MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S 

LA GRAN ESTAFA
Santiago Alcalá

                                                                                                                           
                                                                                                                         

Este comentario y/o reflexión empezó a fraguarse el pasado día 10 de junio, cuando el diario “El País” publicaba un artículo de Javier Cercas titulado “La gran traición”. En él, tras hacer un repaso a la situación de Cataluña, el articulista llega a la conclusión de que todo es una inmensa estafa, una siniestra tomadura de pelo en la cual el Estado español es copartícipe junto con el nacionalismo separatista. El 20 de junio, Antonio Robles le dedicaba -bajo el título “Cercas, bienvenido a la realidad”- su artículo en “Libertad Digital”. Ambos articulistas han llegado a la misma conclusión que un servidor, expresada de manera reiterada en este foro: la amenaza separatista existe porque el Estado central quiere que exista y ese Estado es el enemigo público número uno de los catalanes y vascos que defienden la integridad territorial de España.

Veo que no es una simple figuración mía, lo cual si por un lado me alivia, por otro me produce una enorme preocupación, sobre todo porque estamos ante uno de esos casos en los cuales tener razón no produce satisfacción alguna. Ojalá pudiera decir que estamos ante una mala interpretación de la realidad por mi parte, que me habría llevado a expresar conclusiones erróneas, porque sólo yo sé cuánto me agradaría estar equivocado en este asunto. Pero desdichadamente, creo que no lo estoy en absoluto. El Estado central es el primo de zumosol del nacionalismo separatista, el cual poco tendría que rascar sin esa malsana complicidad.

Los sucesos del 1 de octubre de 2017 fueron posibles porque el Estado -gobierno y oposición- miró hacia otro lado ante los constantes avisos de lo que iba a suceder. No sólo no hizo nada, sino que su actitud consistió en reforzar políticamente de manera consciente y deliberada la sedición que se anunciaba a los cuatro vientos, así como financiarla abundantemente a cargo del erario público, es decir, de todos los contribuyentes de cualquier lugar de España. Se gastaban el dinero de todos en montar embajadas y chiringuitos, medios de comunicación al servicio de la rebelión y en financiar el golpe y como eso significaba que la Generalidad no podía sostener los servicios más elementales -el gran perjudicado fue la sanidad pública catalana- en seguida aparecía el cómplice o cooperador necesario de las tropelías autonómicas -es decir, el Estado español- y sacaba de apuros a los conspiradores pagando puntualmente sus facturas con el dinero que debería haber sido empleado en otras partes de España. No se pueden hacer ciertas obras públicas en Murcia o en Galicia, porque hay que pagarle los vicios y los desvaríos a la clase política golpista. El sistema de pensiones cruje y el déficit aumenta... pero nunca falta liquidez para rellenar los agujeros de la Generalidad ni para engordar cada vez más el tinglado de Ajuria Enea. Se congelaron pensiones y sueldos públicos, se paralizaron inversiones, se recortaron prestaciones sociales, se le pegó un tijeretazo tremendo a la inversión en I+D, se puso el sistema educativo -ya de por sí precario- bajo mínimos. No digo que a las Fuerzas Armadas poco les faltó para armarse con garrotes y tirachinas, pero sí que hay problemas para realizar las prácticas, maniobras y adiestramiento necesarios. Obras públicas imprescindibles para combatir la sequía en el sur o comunicar adecuadamente Galicia con el resto de España, fueron aplazadas cuando no directamente desechadas por falta de medios... pero el dinero para quienes fraguaban una agresión al ordenamiento jurídico, a la convivencia civil y a la integridad territorial –y no se privaban de cacarearlo- nunca faltó. Hay que decirlo alto y claro: el Estado español -”Espanya ens roba”- ha saqueado y robado al conjunto de los españoles para subvenir a los caprichos y arbitrariedades de la casta golpista catalana y del tinglado desafecto vasco. El Estado español es una gigantesca maquinaria dedicada a expoliar a los españoles para engordar a conspiradores, traidores y golpistas. Y para rescatar a bancos en quiebra que jamás devolvieron un céntimo.

Allá por el año 1984, el Gobierno presidido por Felipe González -personaje que hoy se las da de crítico y patriota- intervino directamente para salvar la cabeza del entonces presidente de la Generalidad, ese personaje apellidado Pujol, tan aficionado él a practicar el senderismo financiero en Andorra. Lo cuenta Jiménez Villarejo, quien por cierto, cuando tendría que haber hablado calló como un muerto. Aún hoy, el senderista y su conventual -por aquello de la madre superiora- cónyuge parecen intocables.

En 1996, José Mª Aznar -ese gran patriota de hojalata, que diría cierto exministro gallego- fue investido presidente del Gobierno con el apoyo parlamentario de CiU y PNV, tras entregarles la cabeza de Vidal-Quadras y reducir -por exigencias nacionalistas- a su propio partido a la casi marginalidad en Cataluña y Vascongadas. Les entregó un montón de competencias y dicen las malas lenguas que hasta llegó a hablar catalán, eso sí, en la intimidad.

En 2004, Rodríguez Zapatero, burlándose de la Constitución y del Estado de Derecho, le dice al establishment político-financiero catalán que promoverá la reforma del Estatuto de Autonomía y que dará por buena cualquier cosa que decidan los nacionalistas, a sabiendas de que no era jurídicamente posible. Pero el caso era proporcionar munición dialéctica a la rebelión que se fraguaba. Zapatero promete, los nacionalistas hacen y luego aparecen los tribunales españoles para cargar con el papel de malos de la película y agresores de Cataluña.

De 2017 sólo diré que estuvimos muy cerca del desastre y que sólo la intervención -sé que hay gente a la que fastidia que diga esto, porque por lo visto hay que seguir el guión y el cliché predeterminado... pero yo no sirvo para guiones y clichés, qué le vamos a hacer- del Rey -muy mal recibida por el Gobierno del incalificable Rajoy- el pánico de miles de empresas que huyeron de Cataluña y la alarma de una Unión Europea que se enfrenta al Brexit y que no deseaba el efecto dominó que provocaría una hipotética secesión catalana, paralizaron la catástrofe que el Estado central no quiso evitar. Las órdenes que las fuerzas de seguridad recibieron para actuar el infausto 1-O eran demenciales y sólo conseguían alimentar el relato victimista y fantasioso del separatismo. Tras aplicar con toda clase de reticencias y vaselina el artículo 155 de la Constitución -hay que significar que durante todo el tiempo que duró la ¿intervención? de la Generalidad, los nacionalistas continuaron haciendo lo que les dio la gana, las escuelas públicas catalanas siguieron adoctrinando en el odio al resto de España y los medios públicos -TV3, RAC, etc.- no dejaron de incitar a la desafección ni un solo minuto de un solo día, ni los Mozos de Escuadra cesaron en su papel de milicia política del régimen golpista autonómico... todo ello bajo la presidencia de Soraya Sáenz de Santamaría y financiado con el dinero de todos los españoles.

No contentos con ello, en pleno proceso secesionista, convocan apresuradamente unas elecciones autonómicas a las que pudieron concurrir libremente las organizaciones involucradas en una intentona golpista y por lo tanto, en un delito.

Pero aún vendría la famosa moción de censura que significaría el final de la era Rajoy -excelente noticia- y el inicio de la era Sánchez, desastrosa noticia. Esa moción selló la alianza del PSOE con los políticos golpistas y con los restos del entorno abertzale.

Hay quien no comprende que el nacionalismo separatista es parte del sistema establecido, niño mimado de la casta político-financiera en el poder. Y fuera de ese sistema estamos los ciudadanos con espíritu crítico, por mucha bandera que se cuelgue en los balcones y por muy legales que podamos ser: ésta NO es nuestra casa, es la de ellos, la de los golpistas y desafectos generosamente regados con el dinero de todos. Ellos forman parte del sistema -y por lo tanto, disfrutan de los beneficios del mismo mientras que nosotros, los ciudadanos de a pie, no. El Estado español es un amigo y valedor de los enemigos de España, mientras es abiertamente hostil a los españoles con conciencia de serlo. Es el mismo Estado que impone como bandera oficial vasca, la ikurriña, que es un símbolo partidista representativo del nacionalismo, o como himno de Cataluña ese cántico separatista titulado “Els Segadors” que habla de hacer escabechinas con los castellanos... un himno cuya letra ya podría considerarse como un delito de incitación al odio, el mismo Estado que convierte a nacionalistas y separatistas en representantes únicos y cualificados de determinados territorios, otorgándoles un plus de legitimidad tan falaz como aberrante. Es su Estado, no el nuestro, es su aliado y por lo tanto, nuestro enemigo. Que quede bien claro.

Por ello me llamó la atención el artículo de Javier Cercas y su teoría -que es la mía- del engaño, la traición y la estafa. Y por supuesto, coincido con Antonio Robles en que es bueno que alguien se dé de bruces con la realidad y adquiera conciencia de su elemental perversidad. Es una gran traición, por supuesto, pero sobre todo, un timo, un engaño, la constatación de la verdadera naturaleza corrupta del Estado central, el perpetrador de la gran estafa.

                                                                                                                         

                                                                                                                         
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