MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

T E M A S

¿TABARNIA O LOS MUNDOS DE NARNIA?
José Manuel Lestón

 
                          

Servido está el debate, gracias a las tensiones generadas por un alocado procés y también a la débil respuesta del Gobierno ante el envite separatista. Como siempre los ciudadanos, por acción u omisión de las autoridades, son las víctimas. En cualquier caso, nos encontramos ante tres posiciones a desglosar muy brevemente.
Por un lado se encuentran los mal llamados “constitucionalistas o unionistas”, que quieren que Cataluña siga formando parte de España. En el otro bando están los separatistas, que ilusoriamente viven en “los mundos de Narnia”, bajo una construcción conceptual, que proyectan, denominada “países catalanes” (Comunidad valenciana, Islas Baleares, Franja de Aragón-zona oriental, el Rosellón, la Alta Cerdaña, y Andorra). Y por último, un concepto nada nuevo pero bastante innovador desde un punto de vista político, en el que se engloban todos aquellos que pretenden “dar la Tabarnia” al separatismo, para evitar la secesión o cuando menos reducirla a una pequeña cuota territorial. Recordemos que Tabarnia (territorio catalán de mayoría constitucionalista) según sus promotores comprendería una serie de comarcas de Tarragona y Barcelona (Baix Camp, Alt Camp, Tarragonés, Baix Penedés, Alt Penedés, Garraf, Anoia Española, Baix Llobregat, Bages Español, Vallés Occidental, Vallés Oriental, Barcelonés, Maresme, y Selva Española).

Barcelona is not Catalonia
La idea de sus promotores (Barcelona is not Catalonia-Plataforma por la autonomía de Barcelona) consistiría en independizarse de Cataluña (haya o no independencia de ésta) para formar su propia comunidad autónoma, integrada formalmente por Tarragona y Barcelona, es decir, por aquello que se conoció como Condado de Barcelona. Como se aprecia, el planteamiento administrativo que hoy nos ocupa tiene una bandera y una extensión geográfica concretas.
Bajo este neologismo, creado a partir de esos dos nombres, se enmarca una especie de unionismo-constitucionalismo disgregador del separatismo, con el mismo pretexto del derecho a decidir o autodeterminarse libremente. Digamos que este sentimiento bien podría ser una derivación más atrevida del tradicional constitucionalismo, con el fin de mantener ciertos territorios dentro del mismo. En eso básicamente consistiría esta tercera posición, ya que las dos primeras por ser de todos archiconocidas no merecen mayor explicación.
Según la petición planteada en change.org en relación a Tabarnia, que va por 201.000 firmas e in crescendo, lo que se defiende, que reproduzco textualmente a continuación, es lo siguiente:

Tabarnia es una región histórica que abarcaba lo que ahora es geográficamente Tarragona y Barcelona. En el pasado fue también conocido como condado de Barcelona.
Actualmente es una región que se diferencia en muchos aspectos al resto de la comunidad autónoma a la que pertenece.
Políticamente se posiciona como constitucionalista y partidaria de seguir dentro de España incondicionalmente.
Nosotros tenemos un déficit fiscal negativo con Cataluña, nuestro voto vale 3 o 4 veces menos con respecto a Girona y Lleida, y creemos firmemente que a nuestras empresas no les interesa la independencia. Es malo para el turismo y la convivencia. Reclamamos el derecho a decidir si queremos o no formar una nueva autonomía española que nos aisle de la amenaza independentista.
Tenemos como ejemplo la comunidad autónoma de Madrid. Ésta fue parte de Castilla y actualmente es uno de los motores de España.
Reclamamos al congreso de los diputados el derecho a decidir ser una nueva comunidad autónoma dentro España e independiente de Cataluña”
.

No me negarán que la propuesta cuando menos suscita cierto interés. Sin embargo, no estamos ante un fenómeno nuevo. Este tipo de planteamientos siempre surgen en oposición a cualquier nacionalismo excluyente y disgregador. Ya hace décadas que en el P. Vasco desde Unidad Alavesa (con Pablo Mosquera a la cabeza) se hablaba muy racionalmente de la posibilidad de los alaveses de independizarse del resto del territorio ante la consecución futurible de una Euskadi independiente, como argumento válido a esgrimir tanto en el debate político como en el social, si verdaderamente el derecho a decidir o autodeterminarse de un supuesto pueblo se impusiera de manera forzosa y antidemocrática.

Comprometido todo el alegato de autodeterminación
Ante esta irrebatible argumentación el nacionalismo obviamente ve comprometido todo su alegato de autodeterminación, pues niega ese falso derecho, que ellos mismos se arrogan, a quien libremente quiera ejercerlo o promoverlo, viéndose retratada en el espejo de manera diáfana toda su incoherencia ideológica. Lo mismo se escuchaba en Donostia-San Sebastián hace unos cuantos años a la hora de combatir ideológicamente al separatismo vasco. Sólo como apunte, nada anecdótico, cabe destacar el declive del independentismo en Canadá (caso de Quebec) gracias a la Ley de Claridad. En dicha ley se prevee la divisibilidad de Quebec, facilitándose así que las  poblaciones que lo deseen de aquel territorio puedan solicitar separarse del mismo también mediante referéndum, con el mismo espíritu de apertura con el que se acataba la divisibilidad de Canadá. Por tanto, la propuesta de Tabarnia va por esa línea.
Volviendo al hilo del presente párrafo se hace necesario señalar que cada territorio según los diferentes niveles administrativos tiene su dimensión, que no hace falta expandir o acortar, pues ello conlleva fácilmente divisiones internas de carácter político, social y administrativo que a nadie convienen. En cualquier caso sólo el acortamiento del territorio, que es el caso que nos ocupa, sería defendible si ello llevase aparejado una reconstrucción del conjunto del mismo, dentro de España y del actual Estado Autonómico que hoy disfrutamos, integrando a las personas, justo lo que el separatismo catalanista excluyente no quiere mantener por su insolidaridad manifiesta. Ante una incipiente y posible ruptura del modelo territorial que defiende nuestra Constitución no veo inconstitucional que una entidad territorial menor pueda separarse de un separatismo disgregador para después asumir la norma constitucional ilegalmente abolida por éste.
Y si a eso añadimos los artículos 143 y 144 de la Constitución, podemos encontrarnos con que, llegado el caso y bajo ciertas condiciones, las propias Cortes Generales pueden autorizar, mediante ley orgánica y por motivos de interés nacional, la constitución de una comunidad autónoma, incluso de un Estatuto de autonomía para ciertos territorios. No sólo existe el 155. Por otra parte, anexionarse obras de arte, archivos, tantos por cientos, incluso territorios por culpa de la inmersión lingüística, no es la mejor manera de universalizar una cultura que dicen defender, pues la parte afectada nunca aceptará toda vía impositiva que le impida ejercer libremente su ciudadanía, esa misma por la que todos somos libres, sin necesidad de oportunismos supremacistas ni federalismos asimétricos de turno. Tampoco es la mejor forma de cumplir con el mandato constitucional. De ahí que todavía queden artículos constitucionales que garantizan las libertades de todos, no las de unos pocos.
Qué manía, siempre  primando los privilegios de ciertas oligarquías y familias en detrimento de los derechos humanos del hombre, derechos que lo convierten en ciudadano en vez de vasallo. Al final el pancatalanismo, en su genuina voracidad, se comporta como una matrioska que va añadiendo varias figuras para conformar una, grande, y no libre. El envoltorio es muy bonito para aquel que se autoengaña con los mundos de Narnia prometidos por el seudo-catalanismo imperante, pero es precisamente de esa Cataluña narniana de la que huyen masivamente las empresas. De ahí que por oposición, no por imposición, surjan iniciativas tanto para reformar un sistema electoral equitativamente poco representativo como para preservar la actividad empresarial y turística reinante.
España se ha ido conformando a lo largo de los siglos por agregación, no por disgregación. De ahí su diversidad y pluralidad, que choca frontalmente con el elemento disgregante -y nada aglutinante- que hoy representa todo nacionalismo “separatista”, y también con la concesionista transición que gestamos, culpable de crear una unidad territorial artificial, a base de sobornar a los nacionalismos con un mayor grado competencial o por la vía económica, sólo para mantener una lealtad desleal.

Inspirada en la Ley de Claridad de Quebec
Tengan en cuenta una cosa: para restaurar esa trastocada unidad histórica no basta con apelar a la Constitución del 78. Hace falta algo más, como por ejemplo corregir los defectos de nuestra Carta Magna. Y esto no consiste en reformar el texto supremo de nuestro ordenamiento jurídico para conceder aún más privilegios a aquellos que ofenden continuamente la norma constitucional, simplemente porque de hacerse así se cerraría en falso la herida que pretendemos sanar. Tampoco se curarán las heridas si el planteamiento aquí aludido se hace excluyendo al oponente. Lo que hagan unos no nos tiene que impedir forjar la tan necesaria integración y reconciliación de las personas allí enfrentadas. Sólo desde esta convicción el planteamiento de Tabarnia podría ser respetable, además de estar inspirado en la Ley de Claridad para el caso de Quebec. Sin embargo, un referéndum “a la catalana” no respetaría el derecho a decidir de las poblaciones o territorios que quisieran bajo un nuevo refrendo continuar dentro de España. Esa inseguridad jurídica significaría realmente una mayor fuga de empresas de la ya existente. Sería un refrendo rupturista y centralizador, esto último justo es lo que aparentemente pretenden combatir. Aquí tenemos una clamorosa incoherencia que resulta claramente antidemocrática. ¿Qué pueblo es el que decide, el que los nacionalistas deciden o el pueblo soberano?
Recordemos que el Valle de Arán también ha manifestado públicamente su oposición a formar parte de una Cataluña independiente. Algo tendrán que decir al respecto ¿no? ¿O es que ésa fábula de los mundos de Narnia, un cuento fantástico, irreal, cuya doctrina ha sido inoculada en las aulas durante décadas, y desde la infancia, mediante un calculado adoctrinamiento, hay que tragársela sin más? Piensen que ante el panorama desolador que deja cualquier nacionalismo excluyente este tipo de propuestas pueden expandirse o imitarse en otras partes de España. De momento, y para escarnio del separatismo catalán, Tabarnia ha traspasado fronteras en cuanto a la prensa internacional se refiere.
Como ven el concepto de Tabarnia es más serio de lo que parece y trasciende más allá de su planteamiento formal, tan válido y democrático como cualquier otro, aunque para unos sea una utopía y para otros una broma. Cierto es que ya hay gente dispuesta a desactivar tal propuesta, y no única y precisamente los nacionalistas. Para los amigos de lo “políticamente correcto” es otra vía de frentismo. Sin embargo, no necesariamente debiera serlo, siempre y cuando se articule sin exclusiones. Si vamos al terreno comparativo… el concepto de “países catalanes”, además de ser una aberración desde un punto histórico, y un dislate en toda regla, bien podría considerarse ciertamente como una broma, si no fuera por el carácter excluyentemente expansionista que supone su puesta en práctica. Y qué me dicen de aquellos inventos de Sabino Arana llamados “Euskadi” e “Ikurriña”. En cualquier caso, se trate del proyecto que se trate, como ya dije más arriba, hay que poner en valor lo positivo, sin menospreciar a nadie. Por otra parte, la solidaridad interterritorial estará comprometida si se entra en el debate de las balanzas fiscales, incluso entre territorios de una misma comunidad autónoma. Hay que dejar a un lado la política del agravio, eso de que “quién paga más y quién recibe menos”, o viceversa. La solidaridad no puede ser nunca simétrica, igual para todos, al tener que ser equitativa, pues siempre habrá desigualdades. Por contra, los derechos de los ciudadanos en cualquier territorio sí deben ser iguales, simétricos. Como todo en la vida es cuestión de sentido común.

Los nacionalistas, ante el espejo de sus contradicciones
En resumen, con este tipo de iniciativas, inspiradas en el modelo canadiense, los nacionalistas se ven en el espejo, viendo al mismo tiempo sus propias contradicciones, lo cual les molesta sobremanera, al quedar sin argumentos y al descubierto. Además no pueden oponerse a que otros funcionen mancomunadamente en un sentido contrario al suyo, pues tanto en el P. Vasco como en Cataluña los nacionalistas funcionan a través de diversas entidades y de igual forma, sólo que lo hacen para la Independencia (por ejemplo, la asociación de municipios). Lo que ocurre es que a diferencia de los nacionalistas, que van siempre unidos, a pesar de sus tensiones internas,  proyectos como Tabarnia se arrastran por manifiestas y preclaras desventajas. El desinterés de los partidos supuestamente constitucionalistas, entregados a un pactismo posibilista que les asegure la poltrona. O la desactivación de este tipo de proyectos por su parte. Incluso la falta de proyecto del propio Estado. La desmotivación de la gente derivada de ese desinterés. La relevancia o no del movimiento asociativo que apoye el proyecto. Si es firme en sus convicciones o no, si tiene o no una agenda o un calendario de actividades finalistas y conjuntas, si está o no bien estructurado, si hace o no buenas campañas publicitarias, si se moviliza o no, y si es subvencionado o no (y a costa de qué). El dinero, la financiación es muy importante (que se lo digan a Omnium y a la ANC, ¿verdad?). Y un poder mediático, los medios de masas, que venden realidades contrarias. Resumiendo, ese proyecto se topa con todas esas dificultades y más.
Sin embargo, no hay que menospreciarlo. De la misma forma que hubo un movimiento de ciudadanos mayoritario en Cataluña en contra del procés, en las pasadas elecciones catalanas, también existe un movimiento detrás de lo que hoy supone Tabarnia. La gente está muy harta, tanto dentro como fuera del territorio catalán. Quien sepa verlo y sepa encauzar este fenómeno será profeta en su tierra. Es indudable que hay un espacio político, electoralmente hablando, que alguien pudiera ocupar, con el fin de atender las necesidades de aquella población, aunque dicho movimiento sea transversal. Pero la cuestión es saber si esa “marca política” ad hoc permanecerá localmente, estilo Unidad Alavesa, circunscrita a su limitada realidad geográfica, o será utilizada para reforzarse a nivel nacional. De momento el número de adhesiones en la sociedad catalana es amplio si atendemos a las entidades que apoyan esta propuesta, como también es grande la acogida en el resto de España. Curioso es que ya se empiecen a ver en los balcones banderas tabarniesas, como las banderas españolas que hubo hasta hace poco y que aún persisten. Incluso en las redes sociales se puede ver más de un perfil tabarnés y eslóganes como “Vizca # Tabarnia Lliure”. Sólo hace falta echar en Twitter un vistazo al hashtag #Tabarnia para ver la magnitud de esta manifestación.

Viabilidad económica innegable
Por último, en el plano económico, la viabilidad de Tabarnia es innegable por la especifica área geográfica que controlaría, aunque en el mapa pueda parecer Gaza o Cisjordania, por la falta de continuidad territorial en relación al resto del estado español, aunque su salida al mar resulte importante y su aeropuerto también (verbigracia las Canarias). Es curioso ver cómo los secesionistas oponen al concepto de Tabarnia el de Catabarnia, (Cataluña) como si esa zona fuera la Jerusalén que conformase dos modelos antagónicos, de tal manera que el primero supondría el “área metropolitana” de Barcelona, mientras que el segundo conformaría la “región metropolitana” de dicha urbe. Por otro lado, Lleirona surge en oposición a Tabarnia… y así podíamos seguir.
Al final, de momento, hemos ido del Catalexit al Tabarnexit, todo por la influencia de un separatismo excluyente. No lo olvidemos.
A ver cómo queda la cosa. ¡Feliz año y salud para todos!


 

¿Tabarnia o los mundos de Narnia?
José Manuel Lestón
Ramblalibre

                   

 
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