MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S 

LA LÓGICA DE LOS CIPAYOS
Santiago Alcalá

                                                                                                                           
                                                                                                                         

No es mi intención ponerme a disertar acerca de los mercenarios indios que en los siglos XVIII y XIX servían en determinados ejércitos, principalmente el británico, sino más bien referirme a su segunda acepción, esto es, la de secuaz a sueldo, voz despectiva.
Hay quien cree y sostiene que estamos trufados de extraterrestres -cuando la gente deja de creer en verdades trascendentes, termina creyendo en la primera gilichorrada que se le presente- aunque uno, que es muy prosaico, ha llegado a la conclusión de que más bien estamos rodeados de cipayos. Es decir, de personajes y personajillos al servicio de intereses no sólo ajenos a los de nuestro país, sino las más de las veces, incompatibles.

En los últimos tiempos estamos asistiendo a dos fenómenos que, aunque puedan parecer similares, en el fondo son muy diferentes y me permitiré usar una conocida expresión de un -por entonces- presidente del Gobierno español: ‘distintos y distantes’. Me refiero a las convulsiones secesionistas de Escocia y Cataluña. Son dos realidades muy diversas, aunque al común de los ciudadanos le pueda parecer otra cosa.
Escocia fue un reino independiente invadido y dominado por los ingleses, mientras que Cataluña jamás ha sido independiente, sino una parte vital del Reino de Aragón, cuyo protagonismo histórico en la fundación de la realidad política, histórica y jurídica que conocemos como España, es innegable. En su día, el Gobierno británico decidió autorizar el referéndum sobre la independencia de Escocia y uno de los argumentos más utilizados por el primer ministro David Cameron fue que si Escocia decidía abandonar el Reino Unido, quedaría fuera de la Unión Europea, pues su pertenencia a la misma venía dada por el hecho de ser un territorio británico. Al final los escoceses adoptaron la decisión de permanecer dentro de la Gran Bretaña. Tengo que decir que más allá de las tensiones y la mala relación entre el Reino Unido y España por el enconamiento del contencioso de Gibraltar y otros motivos, a mí no me hubiera producido satisfacción alguna la ruptura del Reino Unido, ni me parece que la quiebra de un Estado nacional europeo constituya precisamente una buena noticia para nadie, salvo para los eurócratas de Bruselas y los testaferros del nuevo orden mundial. Así que la decisión escocesa de permanecer dentro de la corona británica fue lo menos malo que podría haber pasado. El gran problema de Londres es que en sus juegos malabares, mister Cameron se lanzó a otro referéndum sobre la pertenencia británica a la Unión Europea y, como es sabido, lo perdió. Consecuencia: quienes ejercen el gobierno autónomo de Escocia dicen sentirse defraudados y reclaman otro referéndum de autodeterminación.
Cuando alguien no tiene claros los fundamentos de la identidad nacional y recurre a argumentos tan impresentables como decir que irse del país equivale a quedar fuera de la UE, las consecuencias no son precisamente positivas. La amenaza de salida de la UE es algo tan peregrino como amenazar a los escoceses con que quedarán fuera del festival de Eurovisión y de la Champions League de fútbol... qué horror eso de no poder lanzar eurogorgoritos, ni ver al Celtic o al Rangers jugando con el Real Madrid, el Bayern Münich, la Juventus o el Barcelona. Salir del país supone salir de todas partes, de la OTAN, de la UEFA, de la FIBA, del COI... y hasta de la ONU. Después viene el proceso de intentar incorporarse como nuevo país a los organismos internacionales, pero eso es de cajón. Utilizar como leit motiv de la unidad la pertenencia a la UE implica reconocer que no existe motivo alguno de índole superior e independiente que justifique la pertenencia de un territorio -en este caso Escocia- a un Estado nacional, en este caso el Reino Unido. Porque después resulta que los británicos deciden usar eso tan devaluado que conocemos como soberanía nacional y abandonar la Unión Europea dando lugar al tan traído y llevado ´Brexit´. Entonces, ¿qué diantre le dices a los escoceses? ¿Que la reina Isabel II tiene un castillo estupendo en Balmoral y que al príncipe de Gales le gusta lucir el kilt. ¿Que al primer ministro le gusta el salmón y que el duque de Edimburgo sazona su mala leche con el mejor whisky escocés? El drama está servido.
Sencillamente, una importante parte de la clase política británica no tiene nada claro el valor de Gran Bretaña por sí misma, más allá de su vinculación a cualquier organismo internacional. E ignorar lo que los británicos han aportado a la Humanidad -por mucho que algunas cosas no nos gusten nada- ya es ignorar. Y si el ignorante es quien tiene las riendas del Gobierno del país, la cosa deviene en dramáticamente peligrosa.

Lo que ya resulta absolutamente imperdonable es que el Gobierno de España -como les gusta decir en la propaganda institucional- haya hecho exactamente lo mismo en el caso de Cataluña, que jamás fue independiente, sino un territorio del Reino de Aragón, cuyo protagonismo en la construcción de España fue y es estelar.
¿Ignora el presidente del Gobierno lo que España ha aportado a la Humanidad a lo largo de los siglos? ¿Lo sabe y le importa un bledo? ¿No cree que existan razones objetivas que justifiquen la vinculación de Cataluña con el resto de España más allá del puro interés material del momento y de la pertenencia a un organismo internacional? ¿Qué hubiera pasado si la señora Le Pen hubiera ganado las elecciones presidenciales francesas y el país galo hubiera optado por abandonar la UE y detrás de él Dinamarca, Finlandia o Suecia? La Unión Europea habría volado –políticamente hablando- por los aires... cosa que no descarto que pueda suceder a medio plazo.
Entonces, ¿qué le dices a los catalanes? ¿Que la butifarra, el salchichón de Vic y el fuet de Olot están de miedo? ¿Que la escudella y el pan amb tumaca están muy ricos? ¿Que el cava y el vino del Penedés son maravillosos? ¿Que qué bien juega el Barça? ¿Les das más dinero? ¿Presionas a Hacienda para que deje en paz a Leo Messi? ¿Pones firmes a los jueces para que se olviden del clan Pujol?¿Convences al Real Madrid para que se deje ganar las próximas veinte ligas y quince Champions? ¿Obligas a Felipe VI -conocido colchonero, por cierto- a que presida los actos del 12 de Octubre con la barretina y la camiseta azulgrana?
La clase política española hace mucho tiempo que dejó de creer en España como nación soberana, unida e independiente, entre otras cosas porque están al servicio de cosas que nada tienen que ver con el interés nacional de España y que la mayor parte de las veces resultan completamente incompatibles con el mismo.

Otra cosa de la que yo no me fiaría demasiado es del supuesto apoyo comunitario a España en el contencioso de Gibraltar. En estos momentos, la cúpula de la UE -es decir, el Gobierno alemán, a cuyo servicio nos han puesto los dos últimos presidentes del Gobierno- desea apretarle las clavijas a los británicos con el objeto de disuadir a futuros díscolos y utiliza todo cuanto se le pone a mano, incluyendo el asunto gibraltareño. Pero según vaya avanzando la negociación UEReino Unido, la eurocracia hará lo que estime más oportuno para su interés oligárquico y corporativo... y cuando lo que la UE espere del Reino Unido sea de mayor tamaño y entidad que lo que necesite de España, ya comprobaremos cómo su apoyo ‘incondicional’ en lo de Gibraltar, mengua a pasos agigantados. No perdamos de vista que el Foreing Office ha reconocido recientemente la gran ayuda recibida en época reciente de la UE con respecto a Gibraltar, pues la Unión decidió apoyar al Reino Unido al considerar que estaba siendo hostigado por un elemento extraño y hostil... que curiosamente era España, miembro de la Unión. ¿Está seguro el plasmarote -sí, plasmarote, por su dependencia del plasma- de La Moncloa que eso no volverá a ser así? Pues si quienes supuestamente nos apoyan ahora nos consideraron un elemento extraño y hostil hace nada... más nos valdría tentarnos la ropa y reconsiderar unas cuantas cosas.

Los políticos al uso están al servicio de sí mismos, de su bienestar personal, de su lucro, de su avaricia y de su vanidad. Y eso pasa por ponerse al servicio del poderoso, del interés foráneo, dando la espalda a quienes han cometido el error de auparles al poder... aunque sea un poder nominal y ficticio. Ellos están a otras cosas y eso se les nota hasta en el más nimio de sus actos, consecuencia de lo que les ronda por la cabeza, que no es otra cosa que la lógica de los cipayos.

                                                                                                                         

                                                                                                                         
A Página Principal

NUEVO CRITERIO - MILENIO AZUL
Apartado de Correos 47  -  15080 La Coruña, España
milenioazul2000@yahoo.es