nuestros mismos defectos y nuestras mismas virtudes, porque si hubiesen sido colonizados por el mundo anglosajón, sencillamente habrían sido también exterminados.
Mas, como
España, o sus mediocres representantes son incapaces de reivindicar nuestra propia historia, traemos aquí el discurso en su parlamento de Erasmus Darwin (1831-1802) miembro de la Royal Society, y abuelo del influyente naturalista Charles Darwin. Erasmus tuvo la gallardía de exponer con claridad y crudeza, las hazañas de los españoles. De aquellos hombres olvidados que escribieron, con sangre, páginas memorables de la historia de la humanidad que, pese a que a sus pocos recursos y acompañados por la Cruz, se bastaron para marcar con la bizarría de su pisada, más de trescientos años de la presencia de España:
“En mis viajes por el inabarcable imperio español he quedado admirado de cómo los españoles tratan a los indios, como a semejantes, incluso formando familias mestizas y creando para ellas hospitales y universidades, he conocido alcaldes y obispos indígenas y hasta militares, lo que redunda en la paz social, bienestar y felicidad general, que ya quisiéramos para nosotros en los territorios que, con tanto esfuerzo, les vamos arrebatando. Sus señorías deberían considerar la política de despoblación y exterminio ya que a todas luces la fe y la inteligencia española están construyendo, no como nosotros un imperio de muerte, sino una sociedad civilizada. España es la sabia Grecia, la imperial Roma, Inglaterra el corsario turco.

Cuenta Comellas[1], que los protagonistas eran gentes de armas, con una mentalidad legalista, con una gran imaginación y lectores, como D. Quijote, de los libros de caballería. Aunque gozaban de la superioridad del armamento, es en sus características personales donde hay que buscar la base de la victoria. “el valor reside en el punto medio entre la cobardía y la temeridad”, que diría Alonso Quijano.
Se dio preferencia al sur sobre el norte y la conquista del continente se hizo por la espalda, es decir que se conquistó antes la costa del pacífico que la del atlántico, en parte por haber partido la mayoría del istmo de Panamá y sobre todo porque durante algún tiempo duró el prurito de Colón de seguir explorando hacia la India.

Cuenta Martínez Lainez
[2] que, durante 300 años, soldados, navegantes, misioneros, colonos y descubridores españoles plantaron la bandera de España en fuertes, poblados, misiones y ciudades repartidos por toda América del norte, desde México hasta  la frontera de Alaska y Canadá. Porque españoles fueron los primeros europeos que avistaron el Cañón del  Colorado, cruzaron y navegaron por el Mississippi, atravesaron las llanuras de Kansas, se internaron en los desiertos de Nevada o fundaron ciudades como Los  Ángeles, Santa Fe, San Francisco, El Paso, San Luis, Pensacola, Monterrey, San  Diego, y una infinidad más de pequeñas poblaciones de las que muchas siguen conservando su nombre en español. Mucho antes de que EE.UU. existiera como nación, España había  conquistado ya el famoso "Oeste" y combatido o pactado con las principales  tribus indias. Desde Florida  a California y algunas zonas de Alaska, las banderas  de España ondearon sobre un enorme territorio que tuvo que ser defendido con escasísimos recursos militares y materiales. Todo esto se mantuvo con unos esfuerzos políticos y militares enormes, contribuyendo un montón de personajes españoles a hacer una historia apasionante, violenta en  ocasiones y casi siempre heroica.

 La última bandera española que se arrió en los actuales EE. UU. fue  en julio de 1821 en la ciudad de San Agustín de la Florida, la ciudad  más antigua de toda Norteamérica. Tiene que  llegar el año 2055 para que esta ciudad lleve el mismo tiempo bajo soberanía americana que el que estuvo bajo soberanía de España. Es una pena que esta magna obra la desconozcan la mayoría de los españoles, desgraciadamente los políticos actuales y sus colaboradores y asesores también la desconocen, pero estos no tienen perdón.

Pero, como decía D. Quijote: “Confía en el tiempo que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades, y la verdad siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua”.

Uno de los estudios más interesantes de la colonización española en Norteamérica fue el presentado en 1915 por
Mr. Charles Fletcher Lummis[3] gran historiógrafo americano y profundo conocedor de los indios, nacido en Lynn, Massachusetts en 1859.
"Realizaron un record que no tiene igual; pero nuestros libros de texto no han reconocido ese hecho, aunque ya no pueden negarlo por más tiempo... Somos amantes de la humanidad; y los exploradores españoles de ambas Américas constituyeron la más amplia, grande y maravillosa hazaña de la humanidad en la historia."

 “Algunos exploradores hubo en la América del Sur cuyas proezas fueron tan asombrosas como las de Cortés en Méjico. La conquista de los dos continentes fue casi contemporánea, e igualmente notable por el más elevado genio militar, el más impertérrito valor, y por haber salvado peligros espantosos y penalidades que eran casi sobrehumanas.
De Pizarro escribiría: Francisco Pizarro, el analfabeto pero invencible conquistador del Perú, fue uno de los grandes capitanes que han existido, y casi tan notable como organizador y como ejecutivo de un nuevo imperio, que fue el primero en la costa del Pacífico de la América del Sur. Además no causó ni con mucho tanto derramamiento de sangre como la sujeción final de las tribus indias de Virginia y fue mucho menos sanguinaria, porque era más abierta y honrosa que cualquiera de las conquistas de Inglaterra en la India Oriental”.
Allí trazó con su espada la raya en el suelo que solo pasaron los 13 de la fama: "Camaradas y amigos, de aquel lado está la muerte, las privaciones, el hambre, la desnudez, las tempestades; de este lado está la comodidad y la molicie. Desde este lado vais a Panamá a ser pobres; del otro lado vais al Perú a ser ricos. El que sea valiente castellano, que escoja lo preferible."
“¿Tuvo nunca el lector conocimiento de un heroísmo más grande? ¡Solos, aprisionados por el gran mar, con muy pocos alimentos, sin buques, sin ropa, casi sin armas, había allí trece hombres, empeñados todavía en conquistar un país salvaje tan grande como toda Europa! Hasta el parcial historiador Prescott admite que “en todos los anales de la caballería no se encuentra nada que lo aventaje”.
La Batalla de Cajamarca con derrota y captura de Atahualpa, que atacaba con 50.000 guerreros, merece estar en el cuadro de honor de las victorias más memorables de la historia militar. Una victoria que la escasez de medios hizo más gloriosa, porque contaba solo con 167 hombres, de los que apenas 67 iban montados, 2 pequeños falconetes y 3 viejos fusiles de chispa.

“Sus conquistas se extendieron en una comarca tan vasta como los Estados de California, Oregón y una gran parte del de Washington, y en una tierra donde abundaban los indios mejor organizados y más adelantados del hemisferio occidental; y esto lo llevó a cabo con menos de trescientos hombres harapientos y desgarbados”.

Desde su primer desembarco, Pizarro impuso la más estricta disciplina. Sus soldados debían dar a los indios buen trato, so pena de los más severos castigos. No debían ni siquiera entrar en un hogar indio, y si se atrevían a desobedecer este mandato eran rígidamente castigados. Este régimen liberal y bondadoso para con los indios lo adoptó Pizarro desde un principio, y lo mantuvo con firmeza. Con ello seguía las directrices de un reino que ya en el testamento de Isabel la Católica figuraba el respeto y el cariño por los súbditos indios.
No es casualidad que la Universidad de San Marco fundada en 1551 sea la más antigua de América, aunque, en Perú, los más cruentos sucesos ocurrieron después de la conquista, cuando los españoles empezaron a pelear unos contra otros; y entonces Pizarro no fue el agresor, sino la víctima. Todo se debió a la traición de sus propios aliados, de los hombres a quienes había procurado fama y fortuna.

Frente a quienes hacen apología de una gran civilización inca están testimonios como el de Hernando Pizarro que, cuando entró en Jauja, se encontró con una plaza decorada con cabezas, manos, y lenguas de los vencidos huancas
[4]. La realidad inca era un efímero imperio belicoso y sanguinario, que apenas duró un siglo escaso, donde pueblos sojuzgados quisieron escapar de su tiranía aceptando a los españoles.

Lummis asegura que “no constituían ninguna nación, sino un conglomerado de tribus indias sujetas por el miedo a una tribu más fuerte que, desde su ciudad de Cuzco salían a matar y robar a sus vecinos”.
Atahualpa bajó desde Quito con sus guerreros indios y tuvo varios combates, haciendo finalmente prisionero a su hermano Huáscar, a quien encerró en el fuerte indio de Jauja y posteriormente lo ejecutaría. En una sangrienta guerra civil se hallaban los incas, cuando Pizarro se dirigió al interior”.

El filantrópico historiógrafo americano Lummis
[5] no se cansa de admirar a Pizarro: “Poseía no tan sólo las cualidades de los héroes y que, por fortuna, son muy comunes, sino también la intuición y la certera finalidad del genio. Con menos perspicacia que Napoleón, porque era menos instruido, pero tan grande como él en su decisión, y más grande que él por sus principios, fue uno de los hombres más insignes de todas las edades”.

Del mismo modo el mundo anglosajón reconoce a Hernán Cortés como uno de los grandes generales de la Historia y la conquista de Méjico es reconocida por Jeremy Black que le dedica varias páginas en el libro de las 70 grandes batallas de todos los tiempos.
Y más allá, todos los imperios asiáticos llamaban al Pacífico el “Mar Español”, mientras que la
cartografía española guardada en Manila, y tomada por los ingleses en 1762, llevó a James Cook al «descubrimiento» de Hawái después de 250 años de navegación española por aquellas aguas.
¡Qué enorme diferencia con
Andrew Jackson!, que se comportó como el presidente genocida y populista cuyas políticas exterminaron a miles de indios[6]. Fomentó en 1830 la “Ley de desplazamiento forzoso” de los nativos americanos con el objetivo de expulsarles de sus tierras. Anteriormente, en 1812 combatiendo con un ejército de 50.000 hombres a los indios Creeks, había demostrado su odio hacia los nativos, a los que «cazaba» con sus soldados, independientemente de que fueran hombresmujeres o niños. Exterminó a más de 800 indios, pues para él no eran personas, sino «perros salvajes», como solía afirmar.
También oiremos argumentos inverosímiles sobre las emancipaciones; pero, según acertada síntesis de Alfredo Vilches, la mayoría de los textos sobre las independencias hispanoamericanas afirman que las provincias españolas de América en los momentos previos a las emancipaciones tenían un nivel de vida muy superior a muchas ciudades europeas y a las de los Estados Unidos del momento. Que los movimientos independentistas no contaron con el apoyo de la población criolla ni indígena que, o fue realista o fue enrolada por los libertadores a la fuerza. Que las sublevaciones fueron iniciadas y fomentadas por las ambiciones de poder de ciertas clases dirigentes. Que sin el apoyo inglés que creó los líderes y participó con fuerzas militares, no hubiesen llegado las independencias. Pero, lo más significativo es que se destrozó algo que funcionaba razonablemente bien para sustituirlo por muchos trozos que nunca han conseguido levantarse. Y, en definitiva, que si no se hubiese roto Hispanoamérica con idioma, religión y cultura común, hoy sería un país con un importante puesto en el mundo.

¡Qué pena que tanto esfuerzo se perdiera por discordias civiles  internas de los españoles, por la invasión napoleónica de España y por el  aprovechamiento que de ello hicieron tanto ingleses, como franceses y los recién nacidos  EE. UU.!
Luego cada cual cuenta la historia como le conviene; todos los americanos saben que los franceses ayudaron a la independencia de las colonias contra Gran Bretaña, y sin embargo desconocen la participación española que fue, como poco, igual a la de los franceses en medios de ayuda
militar y económica. Finalmente se ha reconocido la importancia de Gálvez y su victoria de Pensacola que ya ocupan su lugar de honor en la historia de los EE.UU.
Pero el olvido no solo es imputable a la cultura anglosajona, que por anotarse victorias menosprecia la cultura española, “En la lengua consisten los mayores daños de la vida humana…y cada uno es como Dios lo hizo y aún peor muchas veces”, decía D. Quijote. La culpa es de los propios españoles que somos incapaces de reivindicar nuestra historia, aunque “Más vale la pena en el rostro que la mancha en el corazón”.

Decía Modesto Lafuente
[7]: “No se cansan los españoles de pelear contra los enemigos de su libertad y su fe; se cansan pronto de mirarse como hermanos. No los fatiga una guerra perpetua; los fatiga el subordinarse entre sí”.

¿Cómo es posible que un pueblo tan belicoso como el español haya sido siempre conquistado, en todo y en parte, por galos, romanos, cartagineses, vándalos, moros? preguntaba el embajador florentino Francesco Guicciardini al rey Fernando el Católico.  “La nación es bastante apta para las armas, pero desordenada, de suerte que sólo puede hacer con ella grandes cosas el que sepa mantenerla unida y en orden”. ¡Qué sabia reflexión del gran rey que consiguió la unidad y el orden es España!
Y en esas estamos; poco conocemos de nuestra vieja, noble y sabia historia y, en consecuencia, poco podemos aprender, de poco sentirnos orgullosos, y muy poco sabemos honrar a nuestros héroes y a nuestros muertos, mientras otros se tragan su envidia para reconocer la valía de nuestros antepasados.
Hoy como ayer, gobernados por ineptos y corruptos, que se sirven del poder, pero no saben servir a su pueblo que les da el poder, apenas salvan el prestigio un puñado de modestos soldados, que sirven a la bandera que llevan en su brazo y en su corazón. Y así hicieron siempre conquistando con sangre imperios que sus gobernantes nunca supieron administrar. Ellos, como genuinos representantes de un gran pueblo, seguirán practicando una religión de sacrificio absoluto, de culto al honor y de cumplimiento del deber.  Son “los hijos que conservaren de sus padres la nobleza, y que merecen mayor grandeza que el que por si la ganare”, como se repetía en aquella Galicia feudal.
Tampoco podemos dejar de mencionar a nuestros hermanos portugueses, con quienes un día supimos descubrir y repartimos el mundo, sin olvidar que vivimos cuarenta años bajo la misma corona, con similares hazañas, cuajadas de bizarría, coraje y valor. Tal como dijo Luis de Camöes: “As armas e os baröes assinalados que da occidental Praia lusitana, por mares de antes nunca navegados, em perigos e guerras esforçados, mais do que prometía a força humana, e entre gente remota edificaram Novo Reino que tanto sublimaram”.
Esa es la grandeza que encontramos en la melancólica añoranza de nuestra reflexión. Como nos recordaba nuestro monarca en su coronación:
“hemos sido grandes cuando hemos sabido adaptarnos a la realidad”.
Dejemos que termine Cervantes sentenciando que: “La verdadera nobleza consiste en la virtud, y la virtud es más perseguida por los malos que amada por los buenos”  “Después de las tinieblas espero la luz…y donde una puerta se cierra otra se abre”.

 

NOTAS

[1] José Luis Comellas. Historia de España Moderna y Contemporánea 1474-1967. Ediciones Rialp. Madrid 1973
[2] Fernando Martínez Lainez y Carlos Canales Torres. Banderas Lejanas
[3] Los exploradores españoles del siglo XVI, vindicación de la acción colonizadora española en América. Charles Fletcher Lummis. Editorial Araluce. Barcelona 1922
[4] La conquista de América contada para escépticos. Juan Eslava Galán. Editorial Planeta. 1919
[5] Los exploradores españoles del siglo XVI, vindicación de la acción colonizadora española en América. Charles Fletcher Lummis. Editorial Araluce. Barcelona 1922
[6] ABC digital Historia
[7] Historia General de España. Modesto Lafuente

                                                                                                                          

                                                                                                                         
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