MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S

EL CEBO
Santiago Alcalá

                             

Basta con abrir un periódico, conectar la radio o el televisor, o acceder a internet para recibir toda clase de información acerca de actos, concentraciones y manifestaciones de todo tipo. Por un lado se manifiestan quienes defienden una serie de derechos sociales y laborales: trabajadores, pensionistas, víctimas de las estafas bancarias -porque, llamémosle a las cosas por su nombre, de estafa y no de otra cosa podemos calificar la venta de productos-basura que los bancos han vendido a sus clientes a sabiendas de que no valían nada- defensores de los inmigrantes o gente que protesta contra la prostitución, esa forma de esclavitud tan ancestral como actual. Tampoco faltan los que se manifiestan contra el Estado español y contra el marco de convivencia común, interpretando -erróneamente- que España es incompatible con la identidad y la cultura de sus respectivas comunidades y regiones.

Por el otro, salen a la calle manifestantes contra el terrorismo, contra el separatismo, en favor del derecho a la vida y de la familia, en apoyo a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, a favor del endurecimiento de las condenas para cierto tipo de delitos y un largo etcétera.

En ambos bandos existen causas no sólo respetables, sino enormemente justas y perfectamente defendibles. Porque no puedo dejar de preguntarme si la defensa de los derechos sociolaborales de trabajadores y pensionistas es incompatible con la oposición al terrorismo y al separatismo; si la protesta contra la impunidad bancaria se contradice con la defensa de la vida y la familia; o si la oposición al racismo y a la xenofobia acaso entra en colisión con la defensa de la unidad e integridad territorial de España.

A mí me apetece asistir a un sinfín de concentraciones y manifestaciones de uno y otro lado del espectro social y político, pero hace tiempo que he adoptado la decisión de dejar de hacerlo y sólo volvería atrás por razones muy graves, puesto que tras cada una de esas expresiones, existen insanos intereses partidistan capaces de manipular en beneficio propio hasta lo más noble. Porque surge otra inquietante pregunta: ¿son intercambiables los manifestantes de uno y otro signo? Hace tiempo, cuando nuestra sociedad no estaba tan radicalizada y enferma como en la actualidad, la respuesta era que en gran parte sí. Ahora mismo, lo pondría muy en duda. Porque la sociedad española, siguiendo un impulso no sé si atávico o fatalista -o quizá gregario- se ha dividido en dos bandos aparentemente irreconciliables. Dicen que en Cataluña y Vascongadas la convivencia entre compañeros de trabajo, familias e integrantes de cualquier colectivo existente se ha vuelto muy difícil: no es cierto del todo, porque esa convivencia resulta complicadísima en todo el territorio nacional. En Cataluña y Vascongadas es, sencillamente imposible... salvo que una parte de la sociedad renuncie de forma implícita a sus derechos y libertades y se haga a un lado. Una actitud diferente te conduce a la exclusión social y al estigma, cuando no a convertirte en el objetivo de agresiones y cosas aún peores. A tal respecto podemos afirmar que, lejos de normalizarse la vida pública en esas comunidades, esa situación de confrontación social se está extendiendo a toda España, cuya vida política se está batasunizando a marchas forzadas.

Defender el idioma gallego, vasco o catalán, no puede ser sinónimo de rechazo a la lengua común de todos los españoles y así lo ha venido entendiendo gran parte de una ciudadanía que se ha expresado tradicionalmente en sus lenguas vernáculas sin prejuicio alguno contra quienes lo hacen en castellano o español. Y quienes hablan indistintamente en uno y otro idioma. Y quienes mantienen un fuerte sentimiento territorial identitario sin dejar de considerarse españoles en ningún momento. De la misma forma que defender la lengua común de todos los españoles no debe identificarse jamás con una actitud hostil hacia las lenguas y culturas vernáculas.

Pero resulta que por una esquina han aparecido los separatistas y por la otra los separadores y como buenos genios de la disgregación, le han dicho a las buenas gentes de Cataluña, de Vascongadas, de Galicia, de Navarra, de Baleares, de Levante, de Canarias... es decir, de España en sus diversas manifestaciones: “Ni se os ocurra hablar en castellano o español o estaréis colaborando con el Estado opresor de vuestra tierra”. O lo no menos absurdo de: “Si habláis cualquier cosa que no sea castellano o español, os convertís en separatistas y enemigos de España”. ¡¡Como si España fuese algo amorfo y diferente a la rica variedad cultural y social que la compone!!

Lo mismo podemos decir de quienes albergan razonables preocupaciones -y en ocasiones- rebeldías sociales -como un servidor- y al mismo tiempo se identifican con grandes valores morales, nacionales, familiares -como asimismo un servidor- etc. Rebelarse contra la injusticia y oponerse al abuso del fuerte sobre el débil, no sólo es una actitud propia de personas decentes y honestas, sino que constituye una insoslayable obligación moral de cualquiera que no desee convertirse en un egoísta y/o en un canalla. E identificarse con los grandes valores es indicativo de una conciencia limpia y un alma grande.

Pero aparecen por las esquinas las malditas izquierdas y derechas y le dicen a la buena gente: “Ni se os ocurra poner una bandera española en el balcón o pisar una parroquia salvo que seáis unos fachas”. Y desde la otra esquina, les dicen: “Pero ¿de qué protestáis? ¿No veis que le hacéis el juego a los rojos? Aguantaros y mirad hacia otro lado, no hay alternativa”. ¡¡Como si los grandes valores e ideales pudiesen tener vigencia al margen de la justicia y del respeto a los derechos de las personas!!

Porque todavía hay quien sostiene que la derecha y la izquierda representan la libertad y el pluralismo, cuando tal cosa dista mucho de ser cierta: tanto dista que resulta que es una puñetera mentira. La derecha y la izquierda se han convertido en enemigos mortales de la libertad que ahogan, del pluralismo que encorsetan y de la democracia que han sustituido por una partitocracia opresiva, ineficaz y corrupta. Y curiosamente, esas derechas e izquierdas tan supuestamente pluralistas y democráticas han terminado casi siempre por conducirnos a situaciones de tiranía y ausencia de libertad, así como a dolorosísimos conflictos civiles que sin esas derechas e izquierdas jamás se hubieran producido. Reconocer algún valor a unas y otras equivale a aceptar su exclusivismo representativo político en detrimento del resto de la sociedad, su control asfixiante de cualquier manifestación colectiva, su secuestro indecente de los ideales y valores de la ciudadanía y asumir que debemos partir nuestra conciencia y nuestra alma por la mitad y renunciar a una de ellas: es tan infantil como confundir el pensamiento político con el forofismo deportivo, o eres del Madrid o del Barça... o parafraseando al escritor manchego Francisco García Pavón cuando le coló un gol a la censura diciendo que España era un país de partido único: Real Madrid-FC Barcelona. Porque eso es precisamente lo que intenta el entramado partitocrático -siempre al servicio de causas no sólo ajenas, sino terriblemente nocivas para el interés colectivo de los españoles- de manera tan intransigente como desesperada: convencernos de que fuera de ellos no existe nada.

Pues yo, desde mi humildad, les digo que eso es mentira, que fuera del entramado partitocrático, no sólo hay vida, sino vida sana y abundante, lejos de la asfixia institucional de quienes pretenden controlar cuerpos y mentes... cosa que sólo conseguirán si nosotros se lo permitimos. Porque hay que ser muy cobarde y/o estar muy intoxicado para permitir que sindicatos, asociaciones patronales, colegios profesionales, asociaciones civiles, deportivas, culturales, vecinales... y hasta religiosas, puedan estar controladas e intervenidas por ese entramado mafioso que ha empezado por secuestrar la democracia, desplazando la soberanía del pueblo al aparato de los partidos, estableciendo un indecente exclusivismo representativo, agravado para mayor escarnio por el sistema de listas cerradas y bloqueadas. Ellos no forman parte de la solución, sino del problema, hasta el punto de representar el origen del problema mismo.

Por ello, permítanme apelar al sano patriotismo popular que se manifiesta en multitud de acontecimientos y en diversidad de manifestaciones, a la justa rebeldía social espontánea frente a la injusticia, al noble amor a la propia tierra, a sus usos, costumbres, cultura y lengua, sin perjuicio de identificarse con la Patria común e indivisible de todos los españoles que reconoce la vigente Constitución. A la defensa de grandes valores morales y familiares sin menoscabo alguno del respeto a minorías y circunstancias personales que jamás deben desplazar aquellos valores que han permitido construir toda una civilización. A la convivencia familiar, vecinal y laboral sin perjuicio alguno de las legítimas discrepancias y diferencias de opinión. Porque todo ello conforma el marco necesario para convivir y realizarnos como personas y ciudadanos, integrando la esfera de lo individual -derechos- y de lo social -deberes- articulando una sociedad sana y vital.

Y que nadie pretenda convencerme de que para enfrentarse al entramado partitocrático que ha usurpado la democracia es preciso sumarse a iniciativas que unos califican de populistas y que yo denominaría totalitarias sin ambages: porque esos cantos de sirena no son más que una variante radical y especialmente ominosa de ese entramado mafioso que padecemos y que al mismo tiempo que lleva a efecto su labor destructiva -nada hay que interese más a la clase política que los enfrentamientos entre ciudadanos- y usurpadora, crea el supuesto antídoto para que piquemos y consumamos su producto-basura, que es mortal de necesidad. La espontaneidad popular que discurre por vías civilizadas es vital y saludable: los potingues populistas de derecha e izquierda, no son más que un dañino e indigno cebo.

                                                                                                                                

                                                                                                                                
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