MILENIO AZUL
Círculo Nuevo Criterio

 

ACTUALIDAD


FARSA CRIMINAL
La ideología de género con respecto al sexo se basa en la famosa frase de Simone de Beauvoir, en “Le deuxième sexe”: “Una no nace mujer, la hacen mujer”, completada poco después con la afirmación: “uno no nace varón, le hacen varón”. Los antecedentes de esta ideología hay que buscarlos en el feminismo radical y en los primeros grupos organizados a favor de una cultura en la que prima la despersonalización absoluta de la sexualidad. Este primer germen cobró cuerpo con la interpretación sociológica de la sexualidad llevada a cabo por el informe Kinsey, en los años cincuenta del siglo pasado. Después, a partir de los años sesenta, y como uno de los frutos de Mayo de 1968, fue alentado por el influjo de un cierto marxismo que interpreta la relación entre hombre y mujer en forma de lucha de clases, y así se ha extendido ampliamente en ciertos ámbitos culturales. El proceso de ‘deconstrucción’ de la persona, del matrimonio y de la familia, ha venido después propiciado por filosofías inspiradas en el individualismo liberal, así como por el constructivismo y las corrientes freudo-marxistas, en particular las teorías de W. Reich y H. Marcuse.
La autora feminista radical Amelia Valcárcel distingue tres olas feministas:
la primera consistió en la teorización de la igualdad entre los sexos; la segunda se manifiesta en la conquista de determinadas libertades públicas y privadas: el derecho al voto y a la participación política, la libertad de elección de estado y el derecho al acceso a la educación superior. En la tercera ola, los temas son el poder y el sexo: ésta es la fase en la que el feminismo radical se convierte en ideología de género, una ideología de corte totalitario y basada en el odio.
Pero, desgraciadamente, en la actualidad es este feminismo radical el que se ha adueñado del movimiento feminista. Sus defensores, como W. Reich, Simone de Beauvoir, H. Kentler, M. Sanger, G. Greer, K. Millet, S. Firestone y H. Marcuse, intentan llevar la libertad sexual al máximo. Para ellos no hay ningún criterio discriminante entre lo lícito y lo ilícito, lo normal y lo anormal, siendo, por tanto, permisibles y moralmente iguales todas las relaciones sexuales voluntarias, significando para ellos el ser responsable tan sólo el tomar precauciones contraceptivas a fin de evitar embarazos no deseados y siendo la obtención del placer el principal objetivo de la sexualidad, que cada uno puede tratar de alcanzar según le venga en gana. La permisividad absoluta, el rechazo de toda moral que no identifique bien con placer y el naturalismo biológico son el denominador común de este tipo de corrientes. Empieza a desarrollarse esta ideología, sobre todo en las Universidades de Estados Unidos entre 1967 y 1975, amparándose en la concepción marxista, pero sustituyendo la lucha de clases por la lucha de sexos y siendo la destrucción de la familia el objetivo principal a conseguir.
¿Cuáles son las consecuencias prácticas de esta ideología? La mayor parte de los psiquiatras te dirán que sus consultas están llenas de «liberados sexuales». ¿Qué podemos esperar de unos chicos y chicas que a los trece años ya se han acostado juntos y que están constantemente cambiando de pareja en la cama? ¿Es que nos podemos creer que de los adolescentes y jóvenes promiscuos puede salir algo? Y que conste que este último interroganteafirmación no es mío, sino de Lenin.
Pero de este desastre tampoco se han librado muchos de los teóricos de esta ideología. Nietzsche terminó sus días en un psiquiátrico, W. Reich murió en una penitenciaría psiquiátrica, diagnosticado de paranoia y esquizofrenia progresiva, Kinsey era sadomasoquista y pedófilo, Althuser estranguló a su esposa, Bataille fue partidario del satanismo orgiástico, Foucault tuvo varios intentos de suicidio, era politoxicómano y padecía una grave enfermedad del sistema nervioso, Margaret Sanger terminó internada en una clínica con delirio alcohólico, K. Millet era una enferma mental con tendencias suicidas, Shulamit Firestone pasó varios años en una clínica psiquiátrica, E. Fischer, M. Drago y E. Frankfurt se suicidaron. Y es que la naturaleza no perdona.


GUERRA INTERNACIONAL EN SUELO VENEZOLANO
La tarde-noche del sábado 26 de enero, luego del ríspido debate en Naciones Unidas por el caso Venezuela, uno de los canales de televisión abierta de la Ciudad de México difundió una miniserie de dos capítulos, titulada "Inundación". Los estelares recayeron en Robert Carlyle, Jessalyn Gilsig y Tom Courtenay.
El argumento giró en torno a una ola gigantesca que arrasa con amplias zonas de Londres, la capital de Inglaterra. En los primeros minutos de la segunda parte, un personaje secundario reclama a otro, que es de los principales, debido a que la incertidumbre ocasionada por el fenómeno estaba provocando pérdidas a la Bolsa de Valores de Nueva York y al dólar de los Estados Unidos.
Este episodio en particular revela, indirectamente, parte de lo que ocurre en Venezuela, en la vida real: prevalece el interés económico y financiero sobre la vida, la integridad y la dignidad de las personas.
Por ello, los gobiernos de Nicolás Maduro y de Donald Trump acordaron darse un plazo de 30 días para negociar la apertura de una oficina de intereses entre ambos países. El propio Maduro dijo que seguirá vendiendo el petróleo venezolano a los Estados Unidos.
La crisis del país sudamericano no radica precisamente en la lucha de dos bandos internos, el socialista representado por Maduro, y el neoliberal, que tiene como cabeza, en este momento, a Juan Guaidó.
El origen de la inestabilidad que tiene a Venezuela al borde de la guerra civil (con sus secuelas de muerte, terror, inflación, desabasto de alimentos y medicinas, racionamiento y un exilio descontrolado de personas) está en el choque frontal entre élites mundiales y la rivalidad de éstas con la potencia emergente de Irán.

Las fuerzas en pugna

Por un lado, está el sionismo, cuyas cabezas visibles son el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu; el ex secretario de Estado de los Estados Unidos, Henry Kissinger; el multimillonario y zar de los casinos, Sheldon Adelson; el clan Rockefeller; el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el yerno de éste, Jared Kushner.
Por otro, está el mundialismo, que tiene como jefes principales a la banca de los Rothschild; al multimillonario especulador George Soros; al ex primer ministro israelí, Ehud Barack; al ex presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y al matrimonio Clinton.
El tercero en discordia es Irán, enemigo declarado de Israel -y por lo tanto, de las élites mundiales antes citadas-, pero aliado del socialista venezolano Nicolás Maduro. Irán, por otro lado, tiene vínculos con el Hezbollá, que lucha contra el Estado sionista desde el Líbano.
El sionismo, con el apoyo de su vertiente evangelista, se ha hecho con el poder en naciones latinoamericanas como Brasil (con Jair Bolsonaro) y Guatemala (con Jimmy Morales). En este momento, está detrás de la senadora uruguaya Verónica Alonso, quien buscará la presidencia de esa república sudamericana. Venezuela, por lo tanto, ampliaría su área de influencia en el continente americano.
La guerra civil en Venezuela le convendría a los mundialistas porque les permitiría obtener enormes ganancias (vía créditos y especulación), al tiempo que catalizaría la migración de venezolanos para subir de grado el reto a su enemigo Donald Trump, a quien quieren sacar a toda costa de la Casa Blanca.

La migración venezolana contada en millones se dispara para todas partes de América, cohabitando con los nacionales de cada país e indirectamente empujando a los centroamericanos hacia Estados Unidos.

Por lo demás, el mundialismo tiene presencia importante, por ejemplo, en el gobierno de Mauricio Macri, en Argentina, y manipula el éxodo de migrantes centroamericanos hacia los Estados Unidos.
Rothschild y Soros cuentan, además, con dos aliados clave en el gobierno de México: el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, y la secretaria de Gobernación (encargada de los asuntos internos del país), Olga Sánchez Cordero.
Y así como en Argentina cohabitan mundialismo y sionismo (con preponderancia del primero), así sucede en México. La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, es una pieza fundamental del sionismo inmobiliario que se incrustó en el aparato de poder del presidente de izquierda, Andrés Manuel López Obrador.
El muy ameritado analista internacional de nacionalidad argentina, Diego Pappalardo, nos explicaba que Irán es ya un centro de gestión internacional que preocupa en primera instancia a Netanyahu y a algunos estamentos del Pentágono que simpatizan con el sionismo. Dejar a Maduro en Venezuela sería una afrenta para Netanyahu por dos razones:
1. Por el éxito geopolítico de Irán en Venezuela y sus consecuencias en el equilibrio de fuerzas en el Medio Oriente.
2. Por la debilidad en que lo colocaría frente a los fabianos mundialistas.
En síntesis: a Netanyahu le conviene que Juan Guaidó asuma la presidencia interina de Venezuela; a Rothschild y compañía, también, a partir de la especulación financiera y el estallido de la guerra civil. Unos y otros mueven sus piezas, sin importarles el sufrimiento y el sacrificio extremo del pueblo venezolano.

Los demás involucrados

a) Donald Trump, presidente de los Estados unidos: si el sionismo se queda con Venezuela, Trump y su yerno, Jared Kushner, ganarán fuerza ante los demócratas que militan en el bando encabezado por Rothschild y Soros. Si ocurre lo contrario (que Maduro se sostenga y consolide), los demócratas le echarán el mundo encima para buscar su destitución o evitar que se reelija.
b) Vladimir Putin, presidente de Rusia: la caída de Maduro representaría para Rusia la pérdida de una posición geopolítica clave en América del Sur. Esto sería explotado por la oposición que tiene el número uno del Kremlin en su nación. En cambio, la salida de Maduro beneficiaría a las células del Pentágono que quieren la guerra en Venezuela (para beneficiar con ventas de miles y miles de millones de dólares al complejo militar-industrial instalado en EE.UU.).

Cabe apuntar, por lo demás, que Colombia -país cuyo gobierno es enemigo del régimen Nicolás Maduro- se incorporó a la OTAN en calidad de socio el año pasado. Este ejército pannacional tiene en suelo colombiano una excelente base de operaciones para su probable guerra contra Venezuela.

c) Xi JinPing, presidente de China: si Maduro cae, China pierde un pie de playa en su estrategia de penetración económica en América Latina. En cambio, la derrota de Maduro significaría un éxito para la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que es el brazo armado, el ejército multinacional del mundialismo, que fue derrotado por Rusia, Irán y Hezbollá en Siria. (El pasado 25 de enero, en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, Soros calificó a Xi JinPing como un peligro para la libertad).

En términos geocomerciales, China precisa mucho del petróleo venezolano. En términos de afinidad ideológica, Xi Jinping recibirá críticas por el segmento chino comunista y afín a Caracas si no hace algo para sostener a Maduro. Si China pierde Venezuela, su penetración económica también seguirá en otros países de la región.

Conclusión

Una expresión cabalística dice: “El enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Esto aplica para el sionismo y el mundialismo porque ambos son enemigos de la Cruz y los dos buscan implantar un gobierno mundial persecutor del verdadero cristianismo. Su esencia, pues, es la misma. Sionistas y mundialistas constituyen la Súper Élite mundial (que mueve a políticos, banqueros, jefes militares, empresarios, comunicadores, etcétera).

En Venezuela se libra una guerra internacional. ¿Quiénes pondrán los muertos, los heridos, los enfermos, los hambrientos, los racionados y los expulsados? Los venezolanos y nadie más.

¿Quiénes aprenderán a controlar a las muchedumbres aterrorizadas, enfermas, famélicas, sujetas a racionamiento y controladas por sofisticados sistemas biométricos? Sionistas, mundialistas y demás cómplices y compañeros de viaje.

Jorge Santa Cruz.
Periodista mexicano.


ESTADOS UNIDOS SE RETIRA DE SIRIA

El 19 de diciembre, el presidente Donald Trump informó por segunda vez en el año 2018, que retirará las tropas norteamericanas de Siria, debido a que el objetivo de derrotar al Estado Islámico ya fue cumplido con holgura por los Estados Unidos. Ciertamente, es verdad lo que Trump dijo sobre la derrota de la organización yihadista intrusiva, empero, su revés esencial ocurrió el año anterior y no justamente por la activación militar de los norteamericanos, sino que fue alcanzada, elementalmente, por la convergencia mancomunada de las fuerzas sirias, rusas, iraníes y libanesas chiítas.

A pesar de ello, la predisposición de Trump  es positiva para la soberanía de Siria, la integridad del gobierno de Bashar Al Assad y para la influencia regional de Rusia, Irán y Turquía. Es realismo geopolítico y es un elemento clave del Proyecto del presidente.

Como era de esperar, naturalmente, la resolución de Trump ha desatado una tormenta en variados estamentos de poder, dentro y fuera de los Estados Unidos, los cuales tienen intereses concretos y conocidos en la guerra contra Siria porque, de efectivizarse lo manifestado, sufrirían un golpe implacable.

Uno de los primeros  efectos es la renuncia del Secretario de Defensa, General James Mattis. El  General de cuatro estrellas, se autoexcluye del gabinete de Trump ya que valoró determinantemente que su tarea de influencia en los planes trumpianos iba a ser irrelevante. Con su salida, no sólo perdió parcialmente el complejo militar-industrial, sino también el sionismo, un aliado de Trump, porque  si bien “Perro Loco” es una herramienta del Pentágono, también es un anti-iraní furioso y proclive al estado de Israel. Hasta John Bolton, un halcón por excelencia, y la cadena Fox, propiedad de Rupert Murdoch, consejero informal y ad honorem de Trump, con la excepción de uno o dos comentaristas que trabajan en ella, no mostraron ninguna felicidad por la idea de Trump.

Siete días después, estando en Irak, el mandatario completó la explicitación de su plan diciendo que las tropas se quedarán en ese país árabe por si las circunstancias futuras exigiesen otra injerencia en Siria. De hecho,  lo que Trump quiso decir es que podrían regresar si la seguridad del estado de Israel peligra, puesto que  el liderazgo sionista es un aliado importante para su duración y consolidación en la jefatura de gobierno de los Estados Unidos. Además, con este último mensaje, les intentó transmitir tranquilidad a sectores del Pentágono y al aludido Murdoch, ya que éste tiene un emprendimiento empresarial en los Altos del Golán que comparte con Jacob Rothschild y Dick Cheney.

Posterior a la declaración de Trump, un cierto número de analistas han proferido su temor de que, a partir de Irak, EE.UU. inicie un ataque militar meticuloso y extendido en el tiempo contra Irán, especialmente por los lazos de su administración con el sionismo, pero, acorde a nuestra perspectiva modesta, creemos que es improbable que ello ocurra en un  tiempo próximo debido a que una conflagración de ese tipo despedazaría la planificación política y económico de Trump, no contaría con el consenso de las élites occidentales y de otros núcleos imperativos, además, la propia entidad estatal israelí sería dañada considerablemente en una guerra de aniquilación total. Irrebatiblemente, Israel es titular de bombas atómicas y de otras armas y dispositivos de seguridad de alta sofisticación, pero en su entorno hay debilidades y fallas, y todavía no están dadas las condiciones para un evento de ese calibre.

En rigor, las manifestaciones trumpianas no produjeron sobresaltos en nosotros tal y como se evidencia en varios textos, en los que ya habíamos hablado de ello, entre los que recordamos el escrito de diciembre de 2016, bajo el título “La globalización, los Estados Unidos y el nacionalismo económico de Trump”,  donde referimos  que tanto el discurso como el programa de gobierno de Trump se basarían “en  la defensa de un nacionalismo económico, en el respeto y la observancia del orden natural; en el abandono del perfil de ‘Estado policial del mundo’ que los Estados Unidos desempeña desde hace un siglo."

De igual modo, traemos a colación,  el artículo “La intensificación de la confrontación israelo-iraní”, fechado en abril de 2018, en el que divulgamos lo siguiente: “Mad Dog” Mattis también se reunió con su colega de Israel, Avigdor Lieberman, quien viajó exclusivamente a Washington para tratar sobre el plan trumpiano de la salida de tropas estadounidenses en Siria. Los estrategas de Israel se oponen a esa medida y procuran congelarle o, en su defecto, agregarle detalles que provean seguridad a Israel. Por ejemplo, trasladar las tropas de Siria a otro país vecino (¿Irak?) y desde allí monitorear y debilitar a la estrategia iraní. Mientras que en Siria, la Administración Trump y el Pentágono tienen que apoyar totalmente el desplazamiento de la llamada OTAN musulmana”. (2)

Siendo así, insistimos en que la transformación del rol de gendarme mundial de los Estados Unidos es un constitutivo neurálgico en la primera fase empírica del enfoque trumpiano, porque algunas piezas configurantes del entorno  del Proyecto priorizan la lucha dentro de los Estados Unidos con la finalidad de asumir fácticamente el control del país frente a la coalición de facciones que están sufriendo fragmentariamente el desmantelamiento de su poder e influencia desde enero de 2017. En consecuencia, al ser muy fuerte el área antagonista de Trump, el presidente y esos grupos que lo sustentan  evaluaron razonablemente la complicación riesgosa de contender, concomitantemente, de la misma forma y en la misma intensidad, tanto en la zona americana como en el resto de los espacios abiertos globales.

De modo que optaron por pelear exigentemente en el escenario de los Estados Unidos, pero sin desconectarse totalmente del mundo, hasta tanto se reestructure el país y sea rescatado de su declive para ascenderlo nuevamente al podio de preeminencia mundial.

Por último, corresponde puntualizar, que ese trazado trumpiano es alentado como respuesta única a los procesos globales imparables que, entre otras singularidades, expresan el desgaste político, económico y moral de EE.UU. y el encumbramiento de los centros de gestión chinos, turcos, iraníes, rusos e indios porque el unipolarismo ha muerto.
Diego Pappalardo

 

Notas:

1-https://www.globalizacion.ca/la-globalizacion-ee-uu-y-el-nacionalismo-economico-de-trump/

2-https://www.geopolitica.ru/es/article/la-intensificacion-de-la-confrontacion-israelo-irani


REBUZNANDO QUE ES... PODEMOS

Nadie se sorprende de que los medios de propaganda yihadista ensalcen los siglos de dominio árabe en Andalucía, y anuncien su deseo de reconquistar ese territorio para el proyecto de califato mundial. Daesh explota un estereotipo muy arraigado en todo el mundo árabe: la noción de que la Andalucía musulmana fue una «época dorada» tanto para el espíritu como para las ciencias universales. El cliché ha hecho fortuna desde hace tiempo en los foros de la izquierda agnóstica occidental. Desde el presidente Obama hasta el influyente semanario The Economist han recurrido al mito de la Andalucía bajo dominio árabe para explicar por qué el Islam fue en el pasado «una religión de paz y de tolerancia» -por la presunta armonía en que vivieron durante siglos musulmanes, judíos y cristianos en España-, frente al oscurantismo y la Inquisición que supuestamente hacían mella en el resto de la península.

Lo más grave, no obstante, de todo este sinsentido histórico, de esta patraña mil veces repetida por los enemigos de España, es la asunción de esas falacias como un credo por parte de una izquierda española tan estúpida como retrógrada e ignorante. Una vez más hemos tenido una muestra de lo que, si no fuera patético sería totalmente hilarante, rebuznan estos tipejos en las palabras pronunciadas en la tribuna del Parlamento Andaluz en la sesión de investidura del nuevo presidente de esta comunidad autónoma. Esta vez ha sido la representante de Adelante Andalucía-Podemos Andalucía, (la creación de la narco-dictadura chavista) Teresa Rodríguez, que al abrir su estúpida boca para intentar dar una lección de historia, no ha hecho más que soltar toda una serie imbecilidades a cual más absurda, que ni ella misma se lo cree; rebuzna que te rebuzna, al intentar poner en solfa nuestra historia a cuenta de los Reyes Católicos o el flamenco, no ha hecho más que demostrar que en las filas de ese mal llamado partido –más bien partida, mitad cómplices de asesinos y delincuentes, mitad ignorantes esféricos- tienen cabida solamente aquellos que han renunciado al entrar en él a lo poco que en ellos quedaba de inteligencia y voluntad de entender.

Por eso, para cumplir con nuestro deber de “enseñar al que no sabe”, nos permitimos hacer aquí referencia a dos libros relativamente recientes, pero que han puesto de relieve que las fuentes históricas que demuestran lo contrario a esas tesis absurdas y malintencionadas, son abrumadoras. La obra editada en inglés por el profesor de la Northwestern University Darío Fernández-Morera (“The Myth of the Andalusian Paradise”) explica por qué los invasores del siglo VIII no fueron representantes de una civilización superior a la visigoda, sino bárbaros en el sentido original del término. El académico español demuestra que la nueva civilización creada por los invasores no fue -como algunos creen- la que preservó la herencia clásica griega, sino Constantinopla. Lejos de ser un ejemplo de tolerancia, los califas andaluces aplicaron casi sin desmayo la Sharía y persiguieron a judíos y cristianos con periódicos progromos. Califas que suelen ser calificados de «ilustrados» como Abderramán I (731-788) o Abderramán III, dos siglos más tarde, cometieron atrocidades tanto en público como en su vida privada.

El islamólogo francés François Jourdan cree que la convivencia entre las tres «religiones del Libro» fue pacífica con Abderramán III, pero sospecha que esa fue la única excepción. En su argumentario para desmitificar la Andalucía tolerante de la España musulmana destacan el martirio de los cristianos de Córdoba que se negaron a ser islamizados (año 850 y siguientes), la matanza de judíos en Granada en 1066, la expulsión de los mozárabes (cristianos arabizados) en 1120, la prohibición de construir iglesias, o el entierro del filósofo y científico Averroes junto a todos sus libros (1198). Jourdan estima además que quienes edificaron la civilización de la España musulmana fueron súbditos de los califatos que en su mayor parte no eran ni árabes ni musulmanes.


CAPITALISMO
El argentino Leonardo Castellani, otro admirable ‘reaccionario’ por asco de la época que le tocó vivir (menos greñuda que la nuestra, sin embargo), escribió diatribas formidables contra el liberalismo, esa “niebla ponzoñosa que ha hecho caer al hombre en cinco idolatrías nefastas: 1) Idolatría de la Ciencia, con la cual el hombre quiso hacer otra torre de Babel que llegase hasta el cielo; 2) Idolatría del Progreso, nuevo Becerro de Oro con el cual creyó que haría en poco tiempo otro Paraíso terrenal; 3) Idolatría de la Carne, a la cual se le pidió el cielo y las delicias del Edén, pero la carne desvestida, exhibida, mimada y adorada ha sido a la postre destrozada y amontonada como estiércol; 4) Idolatría del Placer, con la cual se quiere hacer del mundo un perpetuo carnaval y convertir a los hombres en chiquilines agitados e irresponsables; y –last but not least- 5) Idolatría de la libertad, con la cual se quiere hacer de cada hombre un caprichoso caudillejo. (…) El Liberalismo acabó engendrando la libertad enloquecida del Dinero, que fue lo que a la postre trajo el comunismo en el siglo XX; y también ha engendrado, en estos albores del siglo XXI, la creencia no menos enloquecida en una especie de Reino de la Paz Perpetua y las Delicias Universales, producto de la Ciencia, la Libertad y la Democracia; Reino que, básicamente, consiste –como Castellani profetizó con clarividencia- en que “un grupo de sabios socialistas, bajo la coartada de adoración al Hombre, gobiernen el mundo autocráticamente y con poderes tan extraordinarios que no los soñó Licurgo”. El liberalismo, en fin, es el caldo de cultivo que la derecha aliña, creando las condiciones sociales, económicas y morales óptimas para el triunfo de la izquierda, que es la que mejor ha sabido vender las falsificaciones de la libertad inventadas por el liberalismo. Falsificaciones catastróficas para el hombre, que creyendo “elegir libremente” no hace sino ahondar en su esclavitud.
Juan Manuel de Prada


El MeToo en Argentina

El MeToo neofeminista es un movimiento de operación internacional con diferentes integrantes y velocidades, pero con iguales objetivos, que representan los intereses de la agenda de dominio de los banqueros mundialistas.

El MeToo, en su faz verdadera,  tiene objetivos tácticos como la patologización de la heterosexualidad, el acorralamiento psico-político y el debilitamiento demográfico  de la masculinidad, como así también la exaltación del hembrismo y la sodomía -con todos sus derivados- y, por  consiguiente, la normalización, por imposición de la tecnocracia social, de las condiciones sexuales que tradicionalmente se consideraron contranaturales, para contribuir a las finalidades estratégicas de remodelamiento artificioso de la especie humana y la privación del poder de la libertad individual y la soberanía efectiva de los Estados por la utilización general de los patrones de ideas y modos de vivir que emanan del programa de sometimiento de la maquinaria de la Súper Élite Mundial.

Para obtener ello, el MeTooo es transportado por precisas comunidades de inteligencia, departamentos académicos, Think tanks y medios de comunicación de alcance masivos, disponiendo de mecanismos de turbación de espíritus, distorsión de las mentes y de manipulación para la  movilidad callejera.

En esta ocasión, no entraremos a describir las conexiones largas existentes entre los cenáculos financieros y económicos internacionales con la corriente del hembrismo y con toda la vertiente activista de la ideología de género, las cuales fueron denunciadas y suficientemente probadas, pero sí recordaremos que cabeceras del feminismo como Judith Butler y Gloria Steinem son cuerpos de trabajo de organizaciones híper capitalistas como, por ejemplo, Rockefeller, Ford, Council Atlantic1 y, como no podía ser de otro modo, han concretado operaciones congruentes con el funcionamiento de la CIA. Aún más, Steinem dijo que sintió placer auxiliando a la CIA porque la agencia era “liberal, no violenta y honorable”.2

El MeToo, al ser un fenómeno transnacional no surgido de las bases de las mujeres del mundo, su dirección no tiene un origen local argentino  y, por lo tanto,  es un error circunscribir dicha fuerza a la dinámica de la imagen kirchnerismo-antikirchnerismo o enjaularle en la visión derecha versus izquierda.

El hecho de que la mayoría del colectivo de las actrices denunciantes y cazadoras de lobos masculinos  sean del faccionalismo kirchnerista y/o izquierdista, no tiene que movernos a equivocarnos en su introspección. Efectivamente, ese grupo desempeña -junto a otras energías políticas, académicas y periodísticas- el rol de vehículo para aplicar en el país el MeToo; sin embargo, la animadora estrella del neofeminismo argento  no es ninguna actriz de entendederas milimétricas, pero tampoco es, por cierto, una genialidad consagrada. 

Nos referimos a Sabrina Cartabia, una abogada treintañera, impulsada por organizaciones feministas y destacada como figura por los medios de comunicación de sesgo globalista y de funcionalidad plutocrática tales como The Guardian, The Economist, eldiario.es y la revista Time. Justamente, y no es por casualidad, Time seleccionó a Cartabia como parte de los líderes de una nueva generación mundial que la redacción y los propietarios multimillonarios del magazine, apreciaron como idónea y trascendente para la Tierra. (Para el planeta de ellos, por supuesto, porque para el resto de los mortales…)

A todo esto, en el curso inmediato de la temporalidad argentina, el nuevo embate del movimiento del neofeminismo ayuda al gobierno de Macri porque distrae la atención del país, fractura la perspectiva  de sus habitantes y desplaza a muchos tras una persecución de sus  blancos, cooperando para que la presidencia de Macri tenga oxígeno en un año electoral 2019  y para que se relaje la presión social respecto a la agenda de esquilmación y esclavitud que los Bancos Internacionales, con la complicidad del ocupante de la Casa Rosada,  operan contra el pueblo argentino.

En definitiva, la retroalimentación entre el MeToo y la Administración Macri es natural porque ambos son articulados por las fuerzas financieras mundialistas para acosar y vejar arbitrariamente a toda la Argentina.
Diego Pappalardo

 

 

Notas:

1-https://www.geopolitica.ru/es/article/la-ideologia-de-genero-al-servicio-del-mal-y-del-dinero

2-https://www.chicagotribune.com/news/opinion/commentary/ct-gloria-steinem-cia-20151025-story.html


LA TOMA DE GRANADA
Un año más, grupúsculos que no llegan ni a ínfimos han intentado deslucir la Fiesta de la toma de Granada. Cada 2 de enero ya sabemos que los árboles están pelados, que las temperaturas descienden y que las cigüeñas aún no han vuelto. Y desde hace unos cuantos además, contamos con una manada insustancial de bobalicones, mezcla de analfabetos, resentidos y algún pseudointelectual con afán de protagonismo, que publican rechiflas, berrean un rato en la granadina Plaza del Carmen y exhiben su odio al país que les da de comer. Paradójicamente, no hay precisamente muchos moros entre ellos. Una de dos: o son más listos o piensan que no necesitan dar la cara habiendo majaderos útiles que les hagan el trabajo sucio.
Como es sabido, el  2 de enero se conmemora la Toma de Granada por parte de los Reyes Católicos. Un acontecimiento que con justicia, concitó una gran oleada de adhesión y admiración hacia España en la Europa de la época, no solo por completar así Castilla su unidad territorial, eliminando del continente europeo el último vestigio de pode musulmán (ese que deberían disfrutar al menos una temporada quienes van a mugir cual reata de borregos contra la Toma), sino porque esta acción militar, largamente gestada durante casi ocho siglos, venía a responder de forma contundente a la conquista de Constantinopla por los turcos otomanos en 1453, que habían acabado con el Imperio Bizantino, con el cristianismo en Asia Menor y con la cultura griega  viva que aún subsistía en aquellas latitudes. Porque no nos engañemos, a pesar de la maravillosa y bucólica estampa que nos quieren vender los tarambanas, botarates y zascandiles de turno, militantes de la progresía pija, el Islam vaya donde vaya, acaba arrasando con todo. Destruyendo todo.
Nada de esto saben –ni les importa- los pordioseros morales que año tras año, provocan broncas el 2 de enero. Trifulcas a su medida: con ningún riesgo e impunidad total, dado el apocamiento (o cobardía o connivencia: a saber) con que las autoridades locales vienen respondiendo a esto cabestros gamberretes, que son el vivo ejemplo del analfabetismo de buena parte de la sociedad española actual.
Con el pretexto de la libertad de expresión y manifestación  (no autorizada, por supuesto), cada mes de enero ensucian una fiesta cívica cuyo delito consiste en no someterse a la moda pijo-progre del momento: tras una ceremonia en la Capilla de los Reyes, se ondea el Pendón de Castilla, se gritan los nombres de los Reyes Católicos, toca la banda y desfila una pequeña fuerza armada. Y a continuación, todo el mundo a picar tapas, vino de la tierra o de donde sea y a pensar en otra cosa, pero reconociéndose participes de una historia y una identidad comunes.
Una desmesura “fascista”, por supuesto. Y es que todo lo que estos retrasados mentales no saben o no entienden –casi todo- lo tildan de “fascista” y así justifican sus astracanadas, su vulgaridad, su estupidez.
Y un pecado de leso progresismo.
Este años las folclóricas, dos docenas de independentistas andaluces (que se merecen, ellos sí, una independencia verdadera y comerse los déficits que el resto de españoles les estamos pagando, como a catalanes y vascos), más los dos “arabistas” que les escriben las vomitivas monsergas a modo de sesudos manifiestos –a ver si así salen en los papeles y en los telediarios-, han sido rebautizadas por la pereza habitual de nuestro periodismo como indignados con la “casta fascista” que domina la política. Y es que ser “indignado”, sigue molando cantidad y les inviste de un halo de superioridad que por la fuerza de la verdad, la justicia y la razón, jamás tendrían pues su destino más probable sería el basurero de la historia.
¿Galgos o podencos? Es igual: ignoran adrede o simplemente ignora. Porque en esencia, de eso se trata: de ser un ignorante para así poderse inventar la historia de modo que justifique sus carencias de todo tipo y condición. Desconocen estos perroflautas, que gracias a la Toma de Granada por parte de los Reyes Católicos, tanto la ciudad y su gente están incorporadas a la Hispanidad y a la Civilización Occidental, que no es cualquier cosa. Otro asunto es el uso que algunos han venido haciendo de ello. Granada no perteneció a Andalucía hasta 1833, con la división provincial de Javier de burgos y sobre todo, que el atraso económico, político y social de la región no hay que buscarlo en remotos reyes sino en cercanos caciques. Caciques de la derecha en otro tiempo, cuyos herederos directos son los “minga fría” del PP, como derechona rancia, caduca, seria, clasista, clerical, gansteril de los delincuentes habituales. Y actualmente, esos caciques han tornado las “pintas” y se han vuelto émulos del “iluminado” vendedor de humo y miseria, que el Pablo Iglesias y su fantasmada política PODEMOS, que nos retrotrae a los más oscuros e infames tiempos de la dictadura criminal estalinista y sobre todo, son émulos del PSOE, cuya idea de Andalucía es la un vulgar cortijo regentado al más puro estilo “serrano”. Pero cuyo resultado no es la exquisitez de esa rica vianda, que es el jamón. El resultado serrano de estos nuevos crápulas es muy diferente y tiene muchas más similitudes con la muy serrana y muy andaluza época de los Siete Niños de Écija, de José María el Tempranillo, José Ulloa el Tragabuches y demás bandoleros y merodeadores de Sierra Morena, criminales, ladrones y asaltadores de diligencias.
Y a estas alturas, todos sabemos lo que harían en un país árabe con un grupo de disidentes como esos cabestros que intentaron el boicot de la Fiesta de la toma, que tuvieran la bufonada de entorpecer un fiesta bien, bien patriótica.
Porque las cachupinadas chovinistas sí se les dan de maravilla.


SOSTIENE MONTESQUIEU
A la gente religiosa, en una época tan racionalista como la nuestra, se la mira con condescendencia, cuando no con desprecio; pues la credulidad suele considerarse un signo de debilidad mental. Pero mucha más credulidad, infinita más, requiere el demócrata que el creyente. Pues la fe religiosa consiste en creer en lo que no vimos y, por lo tanto, no sabemos a ciencia cierta si existe; mientras que la fe democrática consiste en creer en aquello que sabemos a ciencia cierta que no existe. Es cierto que nadie ha visto a la santísima Trinidad;  pero todavía no he conocido a nadie capaz de probar su inexistencia. En cambio, tenemos multitud de pruebas (algunas apabullantes) de que no existe la separación de poderes; y, sin embargo, la gente sigue creyendo de forma absurda e irrisoria en esta notoria falsedad. El demócrata constata, por ejemplo, que la elección de los miembros del Consejo General del Poder Judicial es un chanchullo sórdido, un burdo apaño entre oligarquías políticas; y, sin embargo, sigue creyendo sin inmutarse en la separación poderes.
La soberbia propia de nuestra época también desdeña al creyente porque entiende misteriosamente que es una persona poco leída. Pero lo cierto es que algunos creyentes hemos leído miles de libros; y el que menos ha leído al menos está familiarizado con los pasajes d bíblicos de los que se nutre su fe. En cambio, la fe democrática, en muchos de sus más acérrimos propagandistas, suele ser orgullosamente analfabeta. Es dificilísimo encontrar a un creyente en la santísima Trinidad que no haya leído siquiera los Evangelios (o que, al menos, no le hayan leído los Evangelios desde el púlpito); en cambio, la mayoría de los creyentes en la separación de poderes no han leído jamás El espíritu de las leyes de Montesquieu, que es el libro que supuestamente consagra este principio. Político. Pues si lo hubiesen leído, habrían descubierto que a Montesquieu no le interesa tanto separar como limitar el poder, conseguir que el poder contenga (o detenga) el poder, que es exactamente lo que cada vez ocurre cada vez menos en las democracias actuales. Donde, por ejemplo, el ejecutivo puede sacudirse la contención del legislativo, legislando por decreto; o donde el legislativo puede escaque4arse del control judicial mediante el aforamiento y la inmunidad parlamentaria.
La gran preocupación de Montesquieu no es, en realidad, la separación de poderes, sino el abuso del poder, el despotismo, que no identificaba –como hace el analfabeto contemporáneo- con la dictadura, sino con la corrupción de cualquier clase de gobierno: “La monarquía –escribe Montesquieu- degenera en el despotismo de uno sólo; la aristocracia, en el despotismo de varios; la democracia en el despotismo del pueblo”. Lo cierto es que Montesquieu se muestra, en general, más partidario de la monarquía que de la democracia, por la sencilla razón de que la considera la forma de gobierno que, pese a las apariencias, admite más contrapresos (tal vez porque está imbuida de piedad religiosa): “Como el mar, que parece cubrir toda la tierra, es detenido por los matorrales y por los menores arenales que se hallan en la ribera –escribe en otro pasaje de El espíritu de las leyes-, así las monarquías, en las que el poder parece sin límites, se detienen ante los más pequeños obstáculos y someten su fiereza natural a la petición y la plegaria". Y, desde luego, Monteaquieu no encuentra forma de despotismo más feroz que la democrática, a la que se llega “no solamente cuando se pierde le espíritu de igualdad, sino también cuando se adquiere el de igualdad absoluta, y todos apetecen ser iguales". Y señalaba que esta apetencia de igualdad  absoluta es favorecida por las oligarquías corruptas, que “buscan cómo corromper al pueblo para ocultar su propia corrupción convierten el libertinaje en “ídolo de todos” y “lisonjean incesantemente la avaricia para que no se aperciba la de ellos”.
Esta democracia donde rige el espíritu de igualdad absoluta –donde la opinión del ignaro vale lo mismos que la del sabio- era, a juicio de Montesquieu, la forma más peligrosa de despotismo. En ella los controles al poder se hacen imposible, ya que nadie reconoce autoridad a nadie; y allá donde no se reconoce ninguna autoridad es donde los déspotas pueden actuar más discrecional y arbitrariamente, más impunemente también. Por ejemplo, quitando y poniendo jueces chanchulleramente, mediante cambalaches entre las oligarquías. Y el pueblo corrompido, en lugar de rebelarse contra el despotismo, lo aceptará como si tal cosa, afirmando además que hay separación de poderes, como en la fábula del rey desnudo.
Juan Manuel de Prada / XL Semanal


UNA JUVENTUD CULTA, LIBRE Y EN COLOR
La numerosa tribu de sociólogos que solo ejercen en Twitter y en las tertulias, cuyas teorías caben siempre en 140 caracteres, logró imponer entre la generación de jóvenes, maduros y viejos mejor formada de la historia esa solemne majadería de que hubo una cultura en blanco y negro, que coincidió con el cine de Bergman, el existencialismo y el Mayo del 68, y con una dictadura en la que todos éramos rudos y analfabetos; y una cultura en color, que coincide con la importación masiva de televisores y cámaras coreanas, y con la universalización de selfis y vídeos en las que todas las parvadas, las borracheras y los excesos de velocidad se transmiten -¡en tiempo real!- y a todo color.
De acuerdo con esta teoría, las películas de Torrente, por ejemplo, son mejores que ViridianaCalle Mayor o El verdugo; los raperos obsesos y blasfemos superan a Paco Ibáñez y a Los Brincos; la Tomatina de Buñol es más culta que la Semana Santa sevillana; y Cine de barrio supera al añorado Estudio 1, que, manejado a capricho por la dictadura, aún programaba el Don Juan Tenorio, por Difuntos, en vez de exhibir a niños, vestidos como adefesios, en la horterada del Halloween.
Merced a esta estupidez mediática, los viejos como yo estamos convencidos de que tuvimos una juventud triste y sombría, en la que no había Beatles ni Rolling Stones, ni modistos como Balenciaga o Versace; no íbamos a la Universidad, ni a los museos, ni a los conciertos del Teatro Real; y no sabíamos ni bailar ni cantar el rocanrol como Dios manda.
Y así salimos -a base de procesiones, represión sexual, tocino y Cara al sol- todos tarados, reprimidos y obsoletos.
Hechos al negro, y ajenos al color, la gente de mi generación no tuvimos cultura suficiente como para insultar a la Virgen por Navidad; hacer botellones hasta colapsar las urgencias; reunirnos en manadas para acosar y violar mujeres; y medir el éxito de las fiestas tipo San Fermín -que es lo que se lleva ahora- por las toneladas de basura que dejamos en las calles.
No sabíamos vivir la fiesta más allá de las tres de la madrugada, ni teníamos el coraje necesario para pintarrajear todos los edificios con los logos de nuestras tribus urbanas. Porque todo esto necesita color, cultura, y libertad.
La culminación de esta cultura del color debió de ser, imagino, pintarle bigotes azules a un pobre santo, de mármol inmaculado, de la fachada catedralicia de Platerías, que, respetado durante nueve siglos por todas las generaciones, tuvo que esperar a la cultura del color ejercida por la generación mejor formada y más libre de la historia, para lucir un poco de azul sobre los grises medievales. Porque nuestra juventud se rodó en blanco y negro, y fuimos tan cobardes que nunca nos atrevimos a pintarrajear catedrales, ni a mear contra los muros románicos, ni a profanar la religión popular, ni a confundir la provocación con la belleza. Éramos incultos, obviamente, y nunca sentimos la plena libertad. ¡Unos desgraciados, vamos!
Xosé Luis Barreiro Rivas

La Voz de Galicia

EL CO2 ES BENEFICIOSO
Un reciente estudio publicado en “Nature Climate Change”, en el que han participado investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha revelado que la Tierra tiene ahora más superficie verde que hace tres décadas. El trabajo asegura que la cantidad de biomasa verde ha aumentado de manera significativa en el 40% de las regiones del planeta desde 1982 a 2015, mientras que sólo en un 4% de los territorios se ha apreciado una pérdida significativa de vegetación.
Hace más de dos décadas, el geógrafo donostiarra Antón Uriarte Cantolla, especializado en el estudio del clima, doctor en Geografía por la Universidad de Zaragoza y FRMetS (Fellow Royal Meteorological Society), ya había asegurado en repetidas ocasiones que esta progresiva expansión de la mancha verde se estaba produciendo en todo el planeta. Autor de trabajos referenciales en este ámbito como 
“Historia del clima de la Tierra”“Ozono, la catástrofe que no llega”, Uriarte es un científico que mantiene posiciones escépticas respecto al cambio climático y que cuestiona permanente la influencia del hombre sobre el clima.“La vegetación en la Tierra ha aumentado, pero esto no es una novedad. Hay estudios similares desde hace 20 años. La ignorancia general sobre este tema es tremenda. Las plantas, para su desarrollo, necesitan CO2 y agua, y energía solar para hacer la síntesis de los dos primeros elementos. Esto se debería aprender en la escuela. Al haber más CO2 en la atmósfera se incrementa el crecimiento de las plantas. En los invernaderos, generalmente, se introduce CO2 para que haya un mejor crecimiento de las plantas. Esto ocurre, además, tanto con la vegetación terrestre como con las plantas marinas. En los acuarios se introduce C02 para que crezcan más las algas. Desde hace décadas se sabe que el CO2 que se vierte en la atmósfera por la transformación de combustibles fósiles es siempre la mitad de la que realmente se ha emitido y esto es así porque la otra mitad ha sido absorbido por la vegetación, tanto continental como marina”.

Pero el exceso de CO2 también tiene sus peligros…

- Tenemos que partir de una premisa básica: desde hace muchísimo tiempo se ha inculcado a la población la idea de que el CO2 es tóxico y de que es el gran contaminante de las ciudades. Esto es un absoluto disparate. Cada uno de nosotros, al respirar, emitimos más de un kilogramo de CO2. Lo que ocurre es que cada vez que se habla del CO2 se muestra una chimenea expulsando grandes cantidades de humo queriendo hacer creer que es el gran elemento contaminante que nos rodea. Es pura propaganda.

¿Y es el responsable de lo que algunos definen como el ‘calentamiento global’?

- Sí es cierto que el CO2 puede producir un pequeño calentamiento, pero esto no quiere decir que éste sea negativo o que tenga un carácter tóxico o contaminante. Si no hubiese nada de CO2 en la atmósfera, la Tierra sería mucho más fría, alrededor de 20 o 30 grados más fría. Pero lo que es algo totalmente falso es que el CO2 sea perjudicial. Más bien al contrario, el CO2 es muy beneficioso para la Tierra. Los estudios sobre paleoclimatología o geología demuestran claramente que en las épocas del pasado en las que se concentraba más CO2 en la atmósfera había más vegetación. En el Jurásico, por ejemplo, la vegetación, y los dinosaurios que vivían en aquel tiempo, se extendían por todo el planeta y llegaban prácticamente hasta los polos. Entonces había entre cinco y diez veces más de CO2 en la atmósfera que el que hay ahora. Es ridículo pensar que el carbono es malo, cuando es, junto con el oxígeno, el elemento primordial de la vida. Es una de las mentiras más grandes que la propaganda ha conseguido imponer a lo largo de los últimos años. De hecho, el color verde de las plantas, que tanto se utiliza simbólicamente por quienes atacan las emisiones de CO2, es producido por el… CO2. La Tierra es menos marrón y más verde gracias al CO2.

¿Ha subido la temperatura media global?

- En relación al tema del cambio climático y de la protección del medio ambiente, se miente mucho. La subida de la temperatura media mundial es muy pequeña, es mínima. La elevación  media del mar, también es pequeñísima. Y, desde luego, tampoco es cierto que actualmente haya más catástrofes climatológicas (huracanes, lluvias torrenciales, terremotos…) que en el pasado. Si miramos con detenimiento las estadísticas de las que disponemos, los fenómenos extremos asociados al clima no han aumentado en ningún caso. Para nada. Todo es un cuento.
Explica Antón Uriarte que, desde un punto de vista político, las cosas, por ejemplo, ya están cambiando mucho en Estados Unidos, “donde la mayor parte de los candidatos republicanos son escépticos del cambio climático, no solamente Donald Trump, sino también Ted Cruz, que entre ellos es quien más sabe de estos temas. En Europa no ocurre igual porque los ecologistas mandan y la izquierda es mucho más fuerte, y parece que ésta, cuando se quedó sin otro tipo de banderas, se sumó, entre otras cosas, al carro del medioambientalismo”.
Antón Uriarte critica la energía nuclear por su peligrosidad y cuestiona también las energías renovables por ser antieconómicas,  por su elevado impacto ambiental y por su impredecibilidad. “El carbón es barato y abundante. Y no contamina”.
Antón Uriarte,
para LTPV


                               

                      

                 

 

                                                      
A página principal

Círculo Nuevo Criterio - Milenio Azul
Apartado de Correos 47  -  15080 La Coruña, España
milenioazul2000@yahoo.es