MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S

TIEMPO DE VOLUTAS (II)
Santiago Alcalá

                             

Si en la primera entrega del presente artículo hacía una reflexión acerca del estado general de nuestro entorno internacional -tomando como referencia las afirmaciones de Zygmunt Bauman sobre los ´tiempos líquidos´, me centraré ahora en los comportamientos colectivos de nuestros compatriotas. Y seré breve, por dos razones: en primer lugar, porque ya me he extendido bastante sobre la cuestión en la primera parte del artículo; segundo, porque no pretendo descubrir arcanos misterios ni tengo una varita mágica para solucionar los problemas. Los españoles no somos seres de otro planeta, pertenecemos por derecho propio a una cultura y civilización occidentales de las cuales somos miembros fundadores... así que lo que nos pasa es lo mismo que a los demás, pero con determinados matices. Mi relato es tan sólo eso: una constatación general y por encima de ciertos estados sociológicos, más que nada para que no caigamos en la tentación de vivir en mundos ideales e imaginarios.

Desde el anterior número de esta publicación, han sucedido bastantes cosas que en principio no estaban en el guión de este artículo. Una de las más llamativas ha sido el archifamoso autobús naranja de determinada plataforma, concretamente ´HazteOir´. Como los españoles no nos distinguimos precisamente por hilar fino, sino que según todos los indicios, hemos devenido en el ´vulgo municipal y espeso´ de Ortega y Gasset, ausente de la Historia reciente y omnipresente en la barra del bar sentenciando a diestro y siniestro, hemos asistido a algo tan lamentable como predecible. Por un lado, la indignación políticamente correcta de la mayoría social. Quienes crean que esa indignación es superficial o se debe a falta de información, se equivocan. El rechazo a ciertas cosas es muy real y no se debe a falta de información -que también se da- sino a una inculturación muy profunda en antivalores. Y esa situación no es pasajera ni fruto de un mal momento colectivo, sino que constituye un dramático giro de 180º de la sociedad española en lo concerniente a sus valores y fundamentos básicos. Es una perversión, sí, pero ha venido para quedarse. Así de crudo.

¿Acaso vamos a olvidar que cuando el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero impuso la asignatura de Educación para la Ciudadanía los padres objetores no sólo se enfrentaban a la imposición político-administrativa, sino sobre todo a la voluntad de los centros educativos, cuando no a las iras de los padres y de esas asociaciones florero de padres y madres de alumnos, cuya utilidad suele, con harta frecuencia, ser nula? ¿Que el rechazo a la objeción de conciencia no sólo era político sino sobre todo social?

Allá por el 2005 asistí a la manifestación contra la ley sobre ´matrimonios´ homosexuales que el Gobierno terminó aprobando y que convocó el ´Foro Español de la Familia´ en Madrid. Como no tengo por costumbre ni exhibirme ni esconderme, aún recuerdo la profunda incomprensión que generó mi decisión a mi alrededor. Y si sólo hubiese sido incomprensión... pero fue también conflicto, enfriamiento de relaciones sociales, fuertes discusiones que yo no busqué en ningún momento. No rehúyo la batalla porque sería un acto de cobardía, pero no la busco porque sería una actitud temeraria propia de un psicópata y/o un narcisista. Creo que la confrontación es una fatalidad que debemos estar dispuestos a asumir con valor, entereza y dignidad y con mucha firmeza... pero la confrontación por la confrontación sólo puede agradar a personalidades enfermizas. El objetivo más noble de las relaciones sociales no es el enfrentamiento, sino la convivencia. Quienes me tratan dicen que soy bueno polemizando -si ellos lo dicen, será verdad- pero les aseguro que la polémica no me gusta. Es más, verse obligado a vivir en un permanente estado de confrontación termina pasando factura y no precisamente leve.

La mayoría social que se ha indignado contra el autobús naranja era perfectamente consciente del adoctrinamiento obligatorio de los niños en ideología de género, agenda LGTB y otras minucias que pueden ser consideradas sin exageración alguna como corrupción de menores institucionalizada y a gran escala. Los anuncios que decían -en flagrante y anticientífica contradicción con las leyes de la naturaleza y la más elemental realidad biológica- que ´los niños tienen vulva y las niñas tienen pene´ no suscitaron rechazo alguno, salvo algún episodio esporádico como en Navarra o algunos casos vascos. Y no lo suscitaron porque la mayoría social está de acuerdo con eso, y lo está de forma muy contundente. Repito: así de crudo.

Por otra parte tenemos a la minoría social que ha apoyado el famoso autobús, supongo que con la mejor de las intenciones. Creo que conozco mucho mejor que la mayoría al entramado de ´HazteOir´ y cómo funcionan. En el pasado he llegado a asistir a algunos actos organizados por ellos, sobre todo por una de sus ramas más activas como es ´Derecho a Vivir´. Hasta que uno se entera y se informa. Y entonces toda colaboración con ellos cesó. No voy a entrar en si son o no eso que se da en llamar ´El Yunque´, aunque sí diré que hay resoluciones judiciales e intervenciones episcopales al respecto, no estamos hablando de una fantasía.

La gente de ´HazteOir´ está muy presente en partidos políticos como ´Vox´ o el mismísimo Partido Popular, así como en una amplia gama de formaciones ultras y de otro signo. No sólo se oponen al aborto, a la ideología de género y al lobby LGTB –lo cual me parece estupendo- sino a cualquier cosa que huela a social. Es decir, que los postulados de ´HazteOir´ son difícilmente compatibles con el ideario de este foro. Sus campañas incluyen una defensa numantina del liberalismo capitalista puro y duro.

Para ser tan católicos como dicen ser, lo que propugnan no parece demasiado compatible con la DSI (Doctrina Social de la Iglesia). No están muy contentos con el Papa Francisco -pontífice polémico donde los haya habido- pero es que tampoco están precisamente en la línea de las encíclicas sociales de León XIII, Pio XII, Juan Pablo II o Benedicto XVI, por mencionar a pontífices difícilmente tachables de progres en el sentido que se le da normalmente al término.

Un día me pidieron que me dirigiera al Partido Popular amenazándoles con no volver a votarles si no derogaban la reforma de la ley del aborto de Zapatero. Para empezar, a mí no me ilusiona la ley como estaba antes -creo que todo aborto es un crimen y un gravísimo fracaso humano y social- y me da la impresión de que los tiros iban por ahí, por dejar las cosas como estaban antes de Zaapatero. Además, ¿cómo voy a amenazar con no volver a votar a un partido al que no he votado nunca? Pero no, ellos seguían en sus trece: había que dejarle bien claro a Rajoy que sin derogación no hay voto, pero si cumplían su promesa electoral, entonces sí, habría que votarles. Y como no salían de ese círculo vicioso, opté por no hacerles caso. Como tienen mi dirección de correo electrónico, siguen inundándome de peticiones que en muchos casos resultan bastante esperpénticas. No voy a ponerme a contar aquí la actuación de algunos de sus miembros con actitudes de amenaza y campañas de calumnias. O te apartas para que puedan colocar a uno de los suyos o vete preparándote. Ignoro si la asociación comparte esos comportamientos o no, pero que muchos de sus miembros incurren constantemente en ellos, es un hecho.

Con el famoso autobús naranja han conseguido concitar adhesión incondicional y rechazo virulento, cargándose cualquier intento de hacer pedagogía serena sobre el particular. Su estrategia de la confrontación funciona: o estás con ellos, o estás contra ellos, no admiten matices. Y si no estás con ellos, es que eres un traidor, un proabortista y un cómplice de los LGTB. Como soy perfectamente consciente del estado de ánimo que han logrado generar, también lo soy de la incomprensión que estas líneas generarán en algunos lectores.

Desde luego, con ´amigos´ como ´HazateOir´, ¿quién necesita enemigos? Y para redondear el drama, además de semejantes ´amigos´, no nos faltan racimos de enemigos. Porque si hay algo que tengo muy claro es quién es el enemigo y quién no es amigo.

No era mi intención dedicarle la segunda parte del artículo ni a mis no-amigos de ´HazteOir´ ni a su autobús cítrico, pero considero que lo sucedido en las últimas semanas constituye un ejemplo claro del estado de disolución social y moral en el que nos encontramos y de la dramática circunstancia de responder de forma completamente errónea, de plantear batallas en el terreno propicio al enemigo. De lo que tenía intención de tratar en esta segunda entrega, hablaré en una tercera que no estaba prevista, pero como dicen los profesionales de la comunicación, la actualidad manda.

                                                                                                                                

                                                                                                                                
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